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domingo, 28 de marzo de 2010

Domingo de Ramos


Llevábamos esperándote un año entero, con esas ansias únicas de lo deseado, de lo grande, de lo imborrable. Llevábamos esperando que abrieras y destaparas el frasco mágico de tus esencias más inmateriales, y lo has hecho con el sol arriba, tan arriba y tan nuestro que de tanto desearlo se nos había olvidado que te deja único y aplaudido.

Llevábamos 40 días preparándonos a base de volver a las tradiciones, de repasar mental y físicamente toda la herencia que nos dejaron aquellos que ya no están. Llevábamos una Cuaresma entera entre ayunos, abstinencias, tertulias y reuniones. Aprovechando en cada momento para oír tus sonidos imperecederos. Para vestir las camas de invitados con las ropas pulcras y ordenadas de tus días grandes. Para envenenarnos con tus convocatorias, con tus citas, con todo lo que te sirve de antesala.

Llevábamos tanto tiempo, que algunos nos ha costado dormir hoy. Hemos salido escupidos de la cama mirando tu cielo, cuando aún el día no había vencido la noche. Nos hemos puesto la corbata de estreno, el traje de los días importantes, la palma... Hemos parado a participar en la Misa de Nazarenos, hemos visitado a los nuestros, que hoy no veremos pero estarán haciéndote, por San Juan de Dios, por el Realejo, por el Darro, por el centro y por San Antón.

Y nos hemos acordado, a base de sacar de los trasteros de nuestra memoria, de aquellos que no están. De los que sí, y quiero traer a esta Alacena y brindarles esta entrada, porque nunca dejaron de estar. Y nos hemos preguntado qué vivirán hoy, mientras nosotros andemos con Ella a cuestas, Juan Morillas, Miguel Almagro, Paco Estarli, José Luís Illescas, Emilio Martín, Agustín Ortega, Enrique Pi... Al tiempo que esperaremos para estrecharnos, tú como testigo, con Antonio Valentín, Miguel y Rafael Alcalá, José Manuel y Rafael Quesada, y tantos, y tantos otros...

Y al fin, he seguido de nuevo pensando, viviendo, mal durmiendo y gozando del día más grande, más emotivo, más esclarecedor y que mejor apela a los recuerdos, de todo el calendario. He seguido fiel al día grande, con la radio (imaginando a Pepillo Carvajal por el Porvenir), con imágenes reflejadas en la pantalla del ordenador, mientras el blanco y el rojo teñía mi cama... El color sacramental y mariano de los que hoy bregarán y me dejan ser testigo, con la más bonita Ñiña del día más grande de todos, con la Novia de un barrio entero, con la Señora de los “Domingos” (Santos y de Ramos) y con la que lleva España entera cosida a su palio.

Y cuando en unas horas, sueño cumplido, cargue el divino peso de Su Gloriosa Gracia, viviré el más grande de los días grandes que para mí, como para tantos, siempre eres Tú, DOMINGO DE RAMOS.

La soberbia y única foto de la Madre de Dios de la Victoria, es del grande, de bueno de Luís del Campo. Gracias hermano por el préstamo.

jueves, 25 de marzo de 2010

El Pregón

Está expirando la Cuaresma, y nos ha dejado como todas, una buena colección de oratorias que en clave de pregón, terminan por definir el género y provocan consideradas reflexiones. Vaya por delante que considero al pregón una parte irrevocable del mundo cofrade, necesario, literario y artístico. Un arte mayor en manos de artistas, de artesanos, de noveles, de uno que pasaba por allí y todo ello para un colectivo proclive, ensimismado o simplemente apático.

Antonio Rodríguez Buzón

¿Muchos pregones? Respondo con una reflexión que viene siendo tónica habitual en esta Alacena durante la presente Cuaresma: muchos y pocos con gancho. Diluimos qué es un pregón. Tal vez porque estamos saturados y porque todos hemos sufrido más de tres y de cuatro piezas de este tipo que hubiera convenido no haber oído jamás. El pregón, con acierto, dicción y teatralidad, transporta, evoca, transmite y embriaga. El pregón, con la única motivación de convocarlo por convocarlo, crea una fama que hoy día soporta el género.

