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miércoles, 29 de junio de 2011

El nombre más bonito del Mundo

Sin ella saberlo lo suyo empezó en una de esas romerías que guardan celosamente el poso de la tradición y de la devoción de un pueblo, de uno de esos que en su día sirvieron al marquesado de los Vélez. Y estaba muy cerca de ver los días azules de los cielos de este sur del sur, aquella jornada de un octubre de 2009, mientras la que le presta su nombre presidía el espacio del manifestador de un viejo retablo barroco, iba desgranando las cosas de Dios un fraile agustino y se cantaba a la memoria de un santo en vida y un ejemplo para tantos como fue Marcelino Álvarez.

No estaba pero iba a venir, y en el fondo de nuestras conciencias, todos sabíamos que Ella le iba a terminar prestando su nombre; ahora le aguarda un 3 de abril de 2012, cuando en el corazón de la Plaza Nueva, los hilos restaurados del terciopelo verde de un manto se rocen contra ese camisón infantil de su piel. Tendrá para entonces 10 meses, tantos como la dicha de unos padres, unos familiares y los amigos de sus padres, que no cabemos en sí de la alegría de saberla entre nosotros.

Ese 3 de abril de 2012, apuesto a que su padre no podrá ver la escena, o sea sublevado de la bendita tarea de “encerar” los firmes por donde ha de pasar una Niña metida a Madre y tal vez se vista de costalero como nunca antes lo ha hecho en sus días, cambiando trabajadera por abrigo y madera por piel de su piel, y entonces eleve a los cielos melancólicos de Granada, el peso más bonito que un costalero de bien tenga jamás que cargar. Y en el instante en que haya sonado el primer tributo musical a la Niña metida a Madre, en el primer momento en que se aguarde la marcha que lleva por nombre el apodo de Ella, pasará la ternura henchida de su cuerpo por las espaldas benditas de esa que sale de un joyero, y cumpla con un ritual no escrito que tienen a bien los que confían lo que más quieren a la que más hay que querer, y empiezan pidiéndole prestado su nombre.

Será entonces cuando yo pulule cerca del batel plateado donde se empeña en navegar, esa Niña metida a Madre. Iré, si Dios quiere, con los míos. Con los que antes cumplieron con fidelidad ese ritual no escrito. A lo mejor me encuentro bogando debajo de Ella; y sabré que somos más, y que Esperanza (el nombre de mi vida) ha hecho su primera ofrenda vital a esa Niña metida a Madre que en tantas ocasiones nos ha dado motivos sobrados para estar felices.

Y una de las mejores personas que he tenido la suerte de tener en mis días, aquella voz de las emociones sin camuflaje que desde la Plaza del Carmen supo decirnos qué es la vida con tintes verdes, un hijo del espíritu de San Agustín, y una mujer excepcional con nombre de alixares alhambreños, sabrán que su estrenada paternidad no es más que un motivo para saberse llenos de esperanza…

Aguardo el día que a manera de bautizo, la hija y la Madre, esa Niña que nos engaña cada Martes Santo y nos hace ver que llora, queden unidas más si cabe por la fe. Porque el nombre, procurado y expedido en las clausuras de Comendadoras por Él, ya las hizo una en amores, para las entrañas cargadas de bonhomía de mi hermano Alfredo.
YA SOMOS MÁS… ¡Esperanza!

3 comentarios:

Granaíllo dijo...

No sé porqué será que estoy tan de acuerdo con esto que escribes hoy...
Enhorabuena a los papás y bienvenida Esperanza.

Miguelangelalcala.

P.D. A ver si antes de marcharse vd. a las costas motrileñas no echamos una cerveza a modo de fin de fiestas D. David.

monaguillo dijo...

Algo tendrá el nombre cuando lo bendicen como el agua...

Bienvenida, Esperanza.

Anónimo dijo...

Y que hariamos sin ella a la "esperanza" me refiero. ¿Tú la tíenes?, por "Esperanza" té pregunto. Cuando no la encuentras perdido estás, esa "esperanza" que la en la vida se pierde.... Por cierto, tú a "Esperanza" y la "esperanza" ya la encontrastes....
Un fuerte fuerte abrazo Hermano¡¡¡¡
Pd.:ahhhhh y felicidades a los Papas que si no fuera por los hijos....

Vicente Royo Collado