Visitas

miércoles, 30 de junio de 2010

Agustín de Foxá

Hace 51 años que moría hoy uno de los que, tras la revisión parcial y premeditada de la historia tras la modélica transición española, se convertiría en escritor maldito, un apestado de las letras y digno representante del modelo sobre el que verter las críticas feroces por parte de la progresía intelectual patria.

A de Foxá lo conocí hace relativamente poco, y de él he podido leer, gracias a mi tío Carlos, “Madrid, de corte a checa”. Era diplomático, amigo de Altolaguirre o Manuel Machado, premio Mariano de Cavia y nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua.

Cultivó el teatro, la poesía y la narrativa. Madrid, de corte a checa no exagera, no inventa, no aporta ficción sino que recrea la situación de una España convulsa entre 1931 y 1938. Así de rotundo. Quizás por ello mereció el título de proscrito, de franquista que haya que borrar de la historia literaria, tal vez para que su lugar lo ocupe otro más afecto al nuevo orden político que se empeñan en construir. Pero don Agustín fue escritor, y más bueno de lo que muchos quisieran. Fue un extraordinario relatador de los sucesos reales de una época que resucitan algunos de manera cainita, y hoy hace 51 años que murió, a la edad de 56 años, el conde de Foxá y marqués de Armendáriz, don Agustín de Foxá Torroba, a quien traigo a esta Alacena y rindo tributo.

martes, 29 de junio de 2010

lunes, 28 de junio de 2010

Perros

Según las últimas cifras, hay en España 6 millones de perros domésticos, animales de compañía de entre las múltiples razas por donde se mueve la familia canina. Seis, nada más y nada menos que seis millones de perros. Cada uno con sus particularidades, con las manías heredadas de sus dueños, con formas y maneras de comportarse que han ido aprendiendo y aprehendiendo a lo largo de sus vidas.

Animales muy por encima de lo común, capaces de entender estados de ánimo, capacidades de los humanos, empáticos, que sirven para tratar enfermedades, que ofrecen compañías y llenan vacíos que jamás otro de la especie de dos patas cubriría, allí en cuyos hogares los ancianos, se quedaron solos mientras sus hijos buscan a sus abuelos en cunetas de la desmemoria histórica.

Los perros, animales sorprendentes hasta el grado que el que no tiene uno, jamás sabrá de qué hablamos los que hace años, quedamos subyugados por su nobleza, por su fidelidad, por su desmedido y desinteresado comportamiento, por su siempre apropiada compañía y por los ademanes que de tanto en vez, nos provocan, hasta en los peores momentos, una sonrisa.

Perros, seis millones, de los que al año, de ellos producen tan solo veinte algún tipo de agresión que puede llegar a cobrarse una vida. Increíble. La cifra, en clave estadística nada menos que equivale al 0,00003 %. No llegan a cinco muertes anuales, aunque por aquello de comparar, 2.172.175 vascos, teniendo en cuenta los últimos cuarenta años, cometen 25 asesinatos anuales. Y sin embargo, el animal que ven en estas fotos, esta máquina asesina capaz de matarte a lametazos, peligrosa alimaña de diez kilos que no deja de buscarte y de procurarte cariño, produce miedo entre los niños. Nos hemos vuelto todos medio gilipollas. Las madres, cuando ven avanzar a tan agresivo perro como mi hembra de cocker spaniel de once años de edad, diez kilos y ciento treinta gramos de peso y que no ha sido capaz nunca ni siquiera de moderme un calcetín, cogen raudas de la mano a sus infantes, y se los pegan a su cuerpo, no sea que mi perra les ataque.

Nos hemos vuelto gilipollas, cuando la amenaza real son sus niños, esos hijos de... caprichosos, consentidos, irrespetuosos, libres para todo, sin ataduras ni atisbos de disciplina cariñosa pero certera que sí vivimos los demás. Esos que si vienen de visita a casa, hacen peligrar jarrones, ceniceros, figuritas, tapicerías y la estabilidad de las cortinas. Esos que manchan manteles y derraman copas. Esos que te contestan, gritan y te plantan cara si como adulto, te atreves a corregir sus actitudes desafiantes, de niño de un primer mundo que todo les ha dado sin que ellos contribuyeran en nada a la sociedad.

