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miércoles, 15 de junio de 2011

Razas en España

Sábado 11 de junio, es decir, hace 4 días escasos. El Granada Club de Fútbol da un paso de gigante para volver a una categoría apropiada a la ciudad y a la afición. He llegado de dar un pregón y a través de la radio sigo la prórroga y los penaltis que terminan por darle la victoria al equipo de mis mayores. A renglón seguido, empiezo a leer las noticias en diarios deportivos hasta que me topo con la indignación de los vigueses toda vez que el Celta ha sido apeado de la lucha por el ascenso… Uno de los comentaristas, en el Diario As, aprovecha el caldeado ambiente (lastimoso, por cierto), para decirnos a los granadinos “marroquíes”. Esto hace que recupere una idea en la que llevo meses trabajando, tanto en la recopilación de datos como en los argumentos (por supuesto cabales y avalados) que demuestran que los 781 años que pasaron los musulmanes en Granada, por ejemplo, no obliga imperativamente a pensar que buena parte de la sangre de muchos de los ciudadanos de esta zona tengamos sangre árabe (norteafricana o como quieran llamarla).

¡Cuántas veces he oído discursos parecidos! Las relaciones entre los pueblos que coexistieron en la Península Ibérica durante la época medieval, por mucho que algunos quieran avalarla como “idílica”, fue de todo menos eso. No existió convivencia, no hubo relaciones carnales evidentes y la obsesión por la limpieza de sangre entre los cristianos, fue imparable. A lo largo de esta entrada y la que le seguirá, intento demostrar con datos, estudios científicos y hechos históricos que a pesar de todo lo que nos ha quedado en los campos de la cultura, lengua, manifestaciones sociales y patrimonio, en lo racial queda claro que no. Y antes de nada, lo primero que quiero es advertir a quien deba que esta entrada en La Alacena, está fuera de toda controversia racista, xenófoba o radical. Me preocupa bien poco tener sangre musulmana en mis venas o no, pero al albur de los datos, lo que sí tengo claro es que las afirmaciones extendidas (y por lo que se ve en el Norte suelen ser muy comunes) acerca de la huella genética africana entre andaluces, habitantes del sur de la Península Ibérica y/o granadinos, es una falacia. 

En el año 2000, un estudio realizado por 8 investigadores pertenecientes a la Unidad de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universitad Pompeu Fabra,  del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Helsinki (Finlandia), del Centro Nacional de Transfusión Sanguínea de Rabat (Marruecos), de la Facultad de Farmacia de Monastir (Túnez), del Instituto de Genética Humana de la Universidad de Montepellier (Francia), del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), y de los Departamentos de Patología, Biometría y Genética, Bioquímica y Biología Molecular, Centro para el tratamiento del Cáncer Stanley S. Scott, Centro de Neurociencia, Centro de Ciencias de la Salud, Universidad Estatal de Louisiana (Estados Unidos) examinan a 676 personas de España y del Norte de África. En concreto, 96 vascos, 60 catalanes, 67 andaluces, 111 rifeños (norte de Marruecos), 49 del Atlas (sur de Marruecos), 48 saharauis, 48 tunecinos y 47 argelinos. 

Como han visto (universidades españolas, tunecinas, finlandesas, alemanas, francesas, estadounidenses…) el prestigio y solvencia del estudio está fuera de toda duda. Además, la implicación en el mismo de universidades procedentes de países tan distintos entre sí avalan la imparcialidad del resultado, ya de por sí poco dado a ponerse en cuestión habida cuenta de las instituciones que lo respaldaban y el interés puramente científico que había en este. 

