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martes, 22 de febrero de 2011

Fundación de nuevas hermandades (y II)


El primero de los pasos debe estar encaminado a gestar una futura Hermandad que verdaderamente enriquezca a la ciudad (la de los creyentes, claro) y a su Semana Santa. Es imposible que el proyecto resulte certero, sino se piensa en un barrio y una feligresía que acoja la idea primigenia (o dicho de otro modo, antes de nada, contar con una Iglesia y un pastor que esté dispuesto a acoger al grupo fundador) y a su vez, poner en relación con esto último, la escena pasionista que se desee incorporar. Y digo esto porque si uno resulta acogido, digamos, en un convento de una Orden concreta, habrá de tenerse en cuenta la relación espiritual y fraternal que la “futura” Hermandad establezca con la comunidad religiosa. O a lo mejor con una Parroquia concreta. Me parece interesante para posteriormente desarrollar un programa iconográfico o un mensaje estético y catequético (incluso en los enseres), si uno es acogido en una Parroquia bajo la advocación de San Esteban (un mártir) o San Juan de Dios (una Orden y además, del Copatrón de la ciudad).

El paso siguiente es la definición de un Misterio que nutra el discurso evangélico del que en muchos casos carece Granada. Tendría yo claro que un Prendimiento no es lo idóneo, y lo tendría tan arrebatadoramente claro, porque confío en que esa puerta continúe abierta para los hermanos del Cautivo, que con ese pasaje nacieron hace 30 años. Como tampoco haría un Traslado al Sepulcro, que con mayor o menor claridad, está escenificado sui generis por el Señor de la Sábana de San Jerónimo. Esto excluye a nazarenos y crucificados, que en número de 7 y 8 respectivamente, tiene Granada. De acuerdo que con escenas no representadas, pero dejando la posibilidad de que estas fructifiquen en las Hermandades que ya veneran y rinden devoción a estas iconografías. Así, Ferroviarios pudiera un día encarnar el viejo misterio del Buen Fin de Sevilla, o Salesianos acompañarse de dos ladrones, o…

Por tanto, es en los Misterios de Tribunal donde Granada mantiene la esperanza puesta: los juicios de Anás, Caifás, Herodes o el primer encuentro entre Pilatos y Cristo. A ello, uno momentos que tuvieron eco ferviente en otros tiempos y han desaparecido del panorama procesional andaluz: el “Lavatorio de los pies”; y a pesar de contar con la advocación (pero con una Imagen que no puede encarnar dicho pasaje), Granada necesitaría un Descendimiento. Y puestos a idear proyectos fundacionales, recuperar la vieja iconografía (que por otro lado es sumamente nuestra, por afianzarse para el arte gracias a nuestra escuela) del “Señor recogiendo sus vestiduras” tras la flagelación, como el ejemplo de la fotografía de arriba, lienzo incontestable del maestro Alonso Cano.

Las advocaciones; otro asunto espinoso. Quedan en Granada algunas que se perdieron en la memoria de los tiempos y podían recuperarse. Me niego a exportar nombres sacrosantos que poca referencia tengan aquí. Me niego a Montserrat, o Guadalupe, o Palma o Regla. Y me niego a pensar que esta ciudad no puede hacerse eco de su pasado. Por norma, nuestros Cristos no tienen nombre. Como el de la Alhambra, de la Entrada, de la Cena, de la Sentencia o de Lanzada, por ejemplo. Y no, en estos dos últimos casos, las Imágenes no se llaman de la Lanzada, sino que en un ejercicio absoluto de sinonimia, la escena en la que está representados, ha servido para nominarlos devocionalmente. Tan extraño como si al panadero de la esquina, en vez de llamarlo por su nombre, se le increpara al grito de: “¡panadero!”. Creo que nos hacen falta nombres de predicamento devocional. No puedo entender cómo ninguna de las 32 hermandades jamás cayera en llamar a su Cristo “Salud”. Virtud cristiana por excelencia, fuera de las advocaciones del Señor, la de “Caridad”. De raigambre granadina, la de “Luz”. Y si ahora nos paramos en nombres marianos, hemos perdido el de “Necesidades”, que desde 1616 tuvo en Granada su hueco. “Refugio” lo fue hasta 2004. Con todo, son muchos los nombres a los que apelar, pero en los posibles fundadores ha de cundir cierto sentido y respeto histórico y emotivo. Porque volviendo al asunto de la elección de la sede canónica, si uno recae en un convento carmelita, huelga decir cuál podía ser la advocación mariana. O si consigue entrar en una parroquia agustina. Esta Orden, tuvo desde 1507 hasta 1833 en nuestra ciudad, la devoción por la Virgen de Loreto. Y junto a Consolación (que ya está), rinde devoción a la Virgen del “Buen Consejo”. Lo que no es entendible, es que una nueva dolorosa de la ciudad se vaya a llamar del Desconsuelo, una variante de Consolación, con el amplio número de nombres que podía haber recibido.