Joaquín Caro Romero

Sí. Abogo por la dignificación del estamento pregonero. Creo que hace falta corregir el abuso en número y ello traerá una reducción de nombres cogidos al albur. No todos pueden subirse a un atril. Ojo, quien bien me conoce, sabe que nunca me consideraré pregonero, aunque haya dado unos 50 a mis todavía 29 años, por cuatro provincias distintas. Pero insisto, no todos debemos ni podemos subirnos al atril.

Romero Murube

A veces, es necesario preguntarse qué quiere oír la gente. Otras, echar mano de la creatividad. No podemos llegar a predecir un texto durante el transcurso de su lectura; le restaría frescura, espontaneidad, verdad. Y eso nos pasa. Los pregoneros no se devanan los sesos. No aprovechan para decir cuatro verdades bien dichas, y si lo hacen, es propio beneficio. De algo estoy seguro: nadie podrá acusarme jamás de haber usado el escenario para réditos personales, para denuncias personales. Pero creo que ha llegado ya el momento de decirle adiós a la ramplona simplonería de la belleza de nuestras Imágenes o lo bueno que es Dios. Hacen falta textos comprometidos, capaces de ahondar en el oyente. Es muy fácil pregonar una Coronación, pero tal vez no lo es tanto pregonar a una Hermandad con problemas económicos y que no le permiten abrir una puerta para salir con mediana dignidad desde su Iglesia.

Muñoz y Pavón

Es muy fácil apelar a la literatura barata, a la lírica del “Todo a un Euro”. Si para calentar las butacas hay que soltar barrabasadas del tipo: “aquí no pintamos nada”, se acabó la originalidad. Tampoco me gustan los textos donde el pregonero bucea una y otra vez en sus recuerdos, en sus intimidades cofrades. De acuerdo, el pregonero es el escogido y debe contar sus vivencias, pero si no consigue hacer de esas vivencias un sentir generalizado, el pregonero se está pregonando a sí mismo, si acaso a su más íntimo círculo. Y lo interesante d eesto, es que un pregón pueda ser universal.

Carlos Herrera

Aquí en Granada, pocas veces he tenido la sensación de que alguien recordara poemas (propios, no copiados de textos hispalenses) o fragmentos hasta el punto de hacerlos inmortales. Ha ocurrido con Antonio González, del que se han repetido partes de sus textos. Peco de vanidad, tal vez, pero no falto a la verdad: “hay costales en Granada con fragmentos de poemas míos...” Cuando algunos se acuerdan de estructuras, partes o versos de un pregón, este ha valido la pena.

Garrido Bustamante

Descuidamos la dicción, la puesta en escena. El pregonero debe sentirse en medio de un montaje operístico. Sus movimientos, su expresividad corporal y el juego y modulación de voz son los que terminarán por definir el texto. Podrá ser muy bueno (como era el Oficial de maestro Ángel Luís Sabador) pero mal presentado, queda huero. Y al contrario: sé de muchos que han hecho buenos textos impresentables.

Carlos Colón

Confío en que debe llegar el día que las Hermandades y colectivos convocantes, piensen que no todos pueden ponerse en la piel de un orador. Va a llegar ese día. En el mismo instante en que los que sí disfrutamos con este género, que sigo considerando una fórmula más de literatura, pero a un grado elevado por su compleja necesidad de representación, digamos basta, al sistemático maltrato que viene sufriendo. Si una Hermandad convoca un pregón, deberá ahorrarse la Banda, que no nos engañemos, está ahí para llenar lo que no llena el pregón. Oigan, si acudimos cuatro, cuatro hemos estado. Pero llenar el auditorio con quinceañeros de cabeza gratinada (ya saben, mechas tono pollito de feria) y piercing hasta en los nudillos, que buscan el solo de “La Pasión” para dejarse el resuello y la epidermis de las palmas aplaudiendo, NO.

