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miércoles, 1 de junio de 2011

Pío XII

Protagonista de uno de los papados más controvertidos de la historia de la Iglesia, a algunas publicaciones de marcado carácter anti eclesial le ha interesado subrayar su filonazismo, algo que ha sido seguido a pie juntillas por la inmensa mayoría de periodistas y pseudo periodistas del progresismo europeo, que sin un dato certero y real, no han escatimado esfuerzos en verter mentiras de difícil comprobación. En cualquier Estado de Derecho, una injerencia al honor de un ciudadano, se debería castigar con la dureza propia que una legislación justa prevea. Pero no ha sido el caso de los países que miran para otro lado, y de una Iglesia que hace años perdió (en parte, a Dios gracias) su carácter beligerante. Mas sea como sea, Eugenio Pacelli, el Papa número 260 de la historia católica, tiene un argumento más que de peso para dejar bien claro su ideal, su moral, su civismo y su sentido de fe.

En el año 1937, era Secretario del Estado Vaticano. Y bajo la encomienda del Papa Pío XI, redactor de la Encíclica Mit brennender Sorge, es decir “Con ardiente inquietud”. Publicada el 14 de marzo de 1937, hablaba de la situación de la Iglesia Católica en Alemania, poniéndose formal y directamente en contra de la actitud del Partido Nazi en el poder. Se leyó a la semana, el 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes, provocando la ira del ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbles. Pero el autor de la misma fue el que al tiempo sería coronado como Sumo Pontífice, nuestro Pío XII. Si uno lee la encíclica, queda absolutamente sorprendido… Eugenio Pacelli se atreve a comparar a Hitler con el demonio y hace una advertencia profética: el posible movimiento de exterminio racial, ideológico o creyente de la Alemania del momento. Esa prueba fehaciente, real y contrastada, elimina cualquier tipo de sospecha sobre el futuro Pío XII.

En la editorial del 25 de diciembre de 1941, nada menos que el prestigioso diario New York Times, elogia en público al papa. Y viene a decir literalmente: "oponerse plenamente contra el hitlerismo y no dejar duda de que los objetivos de los Nazis son irreconciliables con su propio concepto de la paz Cristiana". Si a eso sumamos que la B'nai B'rith, Organización Judía dedicada a denunciar el antisemitismo ha documentado la venta de bienes vaticanos en 1943 para costear los rescates de judíos, que el Congreso Judío Mundial agradeció en 1945 la intervención del Papa, el Gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, envió a Pío XII una bendición especial «por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia» y que Israel Zolli, gran rabino de Roma, al terminar la guerra se hizo católico y tomó en el bautismo el nombre de pila del Papa, Eugenio, en señal de gratitud, no quedará duda de la firme actitud papal. Pero son otros los esfuerzos de Pío XII:

Jueves 7 de septiembre de 1945. Giuseppe Nathan, comisario de la Unión de Comunidades Judías Italianas, declaró: «Ante todo, dirigimos un reverente homenaje de gratitud al Sumo Pontífice y a los religiosos y religiosas que, siguiendo las directrices del Santo Padre, vieron en los perseguidos a hermanos, y con valentía y abnegación nos prestaron su ayuda, inteligente y concreta, sin preocuparse por los gravísimos peligros a los que se exponían» (L'Osservatore Romano, 8 de septiembre de 1945, p. 2).

El 21 de septiembre del mismo año, Pío XII recibió en audiencia al Doctor A. Leo Kubowitzki, secretario general del Congreso judío internacional, que acudió para presentar «al Santo Padre, en nombre de la Unión de las Comunidades Judías, su más viva gratitud por los esfuerzos de la Iglesia católica en favor de la población judía en toda Europa durante la guerra» (L'Osservatore Romano, 23 de septiembre de 1945, p. 1).

El jueves 29 de noviembre de 1945, el Papa recibió a cerca de ochenta delegados de prófugos judíos, procedentes de varios campos de concentración en Alemania, que acudieron a manifestarle «el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre la generosidad demostrada hacia los perseguidos durante el terrible período del nazi-fascismo» (L'Osservatore Romano, 30 de noviembre de 1945, p. 1).

