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miércoles, 18 de mayo de 2011

La Mona Lisa


Año 1503; Lisa tiene 24 años de edad y está embarazada de su segundo hijo. Para celebrar el acontecimiento, su marido, un comerciante florentino próspero llamado Francesco Giocondo. Enfrente de la casa familiar donde habitan Francesco y Lisa Gherardini, su verdadero nombre, vive un anciano cuyo hijo tiene una reputación inusitada. Bien es cierto que su hijo fue reconocido a posteriori fruto de un amorío impropio. El vástago, que tiene ya la importante edad de 51 años, se llama Leonardo, originario de Vinci.

Este es el punto de partida del retrato más conocido del mundo y una de las piezas que aglutina más fama y medidas de protección. Tras un cristal especialmente preparado de 4 centímetros de espesor a prueba de balas, se expone en el Louvre una obra cuyo principal valor es el ambiente que envuelve el conjunto, el conocido sfumato leonardesco al que se suma una sonrisa que ha intentado ser definida de todas formas posibles.

Ríos de una imaginación desbordante que han especulado con todo. Se ha dicho de Mona Lisa que estaba desdentada, que presentaba problemas de vista o que miraba hacia un punto concreto con el que el autor quiso ocultar un enigma que desde luego, Dan Brown se encargó ampliamente de sacarle provecho. Lo cierto es que el retrato nos trae una mujer sin cejas ni pestañas y con un oscurecimiento de los barnices con tal riesgo de peligrosidad, que estamos viendo una obra absolutamente amarillenta a la que no se atreve a intervenir el Louvre. Y al final, hemos conocido cómo podría haber sido originariamente. Juzguen ustedes:

Pero quizás lo más curioso de todo esto es que no hay una sola. El retrato de la señora de Giocondo no está sola en el mundo. Se conoce a la perfección obras por buena parte del mundo, atribuciones de retratos a Isabel de Aragón, donde muchos quieren ver a la verdadera Lisa aunque una de las piezas no expuestas (¿por qué?) que guarda El Prado y que genera controversia es una tabla que puede datarse coetánea del afamado cuadro del Louvre y que algunos relacionan con Leonardo. Esta es la Mona Lisa, la Gioconda española:
Y como despedida, un último retrato. Era propiedad del cardenal francés Joseph Fesch tío de Napoleón, y fue descubierto hace unos años, quedando desde entonces depositado en el Museo de Leonardo. ¿Es o no es, la Gioconda en una actitud más íntima?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial la entrada, gracias por tus entradas de Arte que tanto me gustan , vas a hacer que me matricule en HdA, me está dando el gusanillo..............
MELA

Anónimo dijo...

Me ha encantado saber esta historia. Gracias por un poquito de Arte. Mariki