Nos hemos vuelto gilipollas, con un miedo infundado porque uno de cada 300.000 perros, por culpa de sus amos indudablemente, ha atacado en alguna ocasión. Nos hemos vuelto, así, sin más, unos rotundos gilipollas; porque por esa misma razón, y atendiendo a los 800 presos vascos, asesinos o cómplices de asesinato, sin contar a los cachorros de la banda, si por una irrisoria estadística como la perruna condenamos a la especie canina, yo pediría igual miedo hacia todo aquel nacido en las provincias vascongadas. Sí, señores, sin ser ni querer, ni pretender corrección política alguna, ya que mi perra, la pobre de mi perra que mata a lametazos y asfixia a base de cariños y búsqueda de caricias provoca entre esa caterva de madres gilipollas tanto miedo, a partir de ahora, cuando pase junta a un inmigrante, me apartaré, porque estadísticamente, suben la criminalidad de la nación. Y si sé que a mi vera hay un socialista, procuraré otro asiento, porque sé que cada vez que un socialista ha pisado el Gobierno, España ha cosechado los peores datos económicos, de bienestar social y los más bajos índices de calidad de vida. Y si sé de alguien que vive en los distritos de la Zona Norte de Granada, rehuiré su compañía porque allí es donde, estadísticamente, más droga y más delictividad existe de toda Granada. Y si...

Gilipollas, nos hemos vuelto gilipollas. Esta mañana, mi perra se ha prendado de un macho siete veces mayor que ella. Un generoso Rotweiller de imponente musculatura y definidos cuartos traseros. Su ama, me decía: lo llevo con bozal, que la norma dice que a partir de 20 kilos así debe ser. Pero si tengo que salir a la calle y dejar solas a mis hijas de doce y diez años una hora, sé que estando Atila dentro del hogar, no pasará nada... Ahora, con un vasco, un socialista, o un inmigrante, no me atrevería... Y le he dicho yo: ni con una de estas madres gilipollas que confunden un perro con un león de la Sabana...

domingo, 27 de junio de 2010

Sabino Arana

He aquí algunas frases que resumen el pensamiento independentista vasco, cargado de odio, de incitación a la violencia, y de lo que sin duda, no cabe más que pensar, son exabruptos cerebrales de un enfermo:

El vizcaíno es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe.

El vizcaíno es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras y sabréis que un vizcaíno hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos.

El vizcaíno no vale para servir, ha nacido para ser señor; el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo.

El vizcaíno degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice.

El vizcaíno es de andar apuesto y varonil; el español o no sabe andar, o si es apuesto, es tipo femenino.

Les aterra oír que a los maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah la gente amiga de la paz..! Es la mas digna del odio de los patriotas".

Gran número de maketos parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues mas que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada solo revela idiotismo y brutalidad.

Tardaba poco yo en talar el árbol de Guernica... Y los cimientos vascongados...

viernes, 25 de junio de 2010

Javier Sabio Sánchez, presbítero

Te conocí hace casi 18 años sin que el tiempo, que no es poco, te haya borrado un solo matiz de tu admirable personalidad. Sin que los años, varapalos, altibajos y cambios hayan podido virarte en nada de tus admirables maneras de ver y ser ante la vida.

Hace menos, aquel verano pseudo deportista nuestro, me espetaste en la cara tu decisión. No podía ser en otro lugar ni mejor enclave encontraras que el añejo “Camino Patria”, a caballo entre el mar y Motril. Supe desde ese instante que tu alegría iba a ser la nuestra, la de aquellos que te tenemos por amigos, que tu felicidad sería dobladamente compartida entre todos y que el destino final de tu balbuceante principio llegaría.

En unas horas, cuando tu envergadura, tanta como la dimensión humana de tus instintos, barra el ajedrez que es el suelo de la Magna Iliberitana, cuando reclines la vista ante la silla de Elvira, cuando asumas plenamente que ya sí, ha llegado el momento, a muchos nos costará aliviar el nudo de la garganta.

Nace para todos un nuevo amigo, pero con las mismas armas de siempre. Nadie habrá que pueda si acaso igualar tu generosidad hasta extremos, tu talante, tu bonhomía, tu alegre disposición, tu jovialidad, tu facilidad para ponerte en el lugar del otro, tu capacidad de escuchar, tu inquebrantable conciencia y tus inamovibles principios, idénticos, sin fisura alguna, a los que yo intuí hace casi 18 años y que nada, nadie y de ninguna, han cambiado.

