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miércoles, 26 de enero de 2011

Toda la verdad

El socialista Largo Caballero, siendo presidente del gobierno durante la Segunda República, dijo en el Congreso de los Diputados, cuando se aprobó el voto femenino, que el resultado de aquella votación era "La peor puñalada que se le podía dar a la República". Poco después vino a decir que a él no le importaba que en Madrid se hundiera y desapareciera el pequeño comercio. tan encendidas eran sus declaraciones, que el mismísimo Stalin tuvo que llamar al orden a Largo Caballero y aconsejarle moderación. No en vano, era habitual en los mítines socialistas durante la II República gritaran los partidarios: "Viva Rusia". "Muera España".

En 1936, España tenía 710 toneladas de oro guardadas en el Banco Nacional; Largo Caballero mandó sacar 500 toneladas con destino a Rusia en pago a los favores del pueblo comunista. Hoy, tenemos 279 toneladas. ¿Y nuestro oro no se puede reclamar? ¿O no lo puede pagar el Partido Socialista que fue el que lo enajenó y robó a su legítimo propietario, todo el pueblo español?

Lo que está claro es que la Segunda República fue de todo menos un modelo de democracia: el 13 de julio de 1936 fue sacado de su domicilio y asesinado por la policía del Estado republicano, el líder de la oposición parlamentaria, don José Calvo Sotelo.

Remontémonos a la sesión parlamentaria del 1 de julio de 1936, que sería la última en la que interviniera el diputado de monárquico Calvo Sotelo, cuando el diputado del PSOE, Ángel GALARZA GAGO - jefe de la Policía del FRENTE POPULAR tras el 18 de julio de 1936 y ministro de la Gobernación en setiembre del mismo año – le espetó a la cara aquello de: “Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.

En aquella ocasión el líder de la derecha no respondió, entre otras cuestiones, porque ya lo había hecho en la sesión del 16 de junio cuando desde los bancos azules del Gobierno, el mismísimo Presidente y ministro de Guerra, el gallego coruñés de la Federación Republicana Gallega, y masón, Santiago CASARES QUIROGA, le espetaba aquellas palabras de: ” Si algo pudiera ocurrir, que no ocurrirá, Su Señoría sería el responsable con toda seguridad “. La respuesta, recogida en su literalidad de los diarios de sesiones, dice así:” Yo tengo, Señor Casares Quiroga, anchas espaldas. Su Señoría es hombre fácil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he oído tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en todos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, Sr. Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Me ha convertido Su Señoría en sujeto, y, por tanto, no sólo activo, sino pasivo, de las responsabilidades que puedan nacer de no sé qué hechos.

Bien Sr. Casares Quiroga. Lo repito: mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi Patria (exclamaciones) y para gloria de España, las acepto también . ¡Pues no faltaba más! Yo digo lo que santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: “Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis”. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio. (Rumores) Pero, a mi vez, invito al Sr. Casares Quiroga a que mida sus responsabilidades estrechamente, si no ante Dios, puesto que es laico, ante su conciencia, puesto que es hombre de honor, día a día, hora a hora, por lo que hace, por lo que dice, por lo que calla. Piense que en sus manos están los destinos de España, y yo pido a Dios que no sean trágicos”.

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