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sábado, 30 de julio de 2011

El sueño de una noche de verano

Tienen algo los cascos históricos más allá de los valorados precios del urbanismo que acogen y las prestaciones y servicios a los que están llamados a responder. Presentan algo que a los ojos de los ciudadanos de una evidente falta de sensibilidad se oculta. Implícito en sus nombres, en ese apellido procurado y quizás altisonante, guardan su verdadero ser y sentir. 

Nadie mejor que el que se despierte al arrullo de las piedras de un conjunto patrimonial, al sonido de las campanas pretéritas de una vieja Iglesia, o frente a la obra consumada del hombre para entenderme. Y tal vez, nadie que no sea vecino del centro del centro de sus ciudades para entenderme. 

Está Motril dormido. Pero hace horas, tantas como la caída de la última luz del día que todo el perímetro de la ciudad de murallas adentro ( que es lo mismo que decir que el mismo centro neurálgico del pasado) lleva tiempo en silencio. En uno de esos casi inquebrantables silencios que asustan. El marco es idílico. Me tienta con su verticalidad aplastante el torreón colegial. Los años, que son como la factura, la deuda impagable de la piedra, hacen mella en sus paramentos. Huele a la lejanía a ese galán de noche de los jardines de poniente del edificio. Y sigo pensando que un día habría que hacer el esfuerzo y dejarse de dar medallas de oro inválidas de sentimiento a personajes y personalidades y concedérselo a ese patrimonio tocable pero intangible que es el arbusto oloroso de los jardines de la Mayor.

Mi balcón lleva jornadas siendo reclamo de amigos, familia y personas de las que dejan huella en uno. Cada butaca es un medicamento hipnótico. Y el continuo ir y venir de esa brisa fresca, descarada y casi marina que azota inmisericorde la placeta aledaña, un alivio y un medicamento impagable y apetecible. 

No faltan los caldos ni los espirituosos, que es la manera ñoña y bien de decir que las tertulias no suelen bajar de las tres de la mañana; y en buena compañía. Puede ser una visita de un primo que representa el gracejo más inmutable, mientras sorbo a sorbo, el café es la excusa para repasar el mundo del perro. O ese otro que lo fue, es y será y que desde Uruguay firma la diversión y el mejor sentido del humor. Ni que decir tiene que la terraza de este casco histórico no sería tal sin el primo de los primos, y queda dicho el resto; o sin ese tío que puede ocultar un "miarma" para colarlo sin querer; o de ese hermano, amigo y cura que estira sus muchos centímetros de altura con su bondad innata...

Y lo será más, y me sabré en verano, cuando reciba con las mismas ilusiones y novedades de cada día si unos vecinos cumplen puntuales con el obligado momento de "bajar". Y habrá noches que puedan ser más mágicas que otras, y de eso he sabido no ha mucho. Y entonces se saltará en la conversación de la manera de mandar un paso, al estreno de una Hermandad. O de la literatura francesa al cine de oro americano. O de un "melillero" a la clase política. 

Da igual; hay un influjo excesible en el entorno. Porque la quietud, el silencio roto con el bisbiseo de la tertulia, la benignidad del clima y la hipnosis rítmica de cada mecedora, responderán al marco que nos acoja. Y saberse en el espacio urbano donde nació Motril, hace más de mil años, mirando las piedras que vieron los ciudadanos de hace 500 años o imaginando que estás en el escenario de las lágrimas y derrotas y las victorias y los sueños de decenas y decenas de generaciones precedentes, obliga y estimula a la conversación y el disfrute del tiempo. 

Los cascos históricos son mucho más que los depositarios del más pretendido comercio, del trasiego infernal de las mañanas y de la especulación de propietarios y propios del mundo empresarial. Son lugares donde aún hay lugar para sentirse en paz con uno mismo y leer, si se tiene el ojo educado para ello, la vida de miles de personas que legaron el espacio perfecto para vivir, cada día, "el sueño de una noche de verano"

3 comentarios:

Jesús Ortiz dijo...

Hazme un hueco por ahí. Que yo pongo los hojaldres...

mela dijo...

Voy ^pa bajo^....jajjajaa...........saca el ron.

J. Carlos Medina dijo...

Cuando el tiempo ejecute embargos sobre mi memoria podré gritarle, ya desahuciado pero con el orgullo de los tercios de Flandes, que nada ni nadie podrá arrebatarme estos sueños de una noche de verano.