En unas horas, hermano, que tantas y tan certeras veces nos lo hemos dicho, Dios habrá adquirido a uno de sus más efectivos, verdaderos y capaces ministros. Quizás no habrá nunca que buscarte entre Palacios, con solideos, o sobre sillas episcopales. Te bastará como siempre una tertulia, una reunión de amigos, de seres queridos, un españolísimo caldo en copa, la frugalidad de una mesa, imágenes de arte, tradiciones insondables ante ti, y cosas por hacer, muchas cosas por hacer, que la actividad encuentra en ti sentido.

En unas horas, habré de cambiar el hermano por el padre... Pero qué bien, qué gran Padre cobraré en unas horas; y será, por siempre...

Milenio

Cundió el entusiasmo en el mismo instante en que supimos que Granada podía salir reforzada desde todos los puntos de vista, acogiendo una magna celebración que recordara que hacía mil años, se había creado un Reino uqe persistió con homogénea jurisdicción por espacio de 820 años, hasta que en 1833, el primer Ministro de Fomento español, el motrileño Javier de Burgos, aplicara una división territorial nueva a la nación, articulada en torno a 50 demarcaciones con el nombre de provincias, como hoy día siguen.

A tres años vista (dos y medio, sinceramente) de tal acontecimiento, las voces discordantes con el proyecto, antes que decrecer, aumentan. En efecto porque daría para mucho debatir sobre la idoneidad de recordar tal fecha, a sabiendas que en el transcurso de este reino, se cometieron atrocidades a manos musulmanas sin pudor, caso del primer pogromo de la historia en contra de los judíos (1090), la intolerancia almorávide con los mozárabes (cristianos), el acrecentado odio de los mandatarios musulmanes hacia los cristianos durante el gobierno almohade, y la sucesiva pérdida de poder, importancia y peso de los nazaríes, que significó la respuesta igualmente autoritaria de los cristianos, esta vez hacia los musulmanes. A pesar de ello, algunos falseadores, cínicos, mamporreros del poder socialista y otros, se empeñan en hablarnos de la convivencia entre culturas, tal vez obviando que el término gueto cobró su primera realidad en el al-Andalus medieval.

El caso es que cualquier oportunidad para que Granada empezara a cobrarse su particular deuda histórica con el resto de ejes socio-culturales del Occidente andaluz, me pareció hace ahora dos años largos, excelente. Soñé con una transformación estética de la ciudad, una oportunidad de resarcirnos con nuestro pasado y un empuje a proyectos fundamentales como el cierre de la Circunvalación, las mejoras de movilidad en el Área Metropolitana, el impulso al aeropuerto, la ejecución de los tramos que faltaban de autovías y enlaces y el sueño de los grandes proyectos culturales que demanda la ciudadanía desde hace más de una década.

A día de hoy, Calderón de la Barca está más de actualidad que Maradona. Porque los sueños, en efecto, “sueños son”. No nos queda otra. Hace unos días, pude leer una entrevista que hacían a doña Teófila Martínez, que va camino de convertirse en la alcaldesa española más respaldada por un pueblo, y a Dios querer, con un ejercicio de nada menos, 20 años al frente de la ciudad de Cádiz. Allí, 2012, será la fecha clave para redescubrir la trascendencia insondable que jugó la “tacita de plata” en la España del siglo XIX. Se cumplen doscientos años de la proclamación de la primera constitución española, y la primera europea del mundo moderno, con todo lo que ello vino a significar. Tres años antes de su celebración, ya se había conseguido la celebración de una “Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado”, que se organice un “Consejo de Municipios y Regiones de Europa”, una “Regata de Grandes Veleros”, “concursos escolares”, una “Gran Gymkhana del doce”, el nombramiento de la ciudad como “Capital Iberoamericana de la Cultura”, más de un centenar de representaciones culturales, la creación y erección de la “Casa de Iberoamérica” o llevar a cabo el “Congreso Iberoamericano de Municipios”.

Faltan menos de tres años para nuestra efemérides, y aquí no sabemos más que dimite uno, viene otro, no se garantizan inversiones, se puentea al Ayuntamiento en proyectos decisivos como la Estación del AVE, aunque luego nos toque a todos pagarla, se guarda sine die el proyecto del Palacio de la Ópera, con toda probabilidad, en 2013, no habrá AVE, a Dios querer, habremos acabado las obras del Metro pero desde luego, me cuesta pensar que este entre para entonces en funcionamiento, y prosiguen las peleas y el no ponerse de acuerdo sobre el espacio por donde hacer transitar el segundo anillo de la circunvalación. En la Costa, nada de Autovías terminadas, utopías de un siglo largo sobre el tren que explote su puerto y ninguna inversión que revitalice la zona.

