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sábado, 11 de junio de 2011

Albaicín

Dios te hizo en las alturas
para que más cerca estaras
de una Tierra Prometida
que se nos antoja cara.

O acaso fue simplemente
una gloria anticipada,
el zaguán de la belleza,
tal vez compás de su gracia,
nártex de su Paraíso
y un espejo, una antesala
del divino camarín
del que el Génesis nos habla.

Tal vez por eso los Ángeles
se caen y pierden sus alas
y te codician los pueblos
con sus jergas de batallas
y sus hirsutos pendones
y sus coronas ajadas
clavaron en ti sus ojos…
¡Tal vez todo eso pasara!

Dicen que eres patrimonio
de todos. De toda raza.
Tal vez por eso visitan
tus arterias centenarias
y guardan en las alcobas
de sus memorias plisadas
el frenesí incombustible
de tus hechuras vernáculas.

Tal vez creen que te conocen,
a ti y a tu idiosincrasia;
y traducen tus escudos
y tus armas nobiliarias
y quebrantan los silencios
de tus reservas monásticas
y descomponen los patios
de tus columnas toscanas.

Y no descubren que el arte
de tus puertas, tus murallas,
tu laberíntico cuerpo,
tus Iglesias, Colegiatas,
alminares, palacetes,
tus balcones y espadañas,
cogen en tus miradores
donde se espía a la Alhambra.

Tal vez porque aunque te admiren
no te quieren; no te aman
como los que te llamamos
“padre nuestro”, ahí es nada.

Porque si los Santos tienen
todos ellos una Octava,
yo vengo a felicitarte
hoy que hace una semana.

Y te llamo padre nuestro
que a mi madre desposaras
hace ya casi un milenio.
¡Y nació madre Granada!

Para otros eres tan sólo
patrimonio. ¡Qué les plazca!
Para nosotros semilla
de donde brotó la Patria.

Tu bandera es el azul
de los cielos que te guardan
y tu himno “granaínas”,
y tu escudo, “tres acacias”
que cantara don Manuel
en la tristísima Plaza
del Salvador, donde allí,
su madre sigue asomada.

Tal vez crean que eres museo
de la historia y las hazañas;
de los iberos, romanos
y visigodos… Y añadan
a los ziríes, nazaríes
y las huestes castellanas.
Dos mil setecientos años
de vida en unas páginas.

Tal vez sí, no lo discuto.
Que tu belleza acapara
las cotas de perfección
de las labores humanas.
Pero yo te felicito
con mis bienaventuranzas
que eres mi padre Albaicín.
¡Y a un padre siempre se ama!

Yo sé bien lo que me digo
y aquí dejo mi proclama
que no es un poema huero…
Es amor filial. ¡Gracias!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado David, la segunda de las imágenes que ha intercalado usted en este bello poema dedicado al Barrio de los barrios, al corazón de la ciudad, no pertenece al Albaicín, se trata de un carmen ubicado justo al lado del hotel Alhambra Palace y en la medianería de la fundación Rodríguez Acosta. Si se fija bien en la imagen podrá apreciar inclusio entre el caserío que se arremolina más abajo la impresionante cúpula de la iglesia de Santo Domingo; se muestra por tanto en esta imagen la parte alta del otro barrio de la ciudad: El Realejo.
Jesús de Graná