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lunes, 11 de abril de 2011

¿Imágenes Sagradas? ¿Nuestro Padre Jesús?


Entre los muchos errores que los cofrades solemos patentizar está el empleo de dos términos cuya extensión y amplio uso deja al descubierto la mínima formación cultural y religiosa de los hermanos cofrades y muy especialmente, la necesidad formativa que debe imperar desde ya. Uno de ellos, es el largamente usado término de “Nuestro Padre Jesús” y el otro, el no menos chirriante “Imagen Sagrada”. Partamos de una base, sin necesidad de meternos en honduras: ni Cristo fue jamás Nuestro Padre, ni una Imagen es sagrada.

La Iglesia considera sagrado aquello que contenga la gracia de Dios, y por ende, derive directamente de la administración de los sacramentos y cuanto esté relacionado con ellos. Los siete sacramentos son sagrados, como la Biblia, por contener su Palabra. No lo es una Iglesia (¿han oído o leído alguna vez que una Catedral es Sagrada o Santa? Pues ahí tienen el mejor ejemplo) ni cualquier pieza de culto, elemento que pueda emplearse en el oficio divino o en el sacrificio de la misa ni por supuesto, ninguna presea. Y no, por más que le pese a alguien, la diferencia entre sagrado y santo existe y sin sinonimias algunas. Valga otro ejemplo: la Iglesia, no es sagrada, sino santa. ¿Lo sería entonces una Imagen? Claro que no. Ni siquiera lo es Juan de Dios, que acumuló virtudes y hechos suficientes para ser declarado santo, pero no sagrado, que, recuerden, es siempre lo divino o relacionado con la divinidad.

Más aberrante es el empleo de términos que no sólo son incorrectos, sino que además terminan por elevar momentos que si bien son de una trascendencia crucial, quedan sobredimensionados en un paroxismo son precedentes. Y oímos y leemos que de repente, una hermandad recrea la “Sagrada Cena”, o que un grupo de fieles procura hacer una Cofradía para conmemorar el “Sagrado Prendimiento”. La Última Cena de Cristo, como acontecimiento donde se instaura el sacramento, debe ser entendido como un hecho de extraordinaria importancia, pero no por servir de punto de inicio a la sacramentalidad, el episodio se convierte en sagrado. O dicho de otra manera: si el sacramento del bautismo es sagrado, por haberlo recibido yo no me vuelvo sagrado, sino llamado a la santidad, que es distinto. Por lo que muy bien por la Hermandad granadina de la Cena (que se dice Santa) y mal, errónea y vanidosamente mal por las hermandades homónimas que emplean el término “Sagrada”; así que ni les cuento instantes de la Pasión que quedan “sacralizados” incorrectamente. Entendería que le diéramos (dada la trascendencia redentora, salvífica y de fe) categoría de santo a la crucifixión y a cualquier otro instante donde Cristo pone de manifiesto su labor de redención. Pero ni siquiera en el caso de la Resurrección, absolutamente más crucial que un prendimiento, un tribunal o los azotes (que he leído alguna hermandad que habla de “sagrados azotes”) se podría hablar de Sagrada Resurrección, sino, en todo caso, de santa.

A mí, me van a perdonar, me huele todo esto a un intento (uno más de tantos) por conceder espacio a la vanidad particular. Está claro que si en ese esfuerzo por hacer del título de la hermandad una colección de honores y distinciones sin freno somos capaces de engañar con el empleo de nomenclaturas tales como “Real o Pontificio”, imaginen si a nuestra hermandad la podemos distinguir sobremanera diciendo (y sirva el ejemplo, ficticio claro, y cuya coincidencia con la realidad sería toda una suerte) Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna, Santísimo Cristo de… U otra, que se anunciara como Hermandad de Penitencia del Sagrado Beso de Judas… ¡Al tiempo!

Y por último, les cuento lo que sucede en 1992. La Hermandad del Gran Poder de Sevilla solicitó la elevación de su Iglesia al rango de Basílica, como al final concede Roma el 29 de diciembre de ese año mediante la Bula Pontificia que de su puño expide Juan Pablo II. La prefectura romana oportuna, litigó con la hermandad y esgrimió algo muy lógico: el Señor no es Nuestro Padre, es Nuestro Hermano, pues Padre sólo es Dios. Esto es algo que subyace en la más elemental de las formaciones cristianas, y desde luego no hace falta estudiar teología para saberlo. El caso es que si se dan cuenta, en la portada del afamado Templo hispalense, reza: “Jesús del Gran Poder”, y no Nuestro Padre Jesús. La consagración se realizó en efecto tal que así, obviando la coletilla incorrecta e irreverente de “Nuestro Padre”.