A mí el Milenio me suena a cachondeo. Seguro que haremos congresos para prodigar el Islam, hablaremos de la alianza de civilizaciones, acontecimientos planetarios y gavinas de cocheros; cuatro onegés pedirán con vehemencia, dinero para enseñarles a las habitantes del más recóndito pueblo del Atlas, qué pueden hacer con su clítoris si es que este sigue en el sitio que debiera, y en el siguiente estudio económico, nos tendremos que desayunar con que Granada, según los más fiables indicadores, sigue siendo la provincia más pobre del territorio nacional.

Y los mamporreros del partido, se frotarán las manos. En tiempos de crisis, las cosas no van tan mal. Siempre habrá posibilidades, terminado el Milenio, de engancharse en una Empresa Pública andaluza o aspirar a una consejería. Tiempo al tiempo.

jueves, 24 de junio de 2010

Español

Periódicos que te regalan el abanico; el de la competencia, un pareo. La promoción de un supermercado, se atreve con toalla y balón de playa. Por un euro más que cargan en tu cuenta, en el banco te dan las sartenes halografiadas. En los añejos Todo a Cien, banderas, bufandas, camisetas, pantalones de deporte, calzoncillos y tangas, calcetines... Los inmigrantes han incluido en sus mantas, los éxitos de Escobar, y el “Que viva España”. De aquí al viernes, vamos a vender hasta cromos con nuestros héroes inmortales, grabados de las hazañas bélicas más sonadas y puzzles con los parajes más insólitos de la nación.

España, España, España... Joder, hace dos días, algunos éramos mirados como bichos raros. Me place que el fútbol consiga lo que es de ley y de razón. Admiro a los que se excusan aunque sin conseguir nada, diciéndote que ellos no son menos patriotas por no lucir una faja con los colores estatales. Pero los que bebemos en una taza con esa enseña, sumamos cuatro cinturones con dichos colores, tenemos dos corbatas (que despiertan suspicacia, ¿verdad Juan, en Almería?) con evidentes tonos, paseamos nuestro perro con un collar que luce la rojigualda y llaveros de casa, logos de coche, cinta escueta en el cabecero de la cama y tantos otros, nos recuerdan a diario que uno se siente contento, orgulloso y convencido de que las tres franjas con el rojo y el amarillo ancestral es enseña y parte de los que estuvieron, están y estarán, empezamos a mosquearnos.

He dejado mis cinturones y cuantas preseas personales pueda exhibir en la calle (polos, camisa...) que quiera recordarle a alguien que no soy un advenedizo, que no me he apegado a la moda patrio-futbolera, que para mí esto es mucho más serio, más convincente, más reflexivo. Que España en este que se ha empeñado en estudiarla, significa mucho más; una forma de entender la españolidad costó la vida a algunos de mis mayores; otros, se dejaron el resuello en su logro. Es una herencia, escueta y pobre tal vez, pero mi herencia. La de sentirme orgulloso de una nación que ha dado muy por encima de la media en el cómputo de la historia. No puedo más que reírme de las emulaciones regionales, la andaluza por ejemplo, ante los que sabemos que España es el milenario grito la honradez, el honor, la vergüenza y la ilusión. Incluso ante los titánicos esfuerzos demoledores de este Gobierno.

Si por medio de una Selección (sin su aberrante y mercantilista apelativo de la roja, que para mí, siempre fue La Pasionaria) la mayoría de sus ciudadanos se visten con los colores de todos, de los de izquierdas, derechas, creyentes, no creyentes, con tonos de piel más o menos claro, de todos... me sentiré orgulloso. Lo malo es que profetizo que se trata de un esnobismo pasajero, quizá este mismo viernes se rompa el espejo patriota que aguijonea, que espolea nuestro fútbol.

Por eso yo he preferido que pase el virus rojigualda y acabadas las chanzas deportivas, quedemos los de siempre: los que somos mal mirados por sentirnos profundamente orgullosos de los colores de nuestra bandera, los que somos recibidos al jaleo inconsciente de “fachas”, los que hemos resistido impertérritos miradas desafiantes de desarrapados con más mierda de la consentida y soñada en su cuerpo.

