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sábado, 12 de febrero de 2011

Y cuando te encarguen otro pregón, me vuelves a copiar un texto...


La alegría le consume
y su corazón le estalla,
que hoy no es un día cualquiera,
que hoy vuelve de nuevo a casa.

Ya ha venido su familia
(otro domingo) a buscarla
aunque este sea especial.

Y la esperan a la entrada
con vestimenta de fiesta
bajo sus provectas caras.

Hoy es el día de su santo,
y tan sólo ha echado en falta
a Pepe, que en Gloria esté.
Y se entristece, y las lágrimas
lo lloran, que hace diez años,
diez años ya, la dejara.

Pero se esfuerza y suspira
y su pena se la traga
que afuera todos la esperan
sentados junto a la entrada.

Sus hijos, fruto del fruto
que con fatigas criara.
Sus nueras, como dos hijas
y como tales la tratan.
Y sus nietos que le insuflan,
con los bríos de su savia,
motivos de una alegría
que se va haciendo esperanza.

-Abuela, felicidades.
-Feliz día, abuela Ana.
-Abre primero el de verde…

-… ¡Una colonia afrutada!
Y un pañolito de seda,
zapatillas para casa…
…y un cargamento de besos
y un llanto escueto por ¡gracias!

Hoy almuerzan en familia
y se alarga la velada.

Noventa abriles palpitan
bajo su sien plateada
que la mejor medicina
son los suyos. ¡Y le basta!

A misa a Santa María,
un paseo por Penalva
y vuelve a contar la historia
que escuchan como si nada,
mientras los nietos disfrutan
entre sus manos: el mapa
que dibujaron los años
y la vida cincelara.

La tarde se va marchando.
El sol se esconde en la Sagra.
El coche para en la puerta
y melancólica baja,
con la pena de que acabe
una familiar jornada
que le ha dejado alegrías
que contarle a la almohada.

Y como niña que fuera
se duerme, soñando plácida
con la imagen de los suyos
a fuego lento grabada.

La monjita está mirando
a la celda que es su cama.
Lleva con votos benditos
diez años en cuerpo y alma
atendiendo a los ancianos
que a su cargo se quedaran.
Según las veces, es madre,
cuando no hace de hermana,
mas siempre es brisa jovial
complaciente y entregada.

Y sor María no entiende,
ni comprende, ni se aclara,
(-¡cómo es posible, Dios mío,
qué forma más inhumana,
qué egoísta esa condena,
qué infame, qué poco innata!)
que por capricho de Geres
y los suyos, yace Ana,
cargando noventa inviernos
siempre sola y olvidada.

Tiene el cariño de extraños
cauterizando su drama
y el cuidado de las madres,
monjas metidas a hermanas,
que no faltarán jamás
ni sola van a dejarla.

Otro 26 de julio
que en soledades se pasa,
cuando despierta del sueño
que feliz la anestesiara.

La abuelita llora cauces
de soledades amargas
y espera que Dios se acuerde
que no quiere ser esclava
siendo madre y siendo abuela
y sentirse abandonada,
mientras sueña cada año,
(que soñar no cuesta nada)
con la cara de los suyos,
una tarde de Santa Ana.

Texto del Pregón Soledad Huéscar 2011 (5 de febrero)

5 comentarios:

monaguillo dijo...

Qué dulzura, hermano... me has hecho acordarme muuucho de mi abuela Pilar. Lo del título de la entrada ya me lo explicarás... que no lo pillo.

Un abrazo.

Pitu dijo...

Como cantaba Maria del Monte: "Plagiame, me dijiste plagiame, plagiame mientras pregonas..."

Francisco Abuín - Christi Passio dijo...

Pero quien plagia a quien??....

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Abuín, un aviso a Julio Pardo, por si tenía en mente hacerlo, je,je,je

Francisco Abuín - Christi Passio dijo...

A Julio... ?... ya me lo explicarás, porque no creo que este hombre te plagie a ti, ni en hermosura, ni en guitarreo, jajajaja... además, es un hombre de peso específico...