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sábado, 19 de marzo de 2011

¿Idealización o veracidad en el mundo cofrade?


El mundo de las Cofradías está lleno de anacronismos justificados y consentidos por el efectismo que consiguen estas y todo lo que ello reporta para la imagen impactante lograda en el fiel. El mundo de las Hermandades no se somete al rigor histórico, no se deja llevar por las fuentes propicias, a la hora de ataviar a las Imágenes Bendecidas, y todo ello porque a la luz de concienzudas investigaciones, el lenguaje artístico que hemos ido creando a lo largo de casi un milenio, habría que desterrarlo. Imagino que no es necesario profundizar en la representación de Cristo con la cruz a cuestas, que todos conocemos, sucede de manera muy distinta a cómo lo manifestamos los cofrades. La foto de arriba creo que es muy ilustrativa al respecto. Si además observan la ilustración que abre esta entrada, los ropajes son diametralmente opuestos al fasto decorativo del que solemos hacer gala los cofrades; he aquí la reflexión que yo hoy les traigo.

Al igual, la crucifixión de Cristo se aleja de los cánones estéticos preconizados ya en el Románico y que en una renovación del lenguaje progresivo, encontramos plenamente definidos hace más de 500 años. Lo cierto es que la segunda de las fotos, la que tienen justo encima de este texto, pueden observar una aproximación muy veraz al instante del martirio en cruz que se desarrollaría ese viernes de Pascua, de la luna de Parasceve, entre las 9 de la mañana y las 3 de la tarde. Lo que nos arroja otra cuestión: la desmedida influencia del hiperrealismo y de la cinta de Mel Gibson “La Pasión” que no escatima en crudeza y que parece está siendo muy aplaudida como fuente de inspiración de algunos autores.

No procuro entrar en honduras dentro del campo de la imaginería, porque la pretensión de esta entrada es otra. Lo cierto es que me recuerda al Crucificado que no ha mucho destinó para la Cofradía Universitaria cordobesa Juan Manuel Miñarro; el de arriba. A estas alturas, hablar del doctor Miñarro es un ejercicio banal, puesto que sus cualidades, méritos técnicos y contribuciones rigoristas dentro del mundo sindónico, están fuera de toda duda. Pero no obstante, yo sigo pensando que a pesar de la aproximación casi perfecta a cómo debieron desarrollarse los acontecimientos pasionistas y el realismo conmovedor de estas piezas, me arroja una duda fundamental: ¿queremos los devotos un Cristo reducido a una masa sanguinolenta y horripilante, o nos basta con saber el alto tormento que hubo de padecer y escenificarlo con la elegancia que consiguieron los maestros desde 1495 en adelante? (Pongo esta fecha en relación al preciosista crucificado de Miguel Ángel hoy en el Museo de Florencia).

A tenor de estas aportaciones, que considero, responden a expectativas distintas a las de la conmoción devocional y se sumergen en los deseos innovadores de los autores que las interpretan, he de plantear si los cofrades tenemos que optar por hacer un arte veraz, ajustado en forma al evangelio y a las investigaciones más formales y acreditadas de la Historia, o si por el contrario, el ejercicio de idealización que tantos beneficios de masas ha provocado desde siglos pasados, debe ser nuestra persistencia. Porque ante esto, se me plantean varias diatribas. Una, que la representación de la Entrada en Jerusalén no debería estar en la Semana Santa. De acuerdo que por ordenaciones de antigüedad, sea posible encontrarse con un crucificado y al instante, con un Paso de Tribunal, y de acuerdo que esto obedece a otras cuestiones. Pero lo cierto es que esta representación escenifica algo que sucede en el tiempo, antes de la celebración de la Pascua (Cristo entra en Jerusalén y protagoniza varios pasajes que recogen los Evangelios, antes de reunirse con los suyos para Cenar, momento en el que se instituye el Sacramento Eucarístico y donde empieza su Pasión a tenor de la traición de Judas). Luego, ¿rigor o representación idealizada que conmueva, ayude a la transmisión del Evangelio y provoque fascinación y alteración de ánimos en el cofrade, en el cristiano y (eso esperamos) en el que no es creyente? Pues vayamos por partes en sucesivas entradas…

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