El Padre Javierre
El pregón está maltratado. Porque ha pasado de ser enriquecido con un concierto posterior (o previo) a quedar inmerso en un acto multidisciplinar; es uno más del inmenso cartel de convocatoria, aunque se lea más grande eso de: PREGÓN. Tal vez porque no cuesta dinero. Porque nadie sabe lo que conlleva sentarse a meditar una pieza algo original, distinta, de correcta métrica, ritmo en los versos y apropiado léxico y texto medido. Vamos, para que me entienda: para las cuatro oratorias que he tenido que pronunciar esta Cuaresma, he compuesto 1.627 versos. Con el fin de buscar originalidad, diversidad (el día que tenga que echar mano a textos anteriores, dejaré de pregonar) y decir lo que me gustaría escuchar.

El Padre Iniesta

Hay que dignificar este género. Tal vez reduciendo su número (tan amplio que vulgariza), escogiendo mejor y tratándolo más equitativamente que hasta ahora. Confío en un ramillete de cofrades para disfrutar: la poesía sencilla y aplastantemente directa de Alberto Ortega. La frescura y simpatía de Fernando Egea. El irrefrenable ingenio de Álvaro Barea. El sorprendente estreno de Antonio Valentín. La original composición de Rafa Alcalá. La dicción particular y genuina de José Manuel R. Viedma. La aplastante puesta en escena de Antonio Muñoz Molina. Y el pregón, con mayúsculas, el pregón tantas veces robado, de Antonio González. De veras que confío en recuperar y dignificar un género vilipendiado por el exceso y por la falta de preparación de quien asume el riesgo. No se trata de hacer un panegírico de lo cultista, ni de aburrir a las cabras. Hay que conectar con el público, buscar poemas de temática novedosa (y es posible, sólo hay que intentarlo) y decirlo con la absoluta creencia que se está participando de una pieza, mitad literaria, mitad escenográfica, y por supuesto ensalzadora. A ver si hay suerte en el próximo curso cofrade.

martes, 23 de marzo de 2010

Foros cofrades

Como todo en la vida, depende mucho cual será el beneficio que se pretenda para que algo nos parezca provechoso. En el mundo de los foros, los hay que buscan la ruindad del anonimato para cargar las tintas contra otros; los que les mueva el intento de difusión de cultura, como al bueno de Antonio Radial. Quizás, los que disponiendo de mucho, muchísimo tiempo, se sienten felices opinando de manera docta (presuntamente) de todos los temas; y claro, los que encuentran en un foro una tribuna de poder negada en otros espacios.

Si el análisis del forero es particular, el del administrador, es sublime. A veces, el foro está a su servicio, así de claro. Se habla de lo que cree conveniente y se disipa en el mar del olvido cuanto no beneficia a su particular empresa. No me digan que no. El administrador se abre cuarenta cuentas distintas y se pone los más variopintos sobrenombres, con los que además va mandándole privados a cuantos descubre en otros foros, con el objeto de tener más y más usuarios, que den prestigio a su foro.

En ese momento, todo se sublima. Hacen falta doce, quizás trece moderadores. En pleno verano arden teclados, arden temas de una ridícula polémica y de un falso interés. Y de la noche a la mañana, no sabemos por qué, se acaba todo. Nos encontramos en vísperas de Semana Santa y no escribe ni el Tato. Hartos de que se censure lo incensurable pero sobre todo, de personajes indignos que no son capaces de dar la cara. Rastreros que nunca dirán quienes son, que buscarán hasta cafés con conexión a Internet para ir variando sus IP. Gente que procuran polémicas desde la cobardía. Y al final, aquellos que entraron para hablar (incluso discrepar, por qué no) de lo que más gusta, se hartan. Sencillamente se hartan de las estrategias de un par de administradores sin fuelle que no les queda nada donde agarrar sus ínfulas personales, de una caterva de cobardes que nada aportan y que esos mismos juicios no serían capaces de sostenerlos públicamente, y al fin, de tener que soportar conversaciones de besugos con la ortografía y la semántica más paupérrima de la historia de la Lengua de Cervantes.

