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jueves, 30 de junio de 2011

Capital Europea de la Cultura

En 1985 nacía en el seno del Gobierno de Europa la idea de la capitalidad cultural del continente, con la idea de acercar a las ciudades europeas entre sí, además de aprovechar dicho reconocimiento para la difusión de la ciudad y asegurar un crecimiento de infraestructuras y dotaciones todas ellas en torno a los aspectos culturales. Acababa de nacer la “capitalidad cultural” que a partir del año 2000 recibió un importante cambio de modo que no era una sola ciudad la que desde entonces ostentaría a lo largo de un año el cetro de la cultura europea, sino varias, haciendo que tal distinción de una u otra manera terminase embebida, puesto que la designación de la misma, con evidentes tintes políticos (no se concede a una ciudad ser capital cultural por sus innegables méritos en los campos de la cultura, sino a veces como excusa para incentivar a la misma) le restaban exclusividad e impacto. 

Desde 1985 a 1999, tuvimos 15 capitales culturales europeas, es decir, una anual. Atenas fue la primera, seguida por Florencia, Ámsterdam, Berlín, París, Glasgow, Dublín, Madrid (en 1992, como “premio” por la Expo Sevillana y de las Olimpiadas de Barcelona), Amberes, Lisboa, Luxemburgo, Copenhague, Tesalónica, Estocolmo y Weimar. O lo que es lo mismo, 14 países y 11 capitales de Estados miembros. 

El año 2000 vio como 9 ciudades europeas, eran a la vez capital cultural, entre ellas una española, Santiago de Compostela. En 2001, hubo dos, media que se mantendrá hasta este 2011, que hace que hablemos de 27 años de celebración de esta “capitalidad cultural europea” durante los que han sido escogidas 44 ciudades. De estas, tres españolas: Madrid, Santiago de Compostela y Salamanca. 

Cualquier manifestación extraordinaria acogida por una ciudad concreta tiene visos de convertirse en un atractivo turístico que refuerce la economía y la imagen del lugar convenido. Pero este “galardón” tan sui generis no es tan sugestivo como otras celebraciones; desconozco en profundidad los datos, pero los estudios avalan que el legado que queda en la ciudad capital de la cultura tras el año en ciernes, no es vasto ni desmedido. Reconozco que visité Lisboa atraído por la Exposición Mundial de 1998. Y coincidirán conmigo en que el acontecimiento rebasa con creces el interés que pueda suscitar el nombramiento de ciudad capital de la cultura. 

En España, las candidaturas en ciernes eran todas sugestivas. Van a perdonarme si considero que de las propuestas, Córdoba era sobradamente la que ofrecía sin rival alguno, los hitos culturales y patrimoniales más relevantes; no en balde, la tierra califal fue durante cientos de años la verdadera capital cultural del Mundo, por lo que en 2016, podía perfectamente ser la sede de la ilustración y las artes europeas. Pero no quiero que corra el desánimo entre los cordobeses: ¿acaso compartir con otra ciudad el galardón no resta ya de por sí importancia a la concesión? Porque huele, al menos a mí, a regalos, a prebendas administrativas más que a valoraciones certeras. Fíjense que dentro de las 44 ciudades que han ostentado tal privilegio hasta la fecha, no está Roma, la madre del actual Occidente. Luego, y vayan por delante mis respetos, lo ha sido la ciudad húngara de Pécs, o Sibiu en Rumanía, que presume de que una de sus paisanas más ilustres en Miss Turismo Mundial, acabáramos. 

Granada tiene 2.700 años de historia, el segundo casco histórico más grande del continente, es una de las diez ciudades europeas con mayor relevancia patrimonial, en ella han nacido personalidades indiscutibles de las artes y la cultura mundial y cuenta con uno de los monumentos más visitados en Europa, primero de España, una de las universidades con mayor prestigio en la nación y unos recursos naturales indiscutibles, amén de nombramientos irrefutables de UNESCO. Nunca ha optado a ser capital europea de la cultura, quizás porque el tren no ha sido atractivo a nuestros políticos locales, o bien porque, viendo el nivel de candidatas y de triunfadoras, merece bien poco hacer el esfuerzo. Cuando se ha sido capital de un reino dos veces, y dos veces de un Imperio, en la segunda de las ocasiones del más prestigioso de Mundo y uno de los más relevantes de la Historia, que te llamen a ser algo que puede ser una ciudad desconocida y sin el empaque evidente de otras (noten mi extrema generosidad y delicadeza), no sé bien si es una suerte o al menos, un alivio. 

