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viernes, 4 de febrero de 2011

Comparsa

Fue en 1993 la primera vez que tuve el Carnaval ante mí. Me lo ofrecía la televisión y a hurtadillas, que entonces tenía el que suscribe 12 años y medio, me encontré con una comparsa, sin saber muy bien qué era aquello. No sabría decir porque la distancia temporal es amplia, la sensación que me produjo, pero sí que el grupo me impactó. “Los Miserables” de Martínez Ares. Un estreno soberbio que me rebautizó gustos y caprichos. Luego quedaría en mi memoria dos chirigotas de Love, “Una chirigota con clase” y “Los juanconjones” y de nuevo otra comparsa, la que tengo por la más histórica y lograda de cuantas he conseguido escuchar, y no son pocas: “Los piratas” del Niño coplero. Desde entonces supe que hay dos maneras de acercarse al Carnaval, o por el camino de la guasa y la gracia, o con la pasión desaforada e irreprimible que despierta la comparsa. Y con este último género me quedé, año a año, paladeando las mieles generosas y únicas que me ofrecía Antonio Martínez Ares al que concedí todos los respetos posibles, porque en verdad es uno de los pilares más conspicuos y altivos de la creatividad carnavalera.

Hablo del seguidor del concurso no nacido en Cádiz. Me imagino que el gaditano tiene armas suficientes para saber de Carnaval desde la cuna. Entiendo que las ofertas son mayores, la memoria más amplia y la relación con los grupos, cuasi obligada. En mi Granada uno empieza porque un día, aprovechando un descuido, con aquellas televisiones monstruosamente grandes de la época, da con una emisión televisiva y se despierta la curiosidad. Porque pertenezco a una generación que disfrutó de internet y de sus posibilidades muy tarde en comparación a los que tienen menos de 25 años. Yo entré en esto de los teclados y las bandas anchas en 2007, de modo que las cintas pretéritas (de las que conservo unas pocas) se convirtieron en mi mejor aliado, y las que rasqué de mi primera visita a Cádiz en un removido 1996 y quedarse con lo oído y visto en los concursos de cada año. Un inexperto de todas todas, a pesar de que la pasión por esto me haya hecho oír todo lo posible sobre los grupos míticos, y leer los libros y seguir foros, bitácoras, páginas y noticias con avidez.

El caso es que el primer amor de alguien que se interesa por el carnaval es la chirigota. Algunos, prendados por aquel descaro de “Los yesterday” y su estribillo irreverente y provocativo. Otros, sorprendidos por las capacidades humorísticas de “El que la lleva la entiende”. Sin duda, repitiendo los clichés cómicos de “Caiman” o con aquella “familia Peperonni” y su pasodoble inmortal. Pero a poco que uno va tomando los vientos de este mundo maravilloso a pesar de su criticada trastienda de mafiosos y apuñalamientos por la espalda, termina echado en los brazos de la comparsa.

Y la comparsa nació con Paco Alba, y a ver quién es el guapo, y más cuando uno es de Granada y para muchos gaditanos que sudan sal de la Caleta y en vez de acné le sale piedra ostionera un irredento en estas cosas, se atreve a decir que con todo el respeto para el brujo, porque de su cabeza prodigiosa nació el género, el modo y la forma, se atreve a decir que quedó superado. A ver quién se atreve a decir que oyendo las comparsas de la época, las letras tiernas y descafeinadas, ya en democracia, de autores que hoy en día tienen templos divinos con su nombre, a decir que el que vino a reiventar, dignificar y elevar hasta el grado último de la genialidad a la comparsa, fue Antonio Martínez Ares. A ver quién le echa pantalones, y ante el busto broncíneo y tostado de Francisco José María del Sagrado Corazón de Jesús Alba Medina, un granadino carajote que debería estar en la escuela de párvulos de Cañamaque, se pone en jarras y dice sin pudor, que el de Santa María, por encima de la tríada sacrosanta con Martín entre ellos, hizo de la comparsa la expresión máxima del arte y de la creatividad. Ojo, en relación a los que le han precedido, a los que concursaron con él y a la inmensa mayoría de los que han venido después.