Como toda moda, se acaba. El invento se acabó por Sevilla que por Sevilla fue donde nació. Y lo que allí cuaja todos lo paladeamos, y cuando se va al traste, igualmente se van los nuestros. Y se acaba, sin más. El que quiera hablar se abrirá un blog, una bitácora, una página o pegará carteles en las farolas. Allí mostrará su nivel cultural, dará la cara, no habrá concesiones a la cobardía, no se atreverá a decir muchas cosas (o sí) y sabremos cuánto aprovechó la gratuidad de la enseñanza, a la hora de meter patones de órdago en sus textos. Y perdiendo paulatinamente fuelle y gusto, se quedarán esos foros grises, mediocres, dirigidos a conveniencia y que sólo sirven al teclado de su amo. Para los cobardes, para los que sigan empeñados en su anonimato, y para los que no tengan valor...

Carteles cofrades

A lo mejor es muy difícil o algunos somos muy listos, quién sabe. Como no creo que tengamos un coeficiente intelectual de agárrate y no te menees, a lo mejor, es que esto es muy difícil, por qué no. Porque digo yo: ¿qué es un cartel cofrade? ¿Para qué sirve un cartel cofrade? ¿Qué procuramos editando un cartel cofrade? No creo que haya dudas algunas al respecto. Un cartel debe anunciar de manera clara; un cartel debe ser informativo, y al fin, un cartel, debe ser elegíaco. Esos condicionantes los estudiamos en la carrera y esos mismos también son los que adornan las propiedades que en Literatura se enaltecen sobre la cartelería.

Un cartel debe contener los signos y símbolos de la Hermandad que los edita. Así, está claro que un cartel de la Hermandad de la Esperanza, no debería prescindir del nexo de unión de todos sus hermanos, devotos y admiradores, bien insinuando ese símbolo, o exponiéndolo con clarividencia. O sea, su Virgen, o su palio, o ambos.

Un cartel debe potenciar los fondos, bien como obra pictórica, y si es fotográfica, valerse de escenarios, tramas urbanas y modelos patrimoniales que son identificativos. Y esto, especialmente, en el cartel oficial. Hemos pasado de denostar la presencia de la Alhambra, a denostar espacios únicos de nuestra única ciudad. Creo que edificios como el Corral del Carbón, o los palacios de la Calle San Jerónimo, o los trazados de murallas ziríes, no pueden estar más tiempo ajenos al fondo cromático de un cartel.

Al fin, claro, el mensaje. En 2010, Sevilla (al contrario que en el pregón oficial) ha dado en la tecla. Sirviéndose de las posibilidades creativas de la pintura, ha sabido reflejar a retales concretos, la esencia de una fiesta de fe y de raigambre estética mundialmente reconocida. Granada, a pesar de la inmensa valía del Señor de la Misericordia, que para sí quisieran todas las ciudades medianamente cultas, debe olvidar que esto no es un concurso de estampas, donde se editan fotos de nuestros Titulares para que las repartan los nazarenos. Ni el cartel malogrado (por el equívoco) ni el elegido como sustituto, son carteles anunciadores de nada. Ahora bien, el Puente de Cabrera, Granada, la de la calle, la del abrigo a las doce y cuarto de la madrugada del Viernes Santo, la Carrera, el curso del Darro, y Él, sí es un cartel anunciador. [EJEMPLO FOTOGRÁFICO]