En 1958, al morir el Papa Pío XII, Golda Meir (Ministro de Asuntos Exteriores de Israel) envió un elocuente mensaje: «Compartimos el dolor de la humanidad (...). Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó en favor de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se enriqueció con una voz que habló claramente sobre las grandes verdades morales por encima del tumulto del conflicto diario. Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz». Nota de pie # 16 del documento «Nosotros recordamos: una reflexión sobre la "Shoah"». El presidente de USA, Eisenhower, al morir el Papa: «El mundo - ahora es más pobre después de la muerte del Papa Pío XII»

El diplomático Israelí Pinchas Lapide calculó que Pío XII fue personalmente responsable por salvar al menos 700,000 judíos. El historiador judío Richard Breitman, ha escrito un libro sobre el holocausto. Como consultor del Grupo de trabajo para la restitución de los bienes a los judíos (grupo que ha obtenido la desclasificación de los dosieres del OSS). En una entrevista al «Corriere della Sera», del 29 de junio del 2000, Breitman que es hasta ahora el único autorizado a ver los documentos del OSS (el espionaje estadounidense en la Segunda Guerra Mundial), ha explicado que lo que más le ha impresionado ha sido la hostilidad alemana hacia el Papa y el plan de germanización del país de septiembre de 1943. Breitman ha encontrado también «sorprendente el silencio aliado sobre el holocausto».

Dejando este asunto (donde se demuestra la labor que a la perfección cumplió la Iglesia mediante su Sumo Pontífice a favor de la vida), el Papa protagonizó hechos y anécdotas curiosas, desde 1939 a 1958, años de su papado; así, fue elegido el mismo día que cumplía 63 años. Y algo debía estar predestinado, cuando al poco de iniciar su sucesión de Pedro, se descubre en efecto que la tradición que dice que el Vaticano se levantó sobre la tumba de Pedro era cierta. Nada podía empezar mejor; aunque la mayor de las curiosidades es su gran afición a las carreras de coches y su pasión por la velocidad. Cuentan que un día mandó instalar un cronómetro en el coche papal para animar a su conductor a que fuera más rápido por las calles de Roma y por el interior del Vaticano. Para los habitantes del pequeño Estado se hizo habitual ver circular por sus calles el vehículo oficial a gran velocidad. Su nombramiento también había sido anecdótico: tras cuatro intentos frustrados para que saliera la fumata blanca, por la chimenea salía humo de todos los colores, así que el nuevo Pontífice tuvo que ser anunciado por la megafonía de la Plaza de San Pedro.

Era hipocondríaco, un enfermo imaginario que además tenía la obsesión de matar moscas e insectos y de ahorrarle gastos a la Iglesia, apagando las luces y escribiendo en los sobres usados hasta su última voluntad. Las anécdotas descubren manías: llevaba encima, bajo los hábitos, un matamoscas, con los que atacaba a cuanto insecto veía. En los jardines vaticanos, fumigaban las plantas y flores antes que pasara el pontífice en su paseo cotidiano. Aunque padecía de colitis y gastritis, agregaba otras que existían sólo en su cerebro, quizás se cepillaba los dientes varias veces por día y después se frotaba las encías con un producto que lo envenenaba y que estimuló la enfermedad por la que murió en 1958 y mostraba todo un corpus de rarezas.

En otra ocasión, durante la visita ad limina, el obispo africano monseñor Chichester, de Salisbury, sorprendió al papa Pío XII con esta pregunta: Santidad, ¿duerme bien por las noches? Pío XII, asombrado, respondió: Pues sí, duermo bien. Pero, ¿por qué me lo pregunta? Y el prelado explicó el porqué de su pregunta: Mire, Santo Padre, cuando era pequeño teníamos una mujer en casa que cuidaba de nosotros. Cuando cada noche nos metía en la cama nos hacía recitar un Avemaría “por el Papa de Roma, para que pueda dormir tranquilo a pesar de sus muchas preocupaciones”. Desde entonces la he venido rezando siempre, y, la verdad, sentía cierta curiosidad por ver si daba resultado.

Era un gran entendedor de vinos. Tomaba una copa en cada comida y decía que el buen vino lo ayudaba a digerir. Otra obsesión era el ahorro. "No hay que derrochar el dinero de la Iglesia", decía. Apagaba todas las luces y había ordenado reutilizar los sobres que llegaban al Vaticano. En uno de ellos escribió su última voluntad. Pero lo cierto, es que queda demostrado que el cardenal Pacelli, el Papa 260 de la Iglesia, se dejó la piel por hacer lo que un hombre que está llamado a suceder a Pedro, debe. Y quizás su santidad, sea más notoria que la de otros. Ahí dejo eso.

3 comentarios:

Salva dijo...