Cuando se torne a la realidad, y en este país sentirse español vuelva de nuevo a ser interpretado como un guiño trasnochado, fascista y retrógrado, mi perra volverá a lucir su collar. Llevaré mis cinturones, asomará el fin de mi llavero por el bolsillo, luciré alguna camisa, si he de ponerme traje escogeré tal vez una de las corbatas señaladas y volveremos los “últimos de Filipinas” a la realidad, superado el aborto mercantilista y aprovechado de estos días.

Eso sí, como eterno ritual, cuando el café ya haya caído en mi taza, la que me recuerda los que dieron la vida por esos colores, los que soñaron desde la intelectualidad o el tesón anónimo de cada uno de sus días con una España de veras, me sentiré enormemente orgulloso de los mismos; me sabrá mejor el café, me dará ánimos para el repaso diario a la prensa proscrita y como ayer, creeré sin haber visto. Quizás a pocos metros, otros empaqueten sus múltiples ajuares de una tienda de chinos a la espera de que la “roja” (que no, que no es Pilar Bardem) engatuse en otro campeonato. Que a mí, el deporte no me hará disfrazarme como si estuviéramos en carnaval de lo que no siento. Que yo llevo no disfraz, sino piel de España, herida a cada día, POR BANDERA.

miércoles, 23 de junio de 2010

Hermano Mayor

José Miguel Pérez López es un hombre de esperanza... No, tranquilos, no es porque San Agustín necesitara un viraje, ni mucho menos. No trae ideas que remuevan los cimientos mismos de la Hermandad y tampoco protagonizará cambios que afecten a lo único que es sagrado en el colectivo cofrade, que es la normalidad asumida desde sus inicios, el mismo sentido devocional, la misma línea a seguir, el buceo en una identidad y personalidad cofrade que no tiene lugar a cambios.

Les decía que José Miguel es un hombre de Esperanza, de las veces que hay que escribirla con mayúscula, y todo está dicho. Tiene corazones tintados a rayas negras y verdes y esconde motivos sobrados para escogerlo, conservarlo y avivarlo como amigo. Es un señor, de esos que cada vez cuesta más encontrar, un cofrade comprometido, responsable, serio, severo y tenaz. Un conspicuo tertuliano, un amante de la vida del sosiego, un apostante por las cosas bien hechas y un hombre crítico con el trabajo propio. Alguien que no defrauda y que en sus empresas personales, deja resuellos y tuétanos si menester fuera.

José Miguel es costalero, que más de dos décadas lo avalan. Es cofrade, de los que el término cuaja a la perfección con la persona. Es amigo, con ese reposo y buenas maneras que lleva en sus gotas de sangre alpujarreñas, y dejará las herencias de la fe a sus dos hijos y transmitirá lo mejor de sí, que es nada menos que él mismo a los suyos. Pero a su vez, y desde hace tan poco, es el nuevo Hermano Mayor de la Hermandad del Santo Cristo de San Agustín, gracias a 86 de los 88 votos emitidos, sucediendo así a cofrades que no merecen más que halagos como Manuel López Guadalupe, Miguel Ángel Fernández Medina, Miguel Luís López Guadalupe o Juan Pedro Aznar Hernández (no, no se me olvida nadie, y ya cada cual que concluya el listado, este es el mío).

En estos cuatro años, José Miguel seguirá haciendo lo que mejor sabemos los hermanos de esta Familia de fieles: propagar nuestras devociones y acrecentar en nosotros mismos la sensación de que esta es una casa, la de todos, la que anhelamos ha mucho y se ha forjado en la base de la fe y de las buenas relaciones, sin fisuras ni discusiones estériles. Y Josemi, el grande de Josemi, escribirá la historia que ya le han dejado redactada.

A todos los hermanos, gracias. A tu gesto, tu entrega, tu disposición, tu valentía y tu honradez cofrade y personal, más que gracias, hermano (mayor).

martes, 22 de junio de 2010

Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín

No soy yo muy dado a caer en vanaglorias personales y mucho menos, en las aptitudes de los grupos, colectivos o asociaciones a los que pueda pertenecer o con los que tenga relación estrecha, pero en esta ocasión, me voy a saltar mi propia norma y traigo aquí una Hermandad que rinde culto al Cristo de San Agustín y que me puede. Me puede Él que desde hace década y media larga me tiene, cuenta y escribe como devoto y hermano, y me pueden mis hermanos, todos, sin excepción, que la hacen grande, que no pierden oportunidad de darme lecciones de qué es en sí una Hermandad y que me recuerdan por qué hace ya unos pocos de años, muchos teniendo en cuenta mi edad, me fijé en ella y puse rumbo al bajo añejo (y que no echamos en falta, todo sea dicho) de la Calle Nueva de San Antón.