Sí anuncia a sus hermanos, por ejemplo, un cartel donde el Cristo de la Redención se levante por encima del recién estrenado Monumento a San Juan Bosco, mientras al fondo se recorta la silueta de la edificación salesiana, y en la zona de la derecha del espectador, se vislumbra a la Salud, como está en su cartel. Pero el orgullo de Zaidín y de Salesianos y de sentimiento zaidinero y salesiano, se diluye en la fachada de la Catedral de Granada que escogieron este año. [EJEMPLO DE MONTAJE FOTOGRÁFICO]

Sí que es anunciante, informativo y poético, que el año que viene, un cartelista se atreva a reflejar una escena de nuestra Semana Santa, mediante uno de los pasos que quiera, eso sí, con calidad. Por ejemplo, la mejor Santa Cena que cruza España. Que lo inserte en un urbanismo distinto al habitual, por ejemplo, recortada en la Plaza de Carlos V, rindiendo a su vez homenaje a una de las figuras claves en la Historia Universal y en el desarrollo del prestigio de la Granada del S.XVI. Que de la fachada eclesial, se advierta un azulejo cerámico a la Soledad de San Jerónimo, por ejemplo, para rendir homenaje a sus 450 años fundacionales. Que... Que haya creatividad, que se sepa escoger lo mejor de nuestro patrimonio cofrade, devocional y urbanístico, que haya una composición inteligente, nada previsible, como si se tratara de un buen pregón. Y que guste, que guste por su definición de línea. [EJEMPLO PICTÓRICO]

El cartel en Granada es repetitivo. Huye del ambiente, le da vergüenza la gente, el público, la verdadera esencia de la Semana Santa. Vamos, el por qué salimos a la calle con nuestra fe sobre unos pasos. Por eso encontrarse con el Cartel del León gusta. Por eso, con lo sencilla y vista que es la foto de Granada entre Varales, gusta, porque sí es Granada en su estado puro: un gran palio, de una gran Virgen, de un enclave granadinísimo, con un edificio modélico (Chancillería), con un poco de historia (las murallas de la Cerca de Don Gonzalo al fondo), con cosas admirablemente reconocibles (el Albaicín en los ángulos superiores) y con Santa Ana, como símbolo y anuncio de una Iglesia por la que acaba de salir ese palio. O sea, el mensaje perfecto: “ya queda menos para que empiece esto”.

Por eso gusta a la gente. Por eso son los únicos carteles dignos de admirar este año. La fotocomposición está lejos de explotar sus verdaderos recursos. Es una pena que uno de los más dotados creativamente hablando en esto, Jose Jiménez, Tirillas, rechace hacer carteles que las Cofradías paladeen. Él captó muy bien este concepto, mezclando calles imposibles para cortejos que nunca estuvieron allí. Buenas imágenes de buenas Imágenes (no todo vale, lo siento). Patrimonio, historia, simbología de barrio, o de toda la ciudad, y por supuesto, ambiente. Que se vea que Granada cuelga el cartel de no hay billetes en cada rincón de sus calles para cada Hermandad. Y si no es así, vendámoslo así, que estamos casi rozando esa utopía.

Pero estampitas, no. Fotomontajes con sombreados frescos y dolientes en la obra, no. El cartel en Granada no apela a ninguna poética, ni explota nuevos modos y modelos. A veces, en el interior de muchos boletines las fotos son infinitamente mejores que en ciertos carteles. Sueño con una foto de Luís del Campo sacada en la Guía del Despojado. Un detalle demoledor del perfil del Señor de la Misericordia. Con ese material único, un fotomontaje que recreara esencias urbanas y calor cofrade, sería elevado a los altares. O reproducido fielmente por alguno de nuestros pintores, dándole sabores que la pictórica se puede permitir.