Lo que ha molestado es que la Bella Easo haya sido escogida por los motivos políticos (ajenos a lo cultural) que han pesado en su elección; la paz en el País Vasco vendrá de manos de sus hijos, y del resto de los españoles, pero en ningún caso porque San Sebastián  sea capital de nada. Y volviendo a Córdoba, la ciudad omeya necesita bien poco ser llamada a presidir algo de este tipo, teniendo en cuenta el nivel, los criterios de elección y que Bergen (Dinamarca) o Cork (Irlanda), y valga mis excusas de antemano, lo han sido diez o catorce años antes que la indiscutible Córdoba. 

Burgos, Segovia o Zaragoza tienen una entidad histórica, patrimonial y una huella cultural que desde luego no tendrá de aquí a 2016 ninguna otra. Mi consejo es que estas migajas insulsas no vuelvan a solicitarse. En Granada yo aspiro a que nos hagan el espacio escénico prometido, que nos permitan instalar el gran museo de la ciudad para el que hay fondos suficientes y que hagan de esta una ciudad del siglo XXI con un corazón milenario. Está claro que la capitalidad cultural no podrá jamás tener el atractivo y suscitar el interés económico y el rédito publicitario de cualquier evento deportivo que se organice. Es una distinción descafeinada, sosa… Si faltan Viena, Londres o Roma, las demás deberían no osar a llamarse capital de cultura alguna. Y habiendo sido llamadas a serlo Florencia, Atenas o París, lo demás está dicho. 

Enhorabuena a San Sebastián, pero no por los criterios de elección, sino porque de veras lo merece. Sin necesidades de politizar la selección o nombramiento. Y a Córdoba, enhorabuena igualmente. Ya forma parte del selecto grupo de ciudades con cultura para enterrar a la mayoría que no forman parte de un listado que mengua el verdadero sentido de la capitalidad… y es que cuando la política pesa más que otra cosa, el país de las favelas organiza unas Olimpiadas y la cultura se promete para que no estallen dos bombas.. ¡Una pena!

Las fotografías corresponden a: Burgos, Atenas, Santiago, Lisboa, Córdoba, Granada, San Sebastián, Roma y el logo ya innecesario de la candidata cordobesa.

6 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Creo que asignar la capitalidad cultural a una ciudad no debe estar motivado por su pasado cultural por muy de pata negra que hubiese sido o incluso que sea. Una ciudad debe ser designada solo y exclusivamente por la oferta cultural que sea capaz de ofrecer durante el año de la capitalidad así como de la forma de organizarla y mostrarla al mundo. Es mas, también ha de ser designada en función de cómo sea capaz de demostrar al comité de evaluación que dicha oferta es atractiva y plenamente factible. Puedes tener un buen producto pero sino sabes venderlo acabas siendo un mal vendedor. En ese sentido Córdoba, en la primera evaluación de su propuesta, recibió un tirón de orejas por parte del comité ya que el expediente que presentó presentaba muchos defectos y carencias y no así el de San Sebastián. Bien es cierto que dichas deficiencias se subsanaron en segunda ronda con las medidas correctoras pero ya iba un paso por detrás de San Sebastián.
Que estamos todos jodidos que sea San Sebastián la designada, si. Primero porque en el argumentario de la designación se ha colado torpemente motivaciones políticas que han ensombrecido la posible buena labor que hizo el equipo designado por Odón Elorza que a la sazón es el que se lo ha currado dándose la circunstancia que ha sido apeado de la alcaldía por los perros sin alma de Bildu y compañía (que me perdonen los perros por la comparación).
Ahora ,Bildu, importándole tres mierdas la cultura y todo lo que conlleva, van a hacer un uso partidista y propagandístico de sus reivindicaciones independentistas pasándose por el forro de sus pistolas toda intención de pluralidad y acercamiento de la cultura a todos los ciudadanos por igual. Como la capitalidad será en el 2016 quedan cuatro años para encomendarnos a no se quien para que en esas fechas no gobiernen los bilduperros estos aunque me temo que para entonces el daño será irreparable.
Como diría el filosofo: Me cago en Victor D’Hondt y en su ley de proporcionalidad, en Bildu y en su ley del miedo, de la extorsión y del asesinato.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