La Hermandad no posee uno de los mejores patrimonios de la ciudad, con toda probabilidad no despierta los tirones devocionales que otras presumen (no sé si con o sin razón) y si uno entra en foros y espacios concurridos por los cofrades, no la verán en el candelero, siempre en boga cualesquiera de sus temas que piensen. No, no será esta una Hermandad que despierta y suscita los más espinosos y florales (que de todo hay) temas, pero precisamente porque el titular de prensa más acertado para definirla no es otro que el de la normalidad. En su seno todos saben que lo importante es la devoción y después, el buen trato, la sana disposición y la relación cordial entre todos.

Hemos vivido cuatro años de ensueño. Fruto de la excelente siembra de cuantos tienen en la foto de arriba, y fruto de un sevillano, entrañable, dicharachero, ágil y extrovertido, de un talante único y con ansias de relación y fraternidad. Su éxito, en los hombros de un grupo activo, numeroso e incansable (perdonad que aquí ponga al incombustible de Juan Spitzley como ejemplo) conformado por más de cuarenta hermanos que piensan en negro y sueñan negro con retazos de carey. El resto, desde el último de los penitentes, el más reciente costalero, el cuerpo de capataces y por supuesto, la inquebrantable Junta de Gobierno, única, modélica, verdaderamente servicial, suman los enteros. Por eso, que en unas horas escogemos nuevo hermano mayor y qué hermano mayor como candidato perfilado, yo quiero dar las gracias a mis hermanos, a todos, a los que hacen que no deje de alegrarme por ser de esta Cofradía, a los que me dan lecciones humanas y cristianas y me arrebatan sus maneras, y muy especialmente, a nuestro Hermano Mayor saliente, a mi hermano, el grande, el bueno de Juan Pedro Aznar.

lunes, 21 de junio de 2010

Con un par (pequeño)

Debió de ser en el año 1908, cuando el soberbio Rafael Gómez Ortega, el Gallo, protagonizó una de esas anécdotas que ha dado la vuelta a las entrañas de la intrahistoria de esta España nuestra. Viajaba el diestro desde Sevilla a Madrid, en esos trenes de carbón y humaradas negras saliendo por su chimenea. en Despeñaperros, el tren las pasó canutas. Pero al llegar a Atocha, pisando ya la vieja Estación madrileña, la locomotora decidió avisar con un fuerte silbido su presencia, al tiempo que exhalaba una potente nube de humo, con la fuerza que a lo largo del viaje le había faltado. Y en estas que el diestro (algunos dicen que su mozo de espadas y familiar Manuel Ortega), habiéndose bajado de su vagón y ya en tierra, miró al tren y le espetó: “¡esos cojones en Despeñaperros!”.

Hoy hace una semana que seis hermanos mayores echaron un órdago a la mayor cuando la partida ya había acabado. Hoy, una semana que en el Realejo huele a caquita blanda, como de digestión viral. Hoy, siete días de una fanfarronada que no hubo riles de sostener en el sitio apropiado y ante el que es apropiado para oír la queja.

Resulta que el que no quiere coronar, aspirará a una Medalla de Oro, ha soñado con una no muy distante salida extraordinaria, o simplemente sigue la corriente de los Plenos de Hermanos Mayores allí en el corazón de la Plaza de los Lobos: callar, asentir, y en la taberna más próxima, poner a parir al resto por su falta de arrojo y valentía. No son pocos los hermanos mayores que he podido oír, criticando la impasividad de estas Asambleas, al tiempo que corren prestos a limpiar su imagen y aseverar que son los demás, el resto de colegas, los que se callan y no son capaces de decir lo que piensan o lo que así acordó el Cabildo de Oficiales que presiden.

Ojo, el Realejo no tiene la culpa. Al menos estos hermanos mayores, a destiempo, a deshora, mermados ya de razones y como co-protagonistas de una película de cobardicas y gallináceas, han hablado. No sea, como ya he podido saber, que desde otros barrios se rían a mandíbula batiente, cuando piensan lo mismo pero ni siquiera se atreven a decirlo en sus propias casas de hermandad a viva voz. Aquí la culpa es de 32 hermanos mayores que no hablaron en su momento, y la estultez supina, la de hace una semana, que sin venir a cuento, piden algo a todas luces ya aburdo: la dimisión del Presidente de la Real Federación de Hermandades y Cofradías por su “sui generis” elección.