Sigamos con las ideas fundadoras… para llegar al apartado de la estética. Una nueva hermandad no puede caer en el adocenamiento patrimonial que ya bien extendido está en nuestra ciudad. No puede imaginar un cortejo de bordados barrocos, uno más. Si en mi mente anduviera un proyecto de este tipo, no dudaría en apelar a estéticas distintas que primero, sumaran a mi Semana Santa, pero que igualmente aportaran una innovación que diferenciara la futura hermandad y le otorgara un carácter atractivo y divergente como reclamo de nuevos hermanos. Así, parece extraño que la última ciudad peninsular en incorporarse al gótico, no tenga nada de este estilo en pieza alguna cofrade. Y más raro me parece que nadie se haya atrevido a calentarse la cabeza con la decoración nazarí, con el último movimiento artístico del mundo musulmán en Europa, quitando el paso de la Alhambra; sueño con alguien que encargue a un arabista, una traducción de lemas y sentencias cristianas escritas en letra cúfica. Desde que vi un diseño espontáneo de Álvaro Abril haciendo unas bambalinas a partir de los mocárabes de las albanegas de la Alhambra, quedé fascinado. Una ciudad como la nuestra, con esta orfandad en la reinvención y aplicación de las formas nazaríes para lo cofrade, es casi insultante. La originalidad y complejidad artística sería impagable. Porque para plantear un proyecto nuevamente neobarroco, calcado, repetitivo y muy visto, ya tenemos otras hermandades.

Definida la sede canónica, recuperadas devociones propias o al menos, aportando nuevas advocaciones que no nos resulten impuestas, claro el pasaje a escenificar (e inexistente hoy en Granada), con un concepto estético absoluto y nuevo, los fundadores han hecho un esfuerzo serio. Lo siguiente es la redacción de un Reglamento Interno (todo aquello que no se considere articulado de las reglas que han de someterse al Decreto Marco) que de manera eficaz, exhaustivo y completo, no deje nada sin atar. Y por último, y lo más importante, nutrirse de paciencia. Pueden pasar años, lustros, antes de procesionar (Consolación; 17 años de espera…). Ahí se verá si el cofrade fundador lo fue con la voluntad de ser útil a la fe y a la Semana Santa granadina, o simplemente para alimentar su ego, para mandar donde no puede, o para ser costalero de algo nuevo.

Insisto, las nuevas fundaciones me producen mucho respeto; también miedo, porque los que las impulsan, en términos generales en esta Granada nuestra, no son trigo limpio. Y creo que la castiza expresión es mucho más elocuente que lo he podido ser yo en dos entradas. Pero cuando hayan de producirse, que se tenga en cuenta que esto es una cosa de católicos con el ánimo de extender la fe, la palabra de Cristo y el mensaje de Cristo. Que la Iglesia no es la enemiga (y por ende, las Cofradías Civiles son en sí, una incongruencia cuasi herética) y que el principal motivo para llevar a cabo una fundación de este tipo, es el evangélico, al que ha de sumarse el crecimiento espiritual de los hermanos que se unan al proyecto, y el servicio asistencial y caritativo. Y luego, no echar en saco roto estos consejos. Porque si no, al final se termina jugando a las cofradías, con enseres de la tienda de “todo a un euro”, poniéndole a la Virgen la advocación de mayor prosapia de otras ciudades, queriendo emular el andar de un Misterio concreto trianero (la cantidad de “San Gonzalos” que ya han proliferado por Granada) y fracasando, por lo irrisorio del conjunto, en el intento fundacional. Con seriedad, desde gente seria, y con la idea clara de nuestro compromiso devocional y eclesial, las cosas cuajan. Desde la postura de “juguemos a las Hermandades”, flaco favor hacemos. Y además, que eso, es más propio de escolares de la extinta EGB, que después de Semana Santa, siempre terminábamos montando con nuestro TENTE, una hermandad en el salón de casa…

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