Me dirán que eran otros tiempos… Pero cuando veo la estructura poética y la rima de unos y de otros, sin tener en cuenta música, dictadura o gustos de cada generación, las letras que ha firmado Ares (y ahora diré el otro) no tienen parangón. Me dirán lo que quieran, pero veo ese punto de infantilismo, de poesía de niño, de homenaje a la sencillez, cándido y naif en los letristas que hemos encumbrado todos. Me dirán lo que quieran y yo lo aceptaré, y más si viene de un gaditano, que a fin de cuentas tiene título de posgrado en esto y los demás estamos en la primaria de lo carnavalero (aunque sepamos hacer la o con un canuto y a veces, solo a veces, nos funcione la cabeza y pensemos con ella), pero me digan lo que me digan, las agrupaciones que Ares ha puesto en escena, y que me conozco al dedillo desde 1993 a 2003 (once años grabados, oídas, vueltas a oír, cantadas en todo momento…) no han tenido sombra siquiera que las siguiera.

Sólo uno y uno nada más ha hecho de la comparsa la expresión del buen gusto. Por más que mi admirado Antonio Burgos quiera y me refrieguen los martinistas de pro, aquí el único que le ha dicho de tú en cuanto a crear piezas sorprendentes, originales, reivindicativas, comprometidas, sociales y por supuesto, intelectuales, es don Juan Carlos Aragón Becerra, salga el sol por Matalascañas, por Antequera o por las islas Madeira y la mismísima casa natal de Cristiano Ronaldo. El de Loreto ha tenido los partos más felices desde 2002. Nadie, ni el mago aplaudido que es Ares le ha conseguido seguir. Ya era buena esa sublime obra que llamamos “Los condenaos” de 2001, pero es que no lo era menos “La niña de mis ojos”, y merecerían un empate a puntos. Pero “La revolución” nunca fue tan buena al descaro lírico de “Los ángeles caídos”, y “Los americanos”, sin la voz, sin el equilibrio tonal de “La calle de la mar”, con un popurrí que no mereció ser lo último que se escuchara del genio Ares, tuvieron un eco que había consagrado ya a Juan Carlos.

Este año, Aragón presenta su undécima comparsa. O lo que es lo mismo: empata en mi lista de memoria carnavalera (no vale tirar de archivo y vivir en futuro lo que pasó en su día) a Martínez Ares. Cuando llegue el mes de marzo, uno y otro me habrán ofrecido once años de composiciones únicas, que con el permiso puntual de Rivero o la conjunción perfecta de la que es capaz Bienvenido, o las excelencias de las que es capaz Tino Tovar, es el comparsista mayestático, único. Es el creador, el que más claro habla, el que más fino hila y el que más armas de vate tiene. Es el liróforo más conseguido, el que sí porque sí, hace las letras más plausibles. Y el que le cuesta llegar a la final porque quizás hay que hacer pasodobles que hablen de tragedias, de penas, de llantos, o sean rastreramente dóciles.

Pertenecemos a las antípodas ideológicas y entendemos de manera distinta la vida. Pero eso jamás ha sido excusa para el que de verdad encontraba arte en algo. Y Juan Carlos, pese a quien pese, ha sido capaz de hacerlo incluso en su discutida “Los comparsistas se la dan de artistas”, con dos pasodobles únicos que ni en sueños firmaría Martín, ni Quiñones, ni una legión de inspirados en la puerta misma de la Biblioteca de Alejandría. La realidad no tiene más nombres que esta que traigo. Y mi profesa devoción a Martínez Ares, al que tengo por el verdadero reinventor, creador y alquimista de la comparsa, no me va a hacer replantearme que Aragón ha dado una definición nueva y valiente, una espléndida excusa para que el modo que traigo, levante las pasiones irrefrenables y se imponga al resto con holgura.