No les aburro con los datos, que en todo caso, para el que los quiera contrastar (si es que sabe de esto) puede hacerlo pinchando aquí , pero tan pretendido estudio, llega a la siguiente conclusión: 

Las muestras ibéricas se agruparon junto con el resto de las poblaciones europeas, y no hubo ramificaciones robustas entre ellas, lo que sugiere una alta homogeneidad dentro de las poblaciones europeas. Analizadas las muestras genéticas de los habitantes de la Península Ibérica, estos tienen una afinidad superior al 96 % con franceses, bretones o suizos, distinguiéndose de los norteafricanos genéticamente hablando. Llegan a la conclusión que aunque es indiscutible la presencia cultural árabe en España, el impacto demográfico de los norteafricanos fue limitado. Continúan diciendo que a pesar de los ocho siglos que en el sur peninsular estuvieron los musulmanes, la diferencia genética entre los habitantes del sur peninsular y los del norte, es inapreciable, y sin embargo, los habitantes ibéricos en relación con los del norte de África, si ofrecen una diferencia genética clara. Y lo más curioso: dicen que el Estrecho de Gibraltar pasa por ser la mayor barrera genética del Planeta. 

Sólo hay que echar una rápida ojeada a episodios de la historia ibérica para entender que las continuas obsesiones de los distintos pueblos sobre la impureza racial (y otras connotaciones que hoy tildaríamos razonablemente de racistas) preserva a unos pueblos de otros de las aportaciones genéticas propias. O dicho de otro modo: los godos sólo se casaban entre ellos, excluyendo al pueblo hispanorromano que quedó en franca minoría poblacional. Los musulmanes, que en un principio abogaron por una tolerancia, al siglo y medio de presencia tornó rápido en una dilatada historia de persecuciones y guerras que de continuo se mantuvieron, mandando al traste las teorías “buenistas” de último cuño que aseguran que las tres culturas convivieron pacíficamente. A esto, habría que señalar muchas etapas de nuestra historia medieval, pero señalaré sólo ciertos episodios: en España es donde nace el concepto de “gueto para los judíos”, siendo perseguidos ya por los godos en el año 694 bajo mandato del Rey Egica. Pero en el añ0 1013 son los hijos del Califato de Córdoba (musulmanes) los que provocan una matanza de judíos sin precedentes; en el año 1020 el Concilio de León los recluye y prohíbe trato con los mismos, en 1035 son masacrados del Reino de Navarra tras la muerte de Sancho III y en el año 1066 son los musulmanes de Granada (los ziríes) los que asesinan a casi toda la población judía. 

Si quieren que siga contándoles cómo convivían tan pacíficamente (algo que nos venden desde las posturas progresistas con ineludibles errores y faltas a la verdad), les puedo aportar más datos: En el año 1085 los judíos emigran masivamente desde al-Andalus a Castilla (¿por qué sería? Sólo recuerdo que ya estaban llegando a la península los muy intolerantes y violentos almorávides). Quizás lo más curioso es que los judíos ortodoxos empiezan a combatir y asesinar a los judíos caraitas, como eran conocidos aquellos que procedían de al-Andalus y se asentaron en Castilla. En 1109 arden decenas de juderías castellanas, coincidiendo con la muerte del rey Alfonso VI. En el año 1148 los almohades invaden Lucena y acaban con los judíos de la ciudad. En esta ocasión, musulmanes contra judíos (ciertamente lo habían hecho en otras ocasiones), mientras que antes hemos visto que judíos contra judíos y cristianos contra judíos eran tónica habitual, y todo ello sin mencionar el odio irreconciliable de cristianos contra musulmanes… ¿CONVIVENCIA DE CULTURAS? El indocumentado (Fenoll dixit) que se atreva todavía a sostener esto, debería hacer un curso de 1.000 horas de formación general
Aún no he acabado de contarles según qué episodios: como el de 1162 en Granada, cuando los judíos y los musulmanes que vivían en la ciudad, se levantan en contra de los almohades, recién llegados, (no olviden que no dejan de ser musulmanes) y son aplastados cruentamente por los nuevos gobernadores de al-Andalus. Entra ahora en escena un episodio que todavía no habíamos tenido en cuenta, aunque no era nuevo: musulmanes contra musulmanes. Y digo que no era nuevo, porque a la caída del Califato, las luchas entre los creyentes islámicos fueron contumaces, y las muertes de hermanos por hermanos, darían lugar al conocido universo de los “reinos de taifas”.

