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sábado, 28 de mayo de 2011

Apeles


Fue uno de los grandes pintores de la Antigüedad y el más preclaro que pasó a la historia, entre otros al convertirse en el retratista de los reyes macedonios y especialmente de la figura controvertida y aplastante de Alejandro Magno. Pero como todo genio, el carácter del mismo rayaba en un exceso de megalomanía y en virtudes sólo al alcance de los incontestables Miguel Ángel o Rafael el de Urbino. Nació 352 años antes de Cristo y el gran general lo conoció cuando le encarga una pintura de una de sus concubinas preferidas

Campaspe debía tener una belleza arrolladora, y es retratada por el grande de la Antigüedad. Arriba, tienen el hecho histórico en un lienzo barroco de 1600 obra del pintor Joos van Winghe (1544-1603); pero Alejandro notó que Apeles se había enamorado de su favorita y fue tal la sorpresa que le generó la pintura que desde el principio supo que este maestro debía ser el que lo inmortalizara, por lo que cedió a Campaspe al pintor

En otra ocasión, según nos narra el historiador Plinio, Alejandro hacía observaciones mientras Apeles trabajaba en una obra. Y el retratista le reprobó su altiva conducta espetándole que hasta los sencillos ayudantes suyos, se reían de él mientras limpiaban sus pinceles al oír tan poca cultura pictórica. Arriba, en un lienzo soberbio de Gian Battista Tiepolo (1725), Alejandro en el taller de Apeles.

Si había un autor que podía rivalizar en méritos con Apeles era Zeuxis. Hastiado nuestro protagonista del ego de su competidor, lo invitó a su taller para enseñarle una de sus últimas obras, un mural de gran formato. Zeuxis elevó su mano para retirar una cortina y así acceder al interior de la estancia donde presuponía, había de estar la gran creación de Apeles, sin caer en la cuenta que la perfección de lo que tenía delante era tal, que estaba intentando retirar una cortina pintada que daba paso a una estancia igualmente ensoñada; desde entonces, se elevó a categorías de deidad a la tríada de artistas más importantes del mundo grecolatino, entre las que estaría Apeles, fruto del que nace este cuadro de arriba que pinta Paul Delaroche (1797-1856) en 1841: “El hemiciclo de las Bellas Artes”, y en donde, de izquierda a derecha, representa a Ictinio, Apeles y Fideas, el gran escultor del Partenón.

La fama que alcanza le lleva a sucesos nada halagüeños. Otro pintor, consumido de envidia, llega a acusarlo de alta traición contra el rey Ptolomeo. Apresado, no con pocas dificultades consigue salir indemne, pero con una idea soberbia que abrirá una nueva temática en la historia del arte: la pintura alegórica. Apeles crea “La calumnia”, y en la obra de arriba de 1495 conocida como “La calumnia de Apeles”, otro grande, Sandro Boticelli (1445-1510) nos narra el suceso.

Uno de los secretos de su obra era la aplicación del atramentum, una capa de barniz que hacía de sus obras poseedoras de unos brillos únicos, lo que le valió el sobrenombre de “el gracioso”, algo que 1800 años después tendría Rafael Sanzio. Y por supuesto, y como leyeron ayer, es el responsable de que en España digamos “zapatero a tus zapatos” y cuyo origen quedó ya bien documentado. Porque en definitiva, estamos ante uno de los grandes genios de la historia del arte.


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