No dejas de tener razón salvo que las filtraciones de las que hemos ido teniendo parte, nos decían que Córdoba era ya la clara ganadora, y tres horas antes de hacerse público el resultado, el alcalde de San Sebastián demostraba públicamente su euforia al saberse ganador en representación de la Bella Easo.

El patrimonio obviamente es cultura. Es una huella de la manifestación intelectual de un pueblo enraizado con la sociedad que en este momento lo habita. Las programaciones culturales dicen que Córdoba está, frente al resto de las otras candidatas, a la cabeza. Pero también que el festival internacional de cine, la semana de San Sebastián y otros acontecimientos y productos culturales ofertados desde el Kursaal, la hacen referente...

Insisto: si la elección ha sido política, que se repita la visita del órgano de designación competente. Si hay causas que indiquen lo contrario, felicidades al pueblo de San Sebastián y ojalá que en 2016, Bildu y lo que huela, sepa y parezca ETA y separatismos del estilo, no estén ya en las instituciones.

José Miguel Moreno Sabio dijo...

David, retóricas aparte y todo lo que se quiera, me parece un insulto para la cultura europea que una ciudad cuyo alcalde es a todas luces un terrorista disfrazado de político institucional haya sido elegida como sede para un evento de este tipo. En todo caso tengo que confesarte que puedo estar totalmente equivocado en mi apreciación, pues manifiesto sin tapujos que la misma está motivada por mi profunda aversión y rechazo a todo lo que huela a vasco.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Y motivos han dado muchos de ellos para esa animadversión, pero lo cierto es que si el criterio ha sido el político, el primero en oponerme soy yo; si queda comprobado y se pone de manifiesto que San Sebastián ofrece, en esa mezcolanza entre patrimonio histórico, interpretación cultural y propuestas y actividades culturales a realizar, mejores cosas que las otras, me callo.

No me ha dolido tanto la elección porque nuestra vecina y hermana Córdoba no se haya alzado con el nombramiento, como que la política sea capaz de violar todo. TODO.

Anónimo dijo...

Sabes bién que mucho nos dista a lo que políltica se refiere. Esto de los "pagos políticos" me tiene hasta el mismo "moño". Meter en el mismo saco a todo un país lo considero injusto, pero, ¿acaso no es más injusto meter en el saco de los "PERDEDORES" a toda una ciudad como Cordoba....?. Y todo por eso, por un pago politico. Quien ha conocido Euskadi allá por los 80 habrá oido aquello de: "Esta no es nuestra guerra... es contra España." Pues los "Bilduetarras" son los hijos de lo que sostenian aquello. Indignos representantes de España en 2016 ante toda Europa de toda su Capitalidad Cultural,apropiada por "el arma" de una votación en el congreso de los Diputados
Vicente Royo Collado

Anónimo dijo...

Una ciudad donde ciudadanos deben usar guardaespaldas como prevención al tiro en la nuca nunca jamás debe ser capital de cultura, por mucho patrimonio o programa que ella.
Es la mierda de normalizar lo anormal... a ver si se saca algo para el 2012 y que la debacle electoral no sea tal.

Como lo tengo claro, no pisar esas tierras hasta que esos cabrones no estén derrotados y entre rejas, y el primero que cuelgue un cartel vaya a la cárcel ipso facto, como si le dan la capitalidad del nabo europeo.

Santi.