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lunes, 24 de enero de 2011

La mala educación

Amy Chua es una americana de China, nada menos que catedrática de la prestigiosa Universidad de Yale, y empeñada desde hace unos años en hacer declaraciones mediante sus ensayos, artículos y libros, que desde luego, no dejan a nadie indiferente. Hace 3 años vino a decir que existía una “pigmentocracia” o lo que es lo mismo, que dependiendo del tono de piel, las posibilidades del individuo para desarrollarse en mayor o menor medida quedaban supeditadas a su condición genética. A punto de cumplir 49 años, Amy ha organizado un debate que conviene tener en cuenta.

En su obra, la profesora universitaria que fue educada de manera estricta por sus padres, cree que hace falta ser una madre tigre, o lo que es lo mismo, no prestar más consideraciones ni hacer del niño un consentido, un mimado, un holgazán. Algunas perlas que nos trae se refieren a su visión educativa en estos términos: “…los críos, por sí mismos, nunca quieren trabajar, por lo que es esencial anular sus preferencias”. Hace una valoración de cómo en Occidente educamos a los hijos de manera que no cueste nada para ellos; privados de la sensación del fracaso, arropados precisamente ante cualquier revés, aporta cómo en China, los hijos desde pequeños, saben que las cosas cuestan, aprende a valorar cada una de las pertenencias y se les inculca desde el comienzo a esforzarse para llegar a algo en la vida. Decía hace unos días en una cadena estadounidense: “¿Puede ser que la rígida filosofía de los padres sea la razón por la que China empieza a imponerse sobre Estados Unidos?”.

No se arremolina a la hora de decir que compensamos a nuestros hijos con toda suerte de caprichos precisamente porque no disponemos de horas para su crianza y educación, porque el ritmo social que aplicamos deja a los hijos en manos de la televisión. Arguye que en China, los resultados escolares son demoledores. El último informe PISA hace de los orientales los mejores en matemáticas y en ciencias. Cree que la base de una educación correcta es controlar los caprichos del hijo e inculcarle el esfuerzo como vía hacia su crecimiento personal, y lo expone así:

“Cuando los niños fallan en algo, en lugar de decirles que hay que trabajar duro, la primera cosa que los padres occidentales hacen es plantear un pleito”

“Rechazo doblegarme a la corrección política de las madres occidentales, que es una estupidez. ¿Crees que los padres fundadores de EE.UU. tenían niños que van a dormir a casa de un amigo? Estoy convencida de que tenían valores chinos”.

“No estoy segura de que los occidentales tenga opción de elegir. Los padres sólo hacen lo mismo que hacen los demás. No se cuestionan nada. Simplemente repiten las cosas, que a los niños les has de dar libertad para que persiga su pasión, que no es más que dejarlo diez horas con Facebook, una total pérdida de tiempo”.

“Los padres chinos pueden ordenar a sus hijos que tomen una dirección. Los occidentales sólo pueden pedirles que intenten ser mejores”.

“Los padres chinos pueden decir a su hijo que es un perezoso, que sus compañeros van por delante. Los occidentales tienen un conflicto e intentan persuadirles pero sin que esto suponga para ellos una decepción”.


Lo que sí me ha dado que pensar de esta catedrática nada menos que de Yale, es que vivimos en la cultura del todo vale, donde hemos desterrado cualquier prohibición, a no ser que se refieran a modos culturales y éticos del pasado o de influencia cristiana. Nuestros niños pueden quedar afectados por contemplar una corrida de toros, como Oliart, el director de RTVE decía hace poco, pero no les pasa nada viendo al día decenas de asesinatos reproducidos con fidelidad cinematográfica. Es más, hasta creamos programas televisivos donde se vende la imagen del adolescente que no hace nada, ni estudiar ni trabajar, que ha terminado por convertirse en topónimo de una generación entera, la “NI-NI”. Una lástima que los valores a inculcar, en efecto, vengan incluso impuestos por nuestro sistema educativo: eliminamos los exámenes de recuperación y dejamos a criterio de los padres y profesores, que el alumno pase o no de curso. La promoción directa del que no se lo merece es una más de las muestras, entre las que encontraríamos al padre que venga los suspensos de su hijo pegando a un profesor, o donde presentar modales sale caro (no ha mucho conocíamos la agresión de un joven a un adulto que le increpó por no ceder su asiento de autobús a un anciano).

Hemos creado, y estamos fabricando a pasos agigantados, monstruos. Hay quien dice que en unos años, viendo el nivel educativo que hemos consagrado, acudirá a los curanderos y sanadores en vez de a médicos titulados. Lo cierto es que estas generaciones de niños de 25 años hacia atrás, son diametralmente distintas a la mía. No hay salud en los juegos, ni inocencia en los tratos. Los padres se preocupan por no sociabilizar al niño y eliminan de la práctica y del vocabulario los términos restrictivos, el no, cualquier causa que produzca el efecto de la obligación o del esfuerzo. Somos inmutablemente culpables (y sin ser padre me meto) de un problema que en efecto, advierte Amy Chua, no sé si con toda la razón, pero sí la suficiente como para que alguien empiece a pensar que esta generación jamás podrá ser mejor que las predecesoras, cuando menos igual, campando en un mundo donde primero aprenden sus derechos, niegan por capricho sus deberes y desconocen el concepto del esfuerzo, de la privación y la necesidad. Y es que, tal vez, ser rico es una putada.