Pues miren, yo ahora confío en la gestión de don Antonio Martín Fernández y le deseo el mejor de los criterios y toda la voluntad posible, para saber llevar a los cofrades, obedientes, disciplinados, callados, caguetas e inoportunos de esta ciudad. Que los cojones, como la locomotora, cuando la cuesta es pronunciada. Así que en memoria del diestro sevillano, amigos, hermanos (que los sois, faltaría más), esos cojones, “en la Plaza de los Lobos”.

sábado, 19 de junio de 2010

Huéscar

En 1998 conocí al primero de los oscenses que terminarían por formar parte del grupo no ya de amigos, sino de personas con las que estableces una relación necesaria y dependiente de camaradería, salud e higiene mental y ganas de ver con mayor frecuencia. Hace esos doce años que nos separan, el primero que me abrió el mundo distante y sin duda sorprendente de Huéscar, una población retraída en cuanto a número de habitantes pero libro abierto de la historia y la conservación patrimonial, me enseñó paulatina y serenamente, a sentir una especial debilidad por la punta de lanza de una provincia que en su norte, vive a los pies de la imponente Sagra: Huéscar.

A Pepe Valero le sucedieron los Licerán Casanova, y cuantos otros, primero de la mano de una Hermandad, luego de todo un Consejo Cofrade, y al fin, de la propia Parroquia, me hicieron estar en casa y la vez a 170 kilómetros. Y me fui acostumbrando al porte catedralicio de Santa María, que guarda con celo lecciones arquitectónicas reservadas a ciudades de postín, o me fijé en su urbanismo trazado con el gusto reflexivo de las cosas que se amasan concienzudamente. Y me fijé en su extenso catálogo de edificios, palacetes y casas nobiliarias.

Acudí con la exhortación de las cosas importantes a los significados y estimulantes pasos liturgistas de don Antonio Fajardo, y al conocer a Juan Luís García Rodríguez, el aliento de la esperanza sacerdotal rebrotó. Los portes que abarcan desde el gótico al modernismo, casonas con relojes parados, portadas sacras, dominicas de siempre y ermitas con luceros espirituales y "mejores alcaldesas", hicieron el resto.

Huéscar tiene de navarra, de toledana y de ducal cuanto se quiera bucear. Los episodios de la historia se concitan en sus muros viejos, tanto como las puertas donde el Cristo del Candil era vigía perenne, o en donde los gabletes cobran la verticalidad de maestros florentinos como Jacopo Torni. Pero por encima de eso, el territorio de los oscenses, el más pretendido para el paladar del cordero, el que sigue cocinando con las armas de los viejos hornos y las latas prietas, el que ofrece parques descomunales y fríos severos con que arrojar aire puro desde sus techos de piedra a toda su comarca, Huéscar es el lugar donde la gente ha molido una espontaneidad, un gracejo, un tono y acento propio y un odre de tradiciones que emborrachan y contagian.

Acaba de venir de allí mi madre. Ha estado cuatro días entre los suyos y al pisar Granada, ha tenido que reconocerme lo que desde 2001, el año en que pisé aquel feudo, venía repitiéndole: qué buen sitio donde vivir, qué agrado de pueblo.

A cuantos amigos y conocidos de Huéscar pasan por esta Alacena; pretendidamente imposible citar al señor alcalde, a don Gonzalo Pulido, a los hermanos de la Soledad, presidencia de Agrupación, don Antonio Fajardo, mi estimado hermano Juan Luís, las saga Valero y Licerán... porque no los olvido y no faltaré a mi promesa de regresar cuanto antes, aunque ello me cueste más de una amanecida en compañía de Pepe Valero o Jesús Licéran, como fuera antaño.

martes, 15 de junio de 2010

Huelga General

Para todo hay que tener un poco de vergüenza en la vida. Algunos la conocerán por las alusiones que al término, hacen el común de los mortales. Otros no tendrán la suerte ni de poder describirla. En este último grupo se adscriben, los generosos sindicalistas españoles. Con los peores datos de los últimos cincuenta años en España, con la tasa de paro que nos equipara a países en vías de desarrollo, con la deuda externa más abultada de nuestra reciente historia y con la destrucción de empleo más feroz que recuerden hasta los mayores de nuestras plazas y bancos, el sindicalismo español calla; o mejor aún, es tan sumamente bochornoso, tan adoctrinado, tan comprado, que va a pactar con el Gobierno cuando le conviene más una Huelga. De risa. De pena. Desde ese mismo instante, no sé si alguien se atreverá a defenderme un sindicato. Se va a aprovechar la coyuntura, cuando España no sea Presidenta ocasional, interina (o uterina, no sé bien, porque este país es el coño de la Bernarda) de la Unión Europea. Un sindicato puesto al servicio del Gobierno. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si el presidente fuera del PP?

