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martes, 11 de enero de 2011

Isabel I


Gozó desde su infancia de una de las más privilegiadas educaciones gracias a su institutriz Beatriz Galindo sabiéndose que era una lectora empedernida. Le toca vivir una época de guerras intestinas en Castilla, desatadas desde el reinado de su padre Juan II y continuadas durante el Gobierno de su incapaz hermanastro Enrique IV. Fue sin pretenderlo, protagonista de las luchas que los nobles propiciaron entre ella y su sobrina Juana (hija bastarda de la reina consorte y de Beltrán de la Cueva y no de Enrique IV, el rey) de las que sale triunfante y con la corona del reino más extenso y notable de la Península Ibérica.

Su hermanastro quería casarla con el Maestre de Calatrava Pedro Girón; pero tuvo suerte la joven Isabel de que este muriera cuando se desplazaba para efectuar el enlace, no sin antes blasfemar de manera poco cristiana por no lograr su pretendido enlace. Otro nuevo matrimonio se le impuso, pero aparece en escena Fernando de Aragón, heredero de este reino. Con este matrimonio, se alcanzaría el deseado sueño de unificar progresivamente los reinos peninsulares. E Isabel aceptó, entre otras por parecerle más atractivo que los otros pretendientes, además de ser once meses más joven que ella. Tuvieron para conseguir sus pretensiones que llevar a cabo una treta sin igual: los jóvenes se encontrarían en Valladolid disfrazados. Y la futura Isabel I lo hizo encarnando a un hombre, en concreto revestida como si fuera un mozo de mulas de una expedición de comerciantes rumbo a Barcelona. Era 1469 e Isabel era de tamaño medio, muy blanca de piel, rubia, con los ojos verdes, hermosa y muy alegre.

Desde ese matrimonio, tuvieron que pasar varios años (estalló de nuevo una Guerra Civil entre los partidarios de la bastarda Beltraneja e Isabel) para ser reconocida reina en 1474. Su esposo Fernando, no estuvo en la ceremonia, pero a su regreso, pretendió que se le considerara Rey al tener sangre de los Trastámara, oponiéndose la nobleza castellana. E Isabel vino a decirle que ella era la verdadera soberana y que el interés de ambos era estar unidos, por lo que en 1475, se acuña la famosa frase de Tanto Monta, Monta Tanto, Isabel como Fernando. Y al poco, el rey de Portugal pretendió tomar Castilla al considerar ilegítima a Isabel como reina. Afortunadamente, el rey de Francia sí que la reconoció. Como vemos, heredaba la joven monarca un reino en continuas luchas, destrozado e hizo de él el origen de otro nuevo, España, el primer Estado Moderno de la Historia. Y conquistaba además para los españoles, América. De un terreno ensangrentado, hizo Isabel la Nación más próspera que en aquel entonces había sobre la faz de la Tierra.

En 1481 conseguían los esposos la unificación de Castilla, León, Aragón, Cataluña y Valencia. Y en dos años hicieron reformas impensables en Justicia, el Clero, la Nobleza y el Orden Público. Crearon la primera policía del mundo, expulsaron a 40.000 forajidos y tuvo la serenidad para plantarle cara a la nobleza, que sin duda era causante de los males de Castilla. Cuando los desposee de sus privilegios y estos amenazan con levantarse en armas, Isabel contesta: “Podéis seguir en la corte, retiraros a vuestras posesiones o tomar las armas, pero mientras Dios me conserve en el puesto al que he sido llamada, no seré juguete de mi nobleza”. Y en las Cortes de Toledo de 1480 le quitó la mitad de las rentas a los aristócratas y las repartió entre los huérfanos y viudas de los militares. Además, al ver que entre las tres principales Órdenes (Santiago, Calatrava y Alcántara) sumaban más de tres millones de ducados triplicando el poder de la misma corona, le quitó al Papa el derecho de nombrar a los Maestres nombrándose ella La Gran Maestre y tomando derecho sobre rentas que se destinarían a las necesidades de Castilla.

Que Isabel era católica como pocas lo dice hasta el apelativo y distinción que el propio Papa le concede y con cuyo sobrenombre ha pasado a la historia. Pero eso significa que le temblara el pulso a la hora de poner en su sitio a las dignidades eclesiásticas. A finales del siglo XV, la fuerza de los obispos y cardenales españoles superaba al mismo Gobierno Regio. E Isabel quiso poner freno a los desmanes y riquezas de los mitrados. El arzobispo Carrillo tuvo la osadía de decirle: “así como pude poner el cetro en sus manos, podría obligarla a tomar la rueca”. E Isabel, que se las gastaba como debía, consiguió que el Papa le autorizara a nombrar obispos (hasta el momento lo hacía Su Santidad) y destituyó al de Carrillo, controlando desde entonces, las rentas de los episcopados. Con las rentas obtenidas, mejoró el ejército, que lo profesionalizó, creo la artillería española, fundó los hospitales para heridos militares, (los Hospitales Reales, o de la Reina) amplió las fronteras, unió la Península, costeó el viaje de Colón que significó la ganancia de América para España y fue además, militar a la cabeza de los suyos en la Guerra de Granada.

Una anécdota simplifica muy bien su aguerrida compostura, fuera de lo común para una mujer de su época: personada en la batalla de Baza, que se declinaba al principio a favor de los sitiados al mando de El Zagal, los cristianos, al ver que sobre su montura se arrimaba hacia la vanguardia expuesta al tiro enemigo la mismísima reina, empezaron a corear: ¡Castilla, Castilla, por nuestra Reina Isabel!