Comprendo que si al mismísimo San Agustín le costó entender el Misterio de la Santísima Trinidad, a cualquiera de los cofrades de hoy en día, versados ampliamente en los sonidos últimos de la Banda de Tres Caídas, y abonados a los videos de youtube donde el Paso de Misterio más pintado hace florituras propias de la Compañía Nacional que dirigiera Nacho Duato al son de una marcha, esto les suene a cachondeo. Comprendo que después de decenas de años usando el término, cueste un mundo arrancarlo del colectivo. Pero que no deja de ser erróneo, estar mal empleado y deja al descubierto nuestras carestías formativas, también.

No existe ninguna norma ni recomendación por la cual, si Jesús es representado en un momento de su pasión, pero aún vivo, deba llamarse “Nuestro Padre” y si lo hace en una escena donde ya es visible su muerte, sea conocido como “Cristo”. Es curioso como acabamos de enlazar los dos errores; atiendan: llamamos a las Imágenes Sagradas, pero sin embargo, decimos “Santísimo Cristo”. Vamos, que una talla de madera adquiere la dignificación última de lo sagrado, y el nombre de Cristo y él mismo, es Santo. ¡Curioso!, ¿verdad? Pues bien, lo dicho, a pesar de ser uno y trino, Cristo es Hijo y no Padre, como Dios no es Hijo sino Padre, y el Espíritu Santo es el Espíritu Santo y no es el Padre.

Hace años que cuando me dirijo a una Hermandad durante un Pregón en el capítulo de la “venia” protocolaria, suelo decir el título obviando lo de “Padre”. Acuño la siguiente fórmula: Así lo hice este pasado sábado 9 de abril en la presentación del Concierto de Jesús Despojado y sus nuevos uniformes. No pude ni podré decir Nuestro Padre Jesús… Y no creo que, como dice la marcha, por muy en contacto que estuvieran con el bendito cuerpo del Rey de Reyes, se volvieran SAGRADAS las Vestiduras…

Dos errores de bulto. Será bueno meditar sobre ellos e ir dándole el pleno sentido a nuestras hermandades y a sus formulismos y títulos… Las Imágenes, no son Sagradas, ni Cristo es Nuestro Padre. Espero haber sido claro, pero sobretodo, haber arrojado algo de luz.
P.D. ¿Cuándo rezan la oración que Cristo nos enseñó, a quién creen que va dirijida, a la Sagrada Vara de Mando del Hermano Mayor? Venga, digan conmigo: Padre Nuestro [se refiere a Dios, el Altísimo] que estás…

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos días David.

Cuando se permutó en el orden el nombre de la Virgen de la Esperanza por el del Señor del Gran Poder en el título de la Cofradía hicimos la consulta sobre la correción de poner "Nuestro Padre Jesús" y nos contestaron que sí. Si Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque Jesús sea nuestro hermano también es Dios y por lo tanto es correcto llamarlo Padre.

Un cofrade más dijo...

Estimado amigo:

Otra muestra más de que esta Alacena sirve de almacén de conocimiento. Lo que escribes es cierto y no seré yo quién diga lo contrario, pero ahora bien... ¿debemos cambiar el título de todas aquellas hermandades que ponga Nuestro Padre Jesús de (lo que sea) por Nuestro Hermano Jesús de (lo que sea también...)?? Después de años, siglos en algunas hermandades, creo que abriría más debate esto que yo digo que los "pequeños" errores que tú nos comentas. Al fin y al cabo, Semana Santa es tradición y la tradición siempre ha ido por esos derroteros. Y quizá no es bueno escudarse en la tradición para no corregir según qué cosas... aunque hay otras cosas que, sin ser correctas, tampoco considero que estén del todo mal.
Como siempre, ésta es la opinión de un simple lector. Creáme que seguramente no pueda ser acertada e incluso que sea totalmente errónea, no lo sé... Solamente quería reflejarla en esta Alacena e intentar así ver la otra cara de la moneda.
Muchas gracias, un saludo y ánimo para estos días que restan para nuestra Semana Santa.

Anónimo dijo...

Los báculos dorados ni mentarlos!!!

Un abrazo de tu primo

David R.Jiménez-Muriel dijo...

