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sábado, 4 de junio de 2011

Juan Pablo I

Desde la cuna estaba predestinado a no tener una vida de cara, pues a punto de morir en el parto, es bautizado allí mismo por la comadrona debido al riesgo de fallecimiento; sus hermanos morirán a edad muy temprana y la enfermedad lo visita con inusual frecuencia a lo largo de su infancia y adolescencia, de modo que recibe la confirmación a los seis años. Pero si por algo ha pasado a la historia es por protagonizar el tercero (algunos sostienen que el cuarto) de los pontificados más cortos de la historia de los 265 Papas que hasta el momento ha habido, y que hacen que la media de ocupación del solio pontifico sea de unos ocho años, estando próximos a cumplirlos Benedicto XVI.

Pero realmente la controversia de un papado que tan sólo duró 33 días es la sospecha siempre alimentada de su muerte provocada por las instancias vaticanas, algo que tras las investigaciones llevadas a cabo por miembros del FBI y cuantos solicitaron desde 1988 permiso al Vaticano para estudiar los sucesos del deceso del Papa, no han logrado sostener. Es decir, 33 años después de su muerte, no hay un solo indicio que la jerarquía eclesiástica quisiera acabar con el Papa que fue conocido en el mundo por su sonrisa y que se convirtió en el último Sumo Pontífice italiano tras casi 400 años de tradición, al ser sucedido por Juan Pablo II. Lo que sí es evidente es que se convirtió en el primero en usar un nombre compuesto, ya que quiso así rendir homenaje a sus dos predecesores, Juan XXIII y Pablo VI, y que hasta en su lema llevaba explícita su forma de vida: humildad.

Juan Pablo I durante su cargo en Venecia escribió como ejemplo de un Decreto Episcopal, una carta a Pinocho, el célebre personaje creado por Carlo Collodi. Una de esas cartas que encierran un sentido figurado pastoral, dice así: “En otras palabras: ha habido malos Papas, malos sacerdotes, malos católicos. Pero ¿qué significa eso? ¿Que se ha aplicado el Evangelio? No, todo lo contrario. En esos casos no se ha aplicado el Evangelio. Pinocho mío, sobre los jóvenes hay dos frases famosas. Te recomiendo la primera, de Lacordaire: . La segunda es de Clemenceau, y no te la recomiendo en absoluto: ”.

Lo que está claro es que pretendió en todo momento clarificar las cuentas vaticanas y se opuso a las funciones pretendidas por la Banca Ambrosiana; pero a pesar de ciertas incongruencias en la información que fue en su momento anunciada sobre su muerte, he de darles a los amantes de las teorías conspiratorias una mala noticia: de ninguna manera se sostiene que la cúpula eclesial envenenara al “Papa de la sonrisa”, que dado la brevedad de su Gobierno, poco más puede decirse de él.

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