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viernes, 25 de febrero de 2011

La Plaza de las Pasiegas


Si algo tenemos que agradecerle a don Javier es que ha sido el arzobispo más cercano, comprensivo y colaborador para con las Cofradías que ninguno de los 44 anteriores. Mucho más que su predecesor, que cada año nos decía que la entrada en Catedral, no era segura. Luego, pedía la colaboración para el Proyecto Oasis y las puertas de la Metropolitana abrían sus hojas para las hermandades. Don Javier es dialogante, habla con una claridad que casi asusta. Que se lo digan a CajaSur. Le puso bien puesto el cascabel al gato. Por eso tuvo que salir de Córdoba para Granada. Por el momento, está siendo un arzobispo con una pastoral extraordinaria, una intelectualidad fuera de toda duda, y cuando le ponen un juicio, los gana. Y cofrade, muy cofrade. La Cofradía que lo llame lo tiene. Doy fe de ello.

Heredó don Javier un rito de entrada a Catedral (como bien señala el canónigo Muñoz Osorio, la Iglesia no tiene protocolos, sino ritos o rúbricas) que él, como respeto (y malicio que para no menear mucho la perdiz) ha mantenido. Los cofrades nos quejamos y con razón del mismo. Hacer Estación de Penitencia no debe estar reñido con hacer lo menos severo posible el discurrir a nuestros hermanos, y evitar en todo caso, paradas innecesarias. Y la que se produce en la Plaza catedralicia de las Pasiegas, donde Su Excelencia Reverendísima e Ilustrísima reza y reflexiona ante el primero de los pasos de cada hermandad, se puede ahorrar. Primero porque rompe la marcha habitual de las hermandades, segundo porque, aunque se empeñen en decirnos lo contrario, los retrasos vienen auspiciados en todas las Cofradías (si los hay, claro), justo en Carrera Oficial, y en tercer lugar, porque al menos yo, entiendo anacrónico o reiterativo el acto. Creo que el ejercicio espiritual y evangélico está más que asegurado por parte de los que forman el cortejo. Y creo que los espectadores, tienen (y hacen uso, seguro) de muchos lugares para rezar y no precisamente enturbiando la marcha de la Cofradía en cuestión.

Pero no sé si es que el órgano competente no ha transmitido al Prelado esta inquietud que al menos, a pie de calle, se manifiesta con rotundidad, o no ha puesto el énfasis suficiente en dicho “problema” que intuimos los cofrades de a pie. Quizás habría que hacerle ver que las hermandades tienen entre 16 y 90 misas anuales (gana San Agustín) y en torno a 10 charlas de formación. Y a lo mejor, lo que hay que pedirle a Su Excelencia Reverendísima es que desde Palacio, lleguen a cada Hermandad un ritual propio para que el director espiritual lo rece antes de la Estación de Penitencia, y un segundo para cuando ya recogida la Cofradía, los hermanos den muestras de acción de gracias. A fin de cuentas, es el que forma parte del cortejo el que espera recibir los frutos espirituales derivados de un acto de este tipo, y conmover al público espectador con su ejemplo y testimonio anónimo. Pero convencer y conmover, no obligar al rezo en la Catedral.

El que tiene palco en Pasiegas, sabe de qué le hablo. Es tedioso, que Dios me perdone. Y precisamente no soy yo sospechoso de ir en contra de las voluntades de la Iglesia o de no acudir siempre a Misa o de no rezar. Pero reconozco que hay un momento y un lugar para todo. Y a mí, en medio de una Estación de Penitencia, no me parece de recibo que esta pare y se vea secuestrada para oír la reflexión sobre el pasaje bíblico concreto y un posterior rezo. Vería más apropiado, que estas mismas palabras del Arzobispo, las leyera el director espiritual antes del inicio de la procesión. Y vería más oportuno que los rezos que oportuna y propiamente observara y tuviera a bien indicar la Curia Metropolitana, la Delegación Diocesana pertinente o el propio sucesor en la Silla de San Cecilio, se leyeran al final y santas pascuas. Es más: las meditaciones que el Arzobispo ha ido pronunciando, se van a editar este año. Ya está. Basta con leerlas.