¡Qué bueno eres, primo! Te clonaba y cambiaba los clones por tanto tonto, que ya no cabemos...

Un beso enorme

Anónimo dijo...

"Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quisiera revelárselo" (Mt 11, 25-27; Cf. Lc 10, 21). Por tanto es verdad que nuestro "Padre" es "el Padre de Jesucristo" y nosotros seríamos "hermanos"... pero si bien desde el punto de vista "ortodoxo" Jesucristo es Dios Hijo por asimilación popular, como es una Cofradía, del Misterio de la Santísima Trinidad pudiera dársele el apelativo "familiar" de "Padre"; más "heterodoxo" es significar a la Virgen María con la Tercera Persona de la Ssma. Trinidad y "no pasa nada" (Virgen del Rocío - sale en pentecostés y es la Blanca "Paloma")

Personalmente, Jesús "a secas" pudiera deslizar otros significados des-divinizantes de su figura y transmitir conceptos "teológicos" equívocos o no cristianos católicos. Eses Jesús "a secas" en lugar de "Jesucristo" quizás me preocupe más que el "padre" o "Hermano". Baste leer escritores sobre estos temas (creo que el Título de Teólogos, entendido estrictamente, no les responde a su trabajo) con obras cuestionadas e incluso sancionadas inciden mucho en este tema de separar al Jesús "humano" de su naturaleza "divina"...

Por otro lado, si no son sagradas las Imágenes Titulares sí pertenecen a la "esfera de lo sagrado". Está claro que una Imagen ni por aproximación "oscurece" la Real Presencia de Cristo en la Eucaristía... pero las Imágenes ayudan a visibilizar a Dios y vehicular oraciones. Todos sabemos que el rostro de Dios no es el del Cristo de San Agustín, Lanzada o Resurrección, pero lo "personificamos" en Ellos; y somos coscientes de las limitaciones de estas representaciones... y que incluso incendiándolas, no destruyen nuestra Fe. Igual que el sacerdote al ordenarlo "se separa" en cierta forma del mundo y no es sagrado, pero participa de lo sagrado. Es complicado de explicar, pero nuevamente vuelve a preocuparme más (y es comunicado por sacerdotes) ver a feligreses y cofrades que no tienen nociones básicas de catecismo y que, por ejemplo, se arrodillan al pasar por delante de una Imagen de Nuestra Señora...

En fin, tus aportaciones son certeras pero creo que admiten unos matices y, por tanto, que se mantenga como tal... pues más ortodoxos eran en siglos pretéritos y la Sagrada Expiración de Cristo, hoy hecha Museo, tenía firmadas sus Reglas por el Señor Arzobispo de Sevilla sin indicar la Santidad de aquel evento en la Pasión y Muerte de Cristo.

Un abrazo, Santi.

Anónimo dijo...

Por último, aunque confirmo que no es aportación mía y fue ayer hablando en Pavaneras marchando hacia la salida de la Santa Cena Sacramental comentamos sobre el Santo Protector de Granada, el Crucifijo de San Agustín... y lo de poco ortodoxo del "Título" ;)

Un abrazo, Santi.

PS: Un detalle de categoría que Mª Stma. de la Victoria pasara con "Corpus Christi" (entiendo que guiño a la "sacramentalidad" del Primer Tirular) por el palco federativo. Y la marcha "Rocío en Santiago" interpretada a continuación con el punto de jarana adecuado para ese palio... mi niño solo dio palmas a la Victoria, y empiezo a preocuparme :D eso sí, sólo señala Misterios y Cristos, jejeje... sinceramente, el Domingo de Ramos, lo poco que ví, más que un Domingo "de Misterios" se está convirtiendo, si no lo es ya, en un Domingo "de Palios".

Anónimo dijo...

Aún siendo algo tarde de poner, me gustaría decir que sí es correcto hablar de imágenes sagradas. Puede leerlo, por ejemplo, en los documentos del Concilio de Trento, más en concreto un decreto que dice (y lo pongo en latín):
Decretum de invocatione, veneratione et reliquiis Sanctorum, et SACRIS IMAGINIBUS.

Y si quiere algo más reciente, ahí está el Concilio Vaticano II, en la constitución Sacrosanctum Concilium:
125. Manténgase firmemente la práctica de exponer imágenes sagradas (sacras imagines) a la veneración de los fieles; con todo, que sean pocas en número y guarden entre ellas el debido orden, a fin de que no causen extrañeza al pueblo cristiano ni favorezcan una devoción menos ortodoxa.