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miércoles, 25 de mayo de 2011

Stradivarius

Los violines que firmó el genio de Cremona entre 1683 y 1737 están considerados los mejores instrumentos de cuerda del mundo, las piezas más exigentes musicalmente hablando y los violines o violas capaces de emitir los sonidos más prósperos. A lo largo de su carrera construyó unas 1.000 piezas de las que han sobrevivido 500. Aplaudidos al punto de divinizar sus capacidades, hace relativamente poco que uno de sus grandes partos rompió con los listones del precio de una pieza artística de este tipo: 18 millones de dólares. Porque otros, han costado en subastas casi 3,6 millones de dólares o 2,03 millones de dólares, haciendo que los cinco instrumentos musicales más caros de la historia sean 4 violines y un cello creados por Stradivari, y a los que sólo se ha podido acercar el piano propiedad de John Lennon.

El secreto de sus mágicos instrumentos ha sido objeto de las controversias más imposibles. Se han dado decenas de motivos por los que el lutier barroco italiano consiguió rayar la perfección en violas y violines, en guitarras y cellos. Incluso un laboratorio universitario estadounidense ha tenido a lo largo de 30 años un violín Stradivarius que ha analizado con una contumaz energía al punto de extraer consecuencias de la inigualable calidad de estas piezas.

En primer lugar se pensó en el barniz que usó el lutier. Pero tras muchas piezas hermanas analizadas, se llegó a la conclusión que precisamente el único elemento que no era original en cada una, era el barniz, sometido a continuos procesos de rebarnizado. Así, nacía la siguiente teoría: el tiempo de secado de la madera. Pero en base a comprobar esta y someterla a las más preclaras pruebas lígneas, se averiguó que el cremonense usaba piezas con unos 20 años de corte previo a la construcción del instrumento, y ni mucho menos, 60 ó 70 años antes, que algunos sugirieron. Seguía existiendo un secreto inalcanzable.

Una teoría desde su inicio sospechosa apuntó, argumentando su criterio en diarios de la época y documentos referentes al genial creador que Antonio Stradivari encontró en un río un árbol del que sacó buena parte de sus piezas, y que la reverberación del torrente de agua y la vibración del agua es la que adquirió la madera y la aporta al sonido del violín o de la viola. Pero la teoría debería haber hurgado en algo demostrable: ¡es imposible hallar madera suficiente para extraer de ella 1.000 instrumentos musicales. Así que rápido, algunos se detuvieron en decir que la verdadera procedencia de la madera de un Stradivarius es un barco hundido. La pesquisa tiene mucho de ingenio.

Pero no tardarían en llegar las explicaciones más racionales y desde luego, quebrantadoras de un mito que llegaba al punto de elevar al autor a la dignidad de una deidad. Y el secreto residió en el periodo de frío extremo que vivió Europa y que provocó que los árboles nacidos en esa época desarrollaran una fibra extremadamente compacta, lo que provoca la especial sonoridad de estos violines; y al fin, una última cuestión que desde luego, parece un hallazgo fortuito con la salvedad de que el imperecedero Stradivari jamás hubiera sospechado cuál era el secreto de su magisterio:

Fue el departamento de bioquímica de la Universidad de Texas la que llegó a la conclusión que a principios del siglo XVIII, una plaga de insectos devoraba la fauna italiana de la zona. Antoni Stradivari usaría bórax a manera de preservación de sus piezas. Esto, unido al uso de un tratamiento que el maestro le daba a la madera, mediante baños en sales, hizo que el alma de sus piezas presentara una alta concentración metálica que le otorga la particularidad tan genuina que hace de un Stradivarius, la pieza musical más exclusiva, cara y buena del mundo.

Quedan 150 violines, 72 violoncelos, 18 violas, y unas 10 guitarras. Una de las más ricas colecciones está en el Palacio Real, los llamados Stradivarius Palatinos. 6 piezas que fueron ya adquiridas por Felipe V a principios del siglo XVIII, pero que por una ley de Cremona, las piezas no pudieron salir de allí, siendo compradas por su nieto Carlos IV (aún Príncipe de Asturias) en el año 1775. 6 excusas para pisar uno de los Palacios Reales más imponentes del mundo y tener, cara a cara, a los mejores instrumentos que jamás hiciera la mano del hombre.

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