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viernes, 8 de julio de 2011

Brujas

Su nombre le viene dado por el flamenco; es decir, su traducción sería “puentes” (que yo también me pregunté para qué ir a la ciudad de las brujas con la pila que hay en Granada… ¿La siguiente cuál es, zorras?) Y retomando la seriedad, es una ciudad que recibió en el siglo XVI la emigración de alemanes e italianos. De los primeros conserva su orden, pulcritud, excelencia urbanística… De los segundo el porte elegante de su arte. Pero su esplendor es debido al gran canal navegable del siglo XVI obra española que salvaba la distancia entre la ciudad y el mar (doce kilómetros) e hizo de Brujas una población comercial, industrial y dinámica. Y para los lectores cofrades, es de Brujas el encaje famoso belga, a pesar del renombre de Bruselas, que lo que hace es comercializar y poner nombre al que le llega desde otros puntos flamencos, aunque sean los talleres del siglo XVI al XIX de Brujas los verdaderos artífices de la calidad encajera. 

Como en tantas otras ciudades centroeuropeas, Brujas también es la “Venecia de…” Una manía de comparar con la sublime “serenísima a Praga, Ámsterdam, Salzburgo, y otras ciudades americanas… Pues nada, de nuevo escucho lo de Venecia del norte y he de darle la razón a mi amigo Luís: es una ciudad de cuento, una fuente de inspiración para los parques Disney y los cortos animados bucólicos de la edad de oro de la compañía. El gótico y las fachadas escalonadas rotas por agujas se mezclan con canales y con un sosiego ciudadano inusual en una ciudad de esta extensión, ciertamente no muy grande, pero de 120.000 habitantes.

En la Plaza mayor se encuentran el Campanario (Belfort) y el Mercado Cubierto ejecutados entre 1240, reedificados tras el incendio de 1280 en torno a 1483 y 1487 y así progresivamente, hasta que el campanario del burgo alcanzara su actual altura de 83 metros. El mercado estaba destinado a la lana y paño y el campanario fue el centro administrativo y la torre vigía para protección de la ciudad contra los incendios, haciendo sonar la campana en señal de alarma ante el mínimo indicio de fuego.

En la Plaza del Burgo estuvo el poder social de la ciudad, con la fortaleza que ya existía en el siglo IX, la Basílica de la Santa Sangre o el Ayuntamiento; precisamente es un ejemplo soberbio del gótico florido, construido entre 1376 hasta 1421, pero lo que sorprende son sus dimensiones, en nada acordes con la extensión de la ciudad y que vienen a decir la importancia que alcanzó Brujas y especialmente su poder económico ya en el siglo XIV. 

Brujas está dominada por las puertas de sus murallas, que desde el año 1127 siguen dando ese aire fantástico a la ciudad, y por las Casas de Caridad, diseminadas por todo el complejo urbano y caracterizadas por su escueto tamaño, sus fachadas encaladas y erigidas en torno a un patio. Fueron construidas por gremios y burgueses ricos durante el siglo XIV para hospedar a sus miembros viejos o enfermos, principalmente por motivos caritativos, pero además con el objetivo de salvar sus almas. Cada conjunto de casas tenía su propia capilla para que los habitantes pudieran agradecer al bienhechor, asistiendo a rezar cada día. Con la construcción de esas casas las familias ricas querían además ganar prestigio, poniendo su nombre en la fachada de las casas.

De los monumentos religiosos descuella el Beguinaje, un convento para beguinas, que sin ser monjas se reunían en beaterios. Existen en Holanda y Austria también. El Beguinaje consta de una iglesia gótica y unas treinta casas blanqueadas alrededor de un jardín y que habitan hoy las benedictinas. 

Pero el referente religioso del patrimonio de Brujas es la Iglesia de Nuestra Señora, que domina a través de un campanario de 122,3 metros de altura y que se convierte en segundo edificio de ladrillo más alto del mundo. Del gótico propio del siglo XIII, tiene torres-escaleras (curiosas) y en el interior, nada más impactante que encontrarse con una pintura de la Madonna y el Niño, obra de Miguel Ángel. Sorprende el coro, con los escudos de los integrantes de la Orden del Toisón de Oro, nacido en Flandes, y que desde 1516 es propiedad de la Corona española y su Maestre Mayor el Rey de España.  También encontramos los mausoleos de los abuelos de Carlos I de España.

Me sigue sorprendiendo que una Iglesia sea más atractiva que la propia Catedral, dedicada al Salvador, que a pesar de remontarse al siglo IX (aunque no quede nada de ello), su carta fundacional hay que situarla tras el último gran incendio que la devastó en 1358, cuando alcanza sus cinco naves, crucero y coro. De las luchas de religiones queda la fecha de 1798, cuando los habitantes de la ciudad expulsaron al obispo y quemaron la Catedral que no era esta, sino la de San Donato. Será con la independencia, tras 1834 cuando el Salvador se convierta en Catedral, se le añada la torre neorrománica y se trasladen a ella las piezas muebles y litúrgicas de la antigua Catedral. 

Y al fin, los canales; hasta el punto que en una confluencia se ha pasado a llamar al lago formado como “el del amor”. Brujas, que tiene su casco histórico declarado patrimonio mundial por la UNESCO en el año 2000, se identifica por su arquitectura gótica, su pintoresquismo constructivo, su aire melancólico, casi de cuento romántico centroeuropeo y porque puede resumir siete siglos de arte en plazas como las del Burgo, Mayor o del Mercado.

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