Moría a los 54 tras 30 de reinado. Fue, en palabras de los historiadores serios y certeros, la verdadera arquitecta de España, la que consiguió la creación de lo que ha sido, es y será, nuestra Nación. Pese a quien pese. Enterrada en Granada, la ciudad de sus ojos, los granadinos sentimos especial veneración por su figura. Y como ayer, hoy, seguimos pensando que Castilla (España), con Isabel.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Además de todo lo que cuentas, desde el Arzobispado de Valladolida se lanzó en su día su causa de canonización.

Quizás lo políticamente correcto hace que sea muy poco difundida este hecho del que, seguramente, desde Granada tendríamos que "apoyar" de algún modo...

Un abrazo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Lo cierto es que en esta ciudad sigue todavía planeando cierta opinión nefasta sobre el reinado de los "Católicos". Algunos se empeñan en pensar que el reino nazarí, que llevaba a la altura de 1492 más de un siglo de decadencia absoluta y en un estado económico bastante crítico, era cuna de un esplendor que creo, se debe más a un exceso de literatura ficticia que a una realidad. Al-Andalus, no vamos a negarlo, fue una cultura sin parangón que como todo periodo histórico, estaba en franco retroceso y la capital del reino heredero de todo esto, Granada, no se había escapado a ese momento decadente. Granada pasa gracias a Isabel, y luego a su nieto Carlos, a vivir de nuevo un momento esplendoroso, tan altivo y tan próspero como el más destacable en sus 2700 años de historia (hasta hoy). Ese filoislamismo que denuncié no hace tantos días es el que impulsa una corriente de desprestigio hacia la que sin duda debe ser considerada una de las principalísimas gobernantes de la historia de la Nación y máxime teniendo en cuenta que en las fechas en las que se resuelve su labor pública, una mujer jamás estaría llamada a otra cosa que someterse a los dictámenes del esposo, en este caso con tanta fuerza y valía como ella. Así que Isabel I es, pese a los anónimos comentarios que he recibido, alguien digno de figurar en la historia con letras de oro. Y como bien dices, la causa llevada a estudio sobre su "olor de santidad", algo que compete a los que nos consideramos católicos y en efecto, podemos entender (nunca juzgar desde el siglo XXI las actitudes y modos del S. XV) que hizo méritos para subir a los altares.

Anónimo dijo...

No entiendo como vía anónima se puede desprestigiar, corrijo, intentar desprestigiar los hitos alcanzados por Isabel... cuando seguramente, por cualquier chikilicuatre del tres al cuarto se coloca en un pedestal.

Aunque quizás el problema venga por el tema que he comentado de su proceso de canonización. Efectivamente, David, eso nos compete a los católicos y, lo que resulta ilógico como manifiestas, es juzgar con prisma del s. XXI hechos acontecidos hace medio milenio... Que su vida fue ordenada conforme al Evangelio y la interpretación del mismo en aquel contexto histórico queda fuera de toda duda: sobriedad en su vida, recepción frecuente de los sacramentos, profunda espiritualidad eucarística... lo que puede ser propuesto a los católicos como modelo.
Del mismo modo, pensemos en los santos estilitas y examinémoslos con nuestros ojos: llamaríamos loco a una persona que en pleno s. XXI se subiera a una columna a vivir, rezando, viviendo de las limosnas... y aún así, la Iglesia los consideró modelos de santidad por sus virtudes.
En fin, que imagino que los que critican la santidad también se rasgarán las vestiduras por la beatificación de Pio XII a causa de una leyenda negra infundada y que queda en evidencia en documentos históricos (eso sí, que hay que leer y no vienen en el periódico de cabecera de más de alguno).

Un abrazo y enhorabuena por esta labor... Santi.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Bueno, date cuenta también que hay algunos que oyen España y ven al demonio. Quizás la propuesta inconexa y que no se sostenía del de la murga de los currelantes les satisface más. Porque en efecto, a algunos eso de reclamar un carácter neta y exclusivamente andaluz para Granada, les pone el asunto erecto. Aunque sea más mentira que las monedas de tres euros. ¡Qué más les da a ellos explicaciones semánticas, léxicas, históricas o geográficas!

Suele ser gente de izquierdas, que alimentaron en ellos (ellos han nutrido luego esto) una operación matemática por la que todo lo español es sinónimo de faccioso y que Andalucía es un paraíso que crearon los buenos musulmanes, muy respetuosos, libres y piadosos.

En sí, todo esto no es más que historias tejidas. Porque el ejemplo que pones es el más adecuado, y porque en casos como estos me acuerdo de una expresión de un buen amigo:

"todo esto es una verdad que lo más seguro es que nunca sucediera". Y lo digo por los herederos (con escritura incluida) de la Alhambra. Me huele raro que esos granadinos (o andaluces, vete tú a saber) del siglo XV que le rezaban a Alá y eran tan buenos, tan demócratas y tan cultos, cruzaran el Estrecho y se convirtieran en lo que son hoy día.

Como diría un motrileño de pro: "zuelta la gallina, que tan visto".

e-pesimo dijo...

Comete usted un grave error. El retrato NO representa a Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, sino a la reina Petronila de Aragón y al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.

e-pesimo dijo...

Comete usted un grave error. El retrato NO representa a Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, sino a la reina Petronila de Aragón y al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.

e-pesimo dijo...

Comete usted un grave error. El retrato NO representa a Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, sino a la reina Petronila de Aragón y al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.

e-pesimo dijo...

Comete usted un grave error. El retrato NO representa a Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, sino a la reina Petronila de Aragón y al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.

e-pesimo dijo...

Comete usted un grave error. El retrato NO representa a Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, sino a la reina Petronila de Aragón y al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.