Como si alguien, por muy madridista que sea, nacido en las orillas mismas de Chamartín o heredero directo de don Santiago Bernabeu llegara a plantearse la calidad arrolladora que desde hace unos años tiene el Barcelona. Y con la amargura mayor hay (y eso estoy haciendo) que reconocerlo. E insisto: Aragón es el autor que hasta hace poco, ha criticado con dureza a Ares, el que sigue siendo el dios de mi ramillete de autores; pero lo que no soy es cínico, ni sordo, ni creo entender poco de esto del arte de escribir. Y Juan Carlos, hace años que adelantó por la derecha, por la izquierda y por el arcén, al resto de autores que siguen en activo. Ahora, también les digo algo; en 2012, cuando (eso espero) se vuelva a presentar el “cabesa” al concurso, y después de estar llorando el regreso de Ares durante tanto tiempo, haga su duodécima comparsa y sume una más que todas las que me dio (las que he vivido en el año, insisto) Ares, no me quedará más remedio que auparlo por encima del Niño Coplero, porque yo no quiero dejar de vivir la emoción de un nuevo concurso, ni el desarrollo de este, ni cantar sus coplas de marzo a enero del siguiente año. Y si Martínez Ares ha decidido (8 años ya) que el Carnaval no es para él, pues ya está, se acabó. Hay que apostar por los que sí quieren seguir dándonos tantos buenos instantes a aficionados de todas partes, como este granadino que seguro habrá cometido herejías imperdonables para el manual gaditano del buen carnavalero, pero que escribe lo que piensa, porque, como decíamos ayer, ¡A ver si la libertad de expresión sólo pueden reclamarla los autores y no los espectadores! Si esta es la fiesta de la libertad, sea. Pero para todos. Y estas son mis razones. Pero no las puedo cambiar a diferencia de Groucho, porque yo no tengo otros principios.


Los diez mandamientos se resumen en dos... Pues aquí igual. O si lo quieren más fácil, sigamos con el símil del fútbol: en España dos equipos están por encima, muy por encima del resto, el Madrid y el Barcelona. Hay algunos que dan sorpresas, que ganan títulos (aquí les decimos el primer premio) que... pues eso. En la comparsa, Ares y Aragón, directos herederos de Paco Alba. Oigan, y lo mismo Enrique Villegas hace este año una maravilla. Pero las cosas son fáciles. Y sé qué van a decir, los martinistas. La libertad, señores, la libertad. Y la objetividad del que lo ve todo desde fuera y se empeña en escucharlo todo, hasta "Los pajeros".

2 comentarios:

Paco Tinoco dijo...

Bueno, esta noche estoy desatado y te voy a contestar a todos los posts.

He aqui un gaditano como bien has comentado, ke siente envidia de algunos granadinos, y por que?? pues porque veo una pasion hacia la fiesta grande de mi tierra ke yo no tengo ahora mismo, ke he tenido, si, pero desde ke deje mi tierra me desvinculñe de todo akello ke me recordara a ella, carnavales incluidos.

He de decirte David, ke si te pones a hacer similes futboleros, te puedo contestar ke para mi Paco Alba viene a ser poco menos ke Di Stefano, Pele,Cruyff, y si me apuras un poco. Maradona, es decir, el mejor de todos los tiempos para aquellos ke han coincidido con él, asi ke te puedo decir, ke yo ke he visto la trayectoria y gracias a dios en persona y jugando al futbol tambien al gran Zidane, a Ronaldo, a Messi y al mismo Cristiano, te puedo decir ke para mi éstos anteriormente citados son mejores ke las cuatro figuras de la historia. ¿que a ke viene este simil? facil, para mi Martinez Ares ha sido el mejor, pero eso para mi, ke he crecido escuchando sus letras, y por mucho ke me diga un purista carnavalero de 70 años ke Paco Alaba fue el mejor, para mi lo sera El Niño ke es al ke he visto y al ke he mamao. Despues de él no me cabe duda de ke Juan Carlos es el siguiente en el escalon, pero solo durante su periplo con la plantilla de Subiela, a partir de ahi he de reconocer ke la disolucion, junto con la retirada de Martinez Ares me hizo despegarme un poco de la comparsa, y a dia de hoy, te puedo decir ke el unico ke ha hecho ke vuelva minimamente a interesarme un poco por la comparsa ha sido Bienvenido, con sus coplas frescas y nuevas.

Lo dicho David, para ser un buen critico carnavalero no tienes ke haber nacido a las orillas del atlantico, basta con ser alguien a kien le gusta la fiesta del carnaval y la pregone con tanta pasion...

David R.Jiménez-Muriel dijo...

¿Y ahora qué te digo yo, amigo? Ole tú y las mismas mamas que nos han dado tantos años buenos. Gloria, claro que sí a Bienvenido. Pero es que yo ya cada año busco un disparate más grande. Una locura más enrevesada. Y está claro: esas me las da Juan Carlos