4 comentarios:

Ralph dijo...

Creo que la crisis que padecemos, aparte de los muchos problemas que va a traer a la gente con menor poder adquisitivo puede servir para despertar dichos valores en muchos, desgraciadamente siempre habrá quien pueda seguir siendo un niño mimado de la sociedad actual.

J. Carlos Medina dijo...

Sin quitarte un ápice de razón en tus quejas, y como padre que podría excusarme pero no lo haré porque sincera y honestamente tienes razón, hagamos una fotografía de la juventud de los años 60 o 70 y de la juventud actual. Ambas generaciones tienen un denominador común. Ese denominador común son los padres de estas y aquellas generaciones en cuanto que ambos tenían una mala opinión de la juventud que en su día parieron. Elvis Presley, Los Beatles, los Rolling Stones, Los Brincos, las drogas que se consumían en aquella época, la minifalda, el pelo largo, las chicas ye-ye, los hippies, etc. Todos eran los exponentes a demonizar porque todos y muchos más de los aquí expuestos hacían ver que la joven generación que tomaría las riendas de esta país o de cualquiera del mundo civilizado era las peores de toda la historia.
Creo que siempre se ha desconfiado mucho de las nuevas generaciones (no hablo de las del PP, entendámonos). Aquí se hace bueno aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor pero curiosamente generación tras generación del mundo occidental ha ido evolucionando y avanzando hacia una sociedad mejor. Hay más conocimiento, avances tecnológicos, y curiosamente ese avance es exponencial y será gracias a las generaciones futuras.
En cuanto a Amy Chua, fíjate en otro detalle. Mientras que en la entrada posterior a esta la ideología socialista no sale muy bien parada, aquí parece tener cierto beneplácito, aunque sea de una manera muy sucinta. Esta buena señora, como dirían los antiguos, remanece de un país con una dictadura disfrazada de comunismo y por tanto no seré yo el que ensalce los valores de rectitud de ese régimen político. La rectitud que promulga esta china ya existe en los países orientales desde hace muchísimos años, diría siglos, pero no es desde hace muchísimos años que china está levantando cabeza. Por tanto no creo en que sean esos los valores que estén levantando a este país a niveles insospechados hace dos décadas. Lo que está levantando a este país es la tiranía disfrazada de progreso. Chinos trabajando 18 horas diarias, una clase media emergente que sigue viviendo en edificios con un solo cuarto de baño para toda la comunidad de vecinos. Polución a niveles totalmente insalubres, sobreexplotación de los recursos naturales y una doctrina dictatorial que para mis hijos yo no quiero. Japón, país también oriental pero democrático, goza igualmente de una rectitud en su educación que difícilmente se la salta un galgo, tanto es así que el índice de criminalidad es bajísimo, pero no se te ocurra llamar “carajote” ni mirar de mala manera a un policía local que te tiras en la trena una larga temporada. Trabajan a destajo y solo tienen una semana de vacaciones al año. China para los chinos y Japón para los nipones. Por tanto señora Amy Chua, quédese usted con su mal ejemplo chino que yo me quedaré con mi mal ejemplo español deseando que usted y yo pongamos nuestras miras en el ejemplo Noruego o Sueco, por ejemplo, donde también la juventud coge vuelos chárter para pillar un peo del quince en Mallorca junto con los alemanes y los niñatos se tiran por los balcones (pa habernos matao y pa matarse) y las chicas se tiran a todo lo que se mueve pero resulta que saben cuándo hay que ser joven y cuando hay que ser adulto. (Si salen vivos saltando balcones claro)

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Pero, entonces, ¿el camino es dejar que nuestros niños disfruten de tres horas mínimo de televisión, más la del videojuego, más la media hora al menos de red social por internet al día? ¿Dónde se quedó ese día a a día del escolar con clases extraescolares, actividad deportiva y calle con los suyos? ¿Nuestro modo de entender la educación sí es propio? ¿Exigimos (no digo bastante) algo a nuestros escolares, hijos o ahijados (véase el caso)?

En los años 40 nace una generación distinta a la nuestra. Conozco (por familia) a muchos de estos. Nacieron aprendiendo valores que nosotros hemos desechado. La familia tenía un hálito de respeto que no tiene hoy. Un primo era confidente y amigo, y el ambiente general animaba a la relación entre iguales. La calle era un universo donde hacerse hombre y el esfuerzo la única manera para llegar a ser alguien. El trabajo y la madurez, a veces antes de tiempo (pero porque hoy no llega ni a los 25 años) eran un todo.

Yo no sé si Amy está equivocada o no. Lo que me queda claro es que este modelo no es tolerable en España, en Occidente. Y a lo mejor el chino tampoco, ojo.

J. Carlos Medina dijo...

No, no. Si no te niego la mayor y mi preocupación sobre la juventud española es igual que la tuya. Lo único que yo cambio 3 chinas por una sueca.