En el año 1180, los cristianos de Toledo matan a cuantos judíos de la ciudad pueden, en represalia por la ayuda que estos prestaron a los musulmanes en la batalla de Alarcos que supuso una derrota cristiana. Y diez años después, en 1190, el Foro de Cuenca obliga de manera taxativa a separarse domésticamente a ambos pueblos. He aquí la carta institucional del Gueto. Algo que tristemente sería muy usual entre los nazis, pero 845 años después. Así las cosas, el rey castellano (Alfonso VIII) y el aragonés (Pedro II) mandan quemar la judería de León y someten a los judíos del reino a esclavitud. Es el año 1196, y seguimos acumulando datos sobre la intolerancia del pueblo hispano frente a otros pueblos. Y lo siguen demostrando hechos como estos: en 1215 el Concilio de Letrán obliga a que los judíos lleven signos distintivos para no ser confundidos con cristianos (lo que a la postre significará la absoluta distancia entre pueblos) y ello me recuerda a las vergonzosas estrellas que mandaban los nazis llevar a los judíos a manera de brazaletes. 

A esta norma con la que el Papa obligó a todos los estados católicos europeos, se opuso Castilla a través de su rey Fernando III. ¡Todo hay que decirlo! Pero también hay que seguir narrando episodios como el asalto a la judería de Gerona en 1228, las de León de 1230 y ahora, quizás el dato más relevante: la creación del Santo Oficio en el año 1232. Cierto que el Santo Oficio de aquella época, parecería un parvulario comparado con su hija, la Inquisición (que hereda las ideas de este), pero no en balde, va a significar que la población ibérica siga acumulando el mismo sentimiento: los pueblos distintos no son buenos compañeros de viaje y menos con credos y religiones que no son afines. 

Año 1248. Una de las condiciones que ponen los castellanos cuando conquistan Sevilla, es que la ciudad se entregue libre de musulmanes. Luego todo hace pensar que la gran urbe andaluza, conservó bastante bien poco de la genética norteafricana. Lo digo para aquellos que en un absoluto ejemplo de incultura se atreven a decir que los andaluces son marroquíes. Pero seguimos… porque en 1272 cuando se conquista Murcia, Alfonso X manda que no quede un musulmán en la ciudad y que los judíos vivan separados de los cristianos. En 1277 los franceses arrasan cualquier vestigio judío en Pamplona. 

Podemos seguir con estos episodios, pero resumo: reyes y regidores que impiden que los judíos tengan participación en la función pública de la época e impuestos enormes destinados a esquilmar a los hebreos. A esto convendría sumar que entre 1294 y 1312 ya han aparecido las primeras acusaciones de brujería contra los judíos, que se les ha prohibido ejercer la medicina y que se han quemado sus libros y condenado su expresión identitaria, como es el caso de los ataques a la Gerona Judía por los almogávares por ejemplo. En 1320, durante la “Guerra de los pastores”, los franceses asesinan a un buen número de judíos de Aragón y Navarra. En 1336 comienzan a tapiarse las juderías (la primera la de Pamplona) y son tantas las fechas a aportar (quedan más de veinte) que concluiré por no cansar al lector, diciendo que serían expulsados en 1492. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los datos históricos son incontestables y cierto es que la separación demuestras constante en esos ocho siglos.
No obstante, en los últimos coletazos del Reino de Granada, con los conversos, seguro que hay zonas de mayor "mestizaje".

No obstante, sí pongo pegas al estudio genético. Se basa en datos de donantes de sangre en España por lo que hay un sesgo hacia los grandes núcleos de población (ciudades) y a determinados condicionantes culturales/económicos.
Creo que hay un "problema de muestreo" y que el "grado de mestizaje" en el sur es mayor, sin poder aportar pruebas que deberían realizarse avanzando en el estudio que enlazas.
Pero claro, que segmentar a la población adecuadamente por áreas y ponderar las mismas atendiendo al peso específico de la presencia musulmana en la historia complica técnicamente el asunto, a la hora de obtener muestras. Se me viene a la mente que entre Alpujarras, zona de la Axarquía... la proximidad genética debe ser mayor. Aunque yo haya tenido un niño ario... que manda leches que lo esperábamos morenito jejeje. Ojo, que el butanero es también moreno... ;)

Y no me tengo por filoislamista ni apegado a un idílico Al Andalus que no existió sino al testimonio de San Eulogio y otros martires.

Santi.