Acaban de cavar una tumba sin regreso. Han tirado por la borda los esfuerzos de tantos sindicalistas que sí hicieron su labor. Son el hazmerreír, la perpetua sorna de tantos que ya no se fían del puñado de "liberados" bajo siglas trasnochadas. A otro con perro con ese hueso. Y trabajen más y sean menos demagogos.

lunes, 14 de junio de 2010

Imaginería Contemporánea

Miren, esta entrada no habría querido yo por nada del mundo dejarla entre las que florean por la Alacena de quienes quieran entrar en ella, pero si me aguanto el nudo termino con tos y no es plan de saturar más si cabe el precario contubernio ese que llaman Seguridad Social. Que si se pone uno a mirar bien, resulta que tengo seguro privado, y colas y retardos, no iba a causar el que suscribe, pero ni por esas. No es bueno regar los intestinos con bilis...

Venía yo a empeñarme en otras ocasiones no muy lejanas, en la incomprensión que produce el arte contemporáneo, no ya en aquellos que los intelectuales denominarían pobres de mente, sino hasta en los que tienen sus estudios en el mundo de las artes y se las han visto en estas lides de la pintura y la plástica de los últimos cien años... Pero es insoportable el panorama que nos ocupa incluso en la tradición más férrea y donde si no está todo inventado, a ver qué guapo saca de su chistera creativa algo que venga a sumar.

Porque estas líneas procuran decirle a la inmensa cantidad de imagineros, que desde los 16 a los 70, pueblan el mundo de la obra religiosa procesional en España, con un grueso mayoritario, casi exclusivo en Andalucía, que son malos de categoría. Que no valen para esto; que no nos torturen más con esas incalificables iconografías que repiten hasta la saciedad los modelos archiconocidos; que están repetidos, adocenados, imperiosamente conducidos a no aportar nada nuevo. Que cuando procuran inventar algo, se meten en jardines farragosos; que Cristo o la Virgen, no podían tener esos ojos más propios de Heidi Klum que de un judío (y judía, que me apuntara doña Bibiana).

No, lo siento. No son ustedes Romero Zafra. No llegan. No, no pertenecen al escogido, escaso y definido grupo de la nueva imaginería cordobesa que casa con el concepto del respeto a la tradición y del hiperrealismo nunca dantesco. No, tampoco tienen la calidad de Fernández Parra, Arteaga, Murciano en el núcleo sevillano. Ni sabrán jamás aportar algo nuevo pero a la vez idéntico como hizo el maestro Barbero Gor. Ni siquiera saben al dedillo y con sobranza, las magistrales técnicas que dominaba Sánchez Mesa.

Simplemente son artesanos que tras una dedicación empecinada a la imaginería, nos cuelan obras que sinceramente, para que muevan a la devoción, deben hacerlo en una parcela habitacional tan sumamente desesperada, que sin duda daría igual rezarle a un Buda que a Cristo con cara de chico malo, rubiote y ojos claros...

Por mucho que hagan esos rizos imposibles, esos tratamientos tan peculiares del cabello, como si fueran pelos epilépticos pidiendo asilo en los cráneos lígneos de Cristos jóvenes y blandos, sus obras no mejoran. No mejoran por mucho que se empeñen en que la gravedad no afectaba al hijo del hombre, o que el tono jamón de pavo bajo en graso que colocan por la extensión de sus policromías les sienta bien a un Ecce Homo que acaban de poner a caldo un puñado de esbirros sedientos de sangre. Pero oigan, no me hagan caso. Con dos mil euros y pico por talla, seguro que habrá quienes se conformen. Ahí reside el éxito de todos ustedes, en vender barato, malo, y con mucha prosapia. Pero son como las escuelas expresionistas neuyorkinas... Inclasificables y con santos naif, grotescos, casi kirsch, que al que les rece, no sé si tendrán jubileo, indulgencias plenarias o cuando se vayan al cielo, van a entrar por la gatera bajo escarnio de San Pedro:

-Mira, el tonto que le rezó al San Juan y a la Magdalena del Misterio de... ¡Me callo!