Me da a mí que a quién compete hacerle ver estas postura cofrade (muy mayoritaria) no ha sabido llegarle a don Javier, una de las personas más dialogantes y uno de los Arzobispos que más huella nos causarán. Y para los males pensantes, aclaro: huella para bien. O a lo mejor ni se han atrevido, asustados no sea que la silla que ocupan peligre. Porque al fin de cuentas, la silla está alquilada por Palacio y no por el voto democrático y legitimador de los cofrades. ¿Me he explicado con suficiente claridad?

Hasta entonces, Pasiegas será una plaza condenada al ostracismo del aprecio estético y cofrade. Una plaza fría donde se ha instalado el tedio y que ralentiza a las hermandades, enfría a los miembros del cortejo, paraliza las voluntades, resta esplendor a bandas, cuadrillas y en definitiva, al espíritu propio de una hermandad definido desde su Cruz de Guía a la preste del fin, y muy huera y poco estimada. Y es una pena que a la hora de entrar en nuestra casa, porque es la más grande y lustrosa que tiene Dios Padre en la Archidiócesis, lo hagamos con un mohín en la boca y la seguridad de que de otra forma, sumaríamos más a lo espiritual, a lo católico y a lo estético (cara a los no tan creyentes), porque de la otra forma, poco se hace por el alma de un cofrade que ya escogió hacer estación de penitencia… ¿A qué más?

3 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Querido hermano: Entiendo tu reflexión si la miramos desde tu prisma, desde el prisma del buen cristiano católico,, pero seamos realistas al pensar que esta especie de homilía, puede estar encaminada no para aquellos que, como tu, cumplen fielmente con los preceptos del buen cofrade sino precisamente va destinada para quienes de una forma u otra solo pisamos una iglesia gracias a la BBC y a algún esporádico entierro.
Si ya muchas veces se nos acusa a los cofrades de ser mas merecedores de un premio a las artes escénicas que hacer muestra pública de fe, estas reflexiones y rezos vienen a reforzar la idea de un predicamento en el lugar donde la palabra iglesia toma más fuerza que nunca, que no es otro sitio que en la calle. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, cierto, y una estación de penitencia viene a reforzar esa idea, pero si a la imagen la acompañamos de unas cuantas palabras harán fijar la atención en la parte de la imagen que nos interesa que se observe con más detenimiento.
Recordemos que el cristianismo se gestó en, o también, o además en la calle. Y D. Javier lo que hace es precisamente eso, bajar a pié de iglesia, a reforzar con su palabra un acto no para los que sois fieles y consecuentes con los preceptos cristianos sino para aquellos que bien podíamos ser apodados como guiris, o católicos de pacotilla, turista semanasantero, o un simple ateo expectante que gracias a sus palabras, como mínimo, le hará reflexionar.
Si afrontamos las reflexiones y rezos de D. Javier como receptores de los mismos, de acuerdo una vez más en tu reflexión, pero quizá sea de los pocos días donde iglesia institución y cofrades institución estamos exactamente y de la misma forma y del mismo lado, que no es otro que la de predicar en la calle y todos a una Fuente Ovejuna. Si esto hace más tedioso una estación penitencial quizá deberíamos quitar de otros lados también innecesarios. Recorridos excesivamente largos, sin un cómo ni por qué razonado, sería una buena opción para quitar lastre al asunto.
Me quedo con la idea de que este rito sirve más que nunca para el no cristiano, o para el cristiano light. Porque se reza, se reflexiona y se convence en la calle, con altavoz, currándoselo como comenzó currándose toda esto por quien da sentido a todo esto y a nuestras vidas, por supuesto.

Anónimo dijo...

Coincido en que debería mantenerse la reflexión y rezo ante el primer Titular de cada corporación, pero realizado desde el Altar Mayor de la Catedral y con megafonía en el exterior...

Y, sin duda, coincido con tu buena valoración del Sr. Arzobispo, aunque al principio, con su llegada, fuí más reticente... y de sabios, mejor dicho, de sensatos, es rectificar.

Un abrazo, Santi.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

No sé, Santi... ¿Por qué no hacer esa meditación antes de la Estación de Penitencia y otra distinta y colegida por la Delegación Diocesana competente tras la Estación de Penitencia? Dejemos el discurso rico y enorme de las hermandades tal y como está. Siempre ha funcionado y no hay que mezclar cosas, si además añadiendo más ejercicios piadosos, se cae en el riesgo de hacer gris el paso de las hermandades.