Me llama poderosamente la atención, quizás por esta pensando eso mismo, tu última frase sobre la "notoria santidad". No entraré en detalles que ya has explicado tú, pero me viene a la mente una conversación que tuve con un viejo sacerdote, de aquellos de la vieja escuela (por decirlo de alguna manera) que alababa a Pio XII como el punto de inflexión entre lo antiguo y lo nuevo, eclesiásticamente hablando. Me explico. Este sacerdote, de actitudes preconciliares (?) afirmaba que Pio XII era consciente de la necesidad de "modernizar" la Iglesia sin que ello afectara a la doctrina y a la tradición. Afirmaba que murió tentado de convocar un concilio para ello (cosa que haría su sucesor Angelo Roncalli, conocido como el papa bueno, osease, Juan XXIII) pero tenía miedo que las nuevas tendencias modernistas se apoderaran de la doctrina y la tergiversaran. De hecho, tenía cierto recelo, cierta desconfienza, de colaboradores muy cercanos a él que acariciaban la idea de una Iglesia a la medida humana. Uno de estos colaboradores, al que sorprendió dialogando en secreto con la URSS, fue un alto cargo del Vaticano que alejó enviándolo como arzobispo a Milán (sin concederle el cardenalato, que conlleva esta dignidad) estamos hablando de Montini, el futuro Pablo VI. Años después, ante su inminente final, Pablo VI reconoció que la Iglesia pasaba por momentos muy difíciles, debido en parte a una mala concepción del concilio que azotaba con furia augurando malos tiempos y crisis para la Iglesia.

Poco después llegará la figura de Juan Pablo II. Figura que a mí me gusta comparar, salvando las distancias, con la de san Pio V. Por una razón muy simple: ambos dos tuvieron que llevar a la práctica las teorías de un Concilio y adaptarlas a la realidad cotidiana. Juan Pablo con el Vaticano II y Pio V con el Sacrosanto de Trento. Y en nuestros días nos encontramos con un papa, SS Benedicto XVI (que Dios guarde muchos años) que varias veces ha hablado de "la reforma de la reforma" y que tras un convulso final del XX envuelto en disputas doctrinales yo me pregunto ¿por qué será?

Anónimo dijo...

Gracias David, por comenzar esta "etapa" del Blog con el Venerable Pío XII y que, ojalá, pronto veamos Beatificado.

Transcribo, para difusión, la oración realizada por D. Nicola Bux y aprobada por la Conferencia Episcopal Italiana para pedir por la Beatificación de S.S. Pío XII.

Señor Jesucristo, te damos gracias por haber dado a la Iglesia al Papa Pío XII, maestro fiel de Tu verdad y pastor angélico.

Él, con doctrina segura y mansa firmeza, ha ejercido el supremo ministerio apostólico guiando a Tu Iglesia a través del agitado mar de las ideologías totalitarias.

Ha abierto los brazos de Pedro, sin distinción, a todas las víctimas de la terrible tragedia de la segunda guerra mundial advirtiendo que nada está perdido con la paz, obra de la justicia.

Con humildad y prudencia ha dado renovado esplendor a la Sagrada Liturgia, y ha manifestado la gloria de María Santísima proclamando su Asunción al Cielo.

Haz, oh Señor, que siguiendo su ejemplo también nosotros aprendamos a defender la verdad, a obedecer con alegría el magisterio católico y a dilatar los espacios de nuestra caridad.

Por esto te suplicamos, si es para Tu mayor gloria y para el bien de nuestras almas, que glorifiques a Tu siervo, el Papa Pío XII.

Amén.


Un abrazo, Santi.

PS: Me gustaría remarcar el hecho de ser el último Papa en definir un dogma mariano, como la Asunción de Nuestra Seóra (Munificentisimus Deus; 1/11/1950)

María Amada dijo...

Me ha gustado mucho que compartieran todas estas verdades sobre Su Santidad Pio XII, aunque las manías estaban de más, porque ¿quién no tiene manías? Es un santo a carta cabal, y nuestros padres en la fe, los judíos, debían quitar de una vez el agravio de placa que tienen en Jerusalem, con una sarta de mentiras sobre el Santo Padre que salvó a tantos correligionarios suyos. ¿Querían que hablase más y más fuerte poniendo en riesgo la vida de todos los que él pudo salvar con su silencio? Ojalá hubiese tenido en su mano parar la máquina destructora del demonio hitleriano.