Hace muchos años, dijo un hermano mío: ¡cuánta saeta, y qué mala! Sí, hemos multiplicado por doce las veces que escuchamos un canto hecho oración. Y hemos pasado de un par de carteles a que no cojan en los escaparates de El Corte Inglés, puestos a exagerar. Pero la cantidad a veces ahoga la calidad. Yo este año, me agarro a dos carteles, que verdaderamente, cumplen la función anunciadora, publicitaria (DRAE) o divulgativa, que sean a la vez gustosos y poéticos, que sean Granada y su Semana Santa.

sábado, 20 de marzo de 2010

Pregón Oficial de Sevilla

Todo esto es muy raro, a mí que me perdonen. Yo no me imagino a un infiel dirigiendo los rezos del viernes en ninguna mezquita del mundo, por muy preparado que esté. No puedo imaginarme a un madridista convencido en la junta directiva del Barcelona. Y ni ustedes que me leen, ni yo, ni nadie entienden, que en esto de las Hermandades, haya gente agnóstica, atea, no cofrade, capaz de vulnerar los dogmas y creencias fundamentales de nuestra fe, con un micro (véase un programa cofrade de una radio granadina) o subiéndose a un atril.

Aquí, le pese a quién le pese, junto a la estética, las emociones, las vivencias, el sentido de la amistad y de la lealtad costalera, hay algo que motivó todo esto y lo hizo posible: la fe. Lo siento por los cofrades ateos, los que despotrican de la Iglesia y cuentan la parte que más les conviene, los que entienden esto como deporte o los que empuñan en la mediocridad de sus vidas, un micrófono no para sumar, sino para ufanarse en su ego y vanidad.

Y precisamente, a horas de que el Teatro de la Maestranza de Sevilla y sus dos mil butacas se llenen para presenciar el Pregón Cofrade más importante del mundo, a mí me persigue un sentimiento dual, enconado, enfrentado y difícil de digerir.

Confío después de tantos años como seguidor suyo, en las enormes cualidades del pregonero, don Antonio García Barbeito. Posee una de las mejores voces, domina la escena con naturalidad, su desenvolvimiento en los medios es notorio, sabe construir buenos textos y es un consumado orador. Pero a lo mejor para el Carnaval de Cádiz, para la Navidad sevillana, para el pregón de la Cruz de Granada o para el Taurino de Valencia... Porque después de estas perlas, salidas de su boca y publicadas en ABC o en Correo de Andalucía, lo siento mucho, se me ha caído de manera alarmante un mito. Al menos, de sentir y llevar lo que ha dicho, podía habérselo ahorrado y habérnoslo ahorrado, porque no entiendo esta postura. Si ni es creyente, ni pisa una Iglesia, no es cofrade y no participa de ninguna Hermandad ni acto que convoque: ¿para qué acepta el PREGÓN OFICIAL? Está claro, vanagloria, notoriedad, para no moverse y salir en la foto. Como en el vergonzoso episodio del miércoles de ceniza en un programa cofrade de una radio granadina.

He aquí el sinsentido más absoluto, para orgullo de los que se dicen cofrades y niegan la esencia de esto, la fe...

-No soy un cofrade ni al uso ni a nada. Yo no soy cofrade. Yo llevo 16 años desligado...

-Mi religión es la del Sevilla Fútbol Club.

-Yo no soy cofrade ni pertenezco a ninguna Hermandad.

-No me sé todas las Hermandades.

La cuaresma enrarecida (y lluviosa)


No entiendo esta Cuaresma; está siendo especialmente rara, apática, desordenada, febril. No la entiendo porque no comulgo en nada con este estilo de hacer las cosas, porque siempre idealicé una vida cofrade donde el hermano disfrutara a sorbos cada uno de los momentos de la espera, que paladeara cada instante de las vísperas.

Cuaresma de muchos actos sin cabeza algunos. Cuaresma de Boletines y publicaciones con cierta mediocridad. Cuaresma de medios de comunicación donde sólo la provocación puede ganar oyentes.

Esta Cuaresma de 2010 es la de las páginas de información cofrade en donde se pueden vetar nombres a propósito, mezcla de envidia y de pago de favores (o puesta de recto/orto/ano u ojete) a quien jamás dará nada. Pero tranquilo, puedes ir con el chisme (me consta que no sería la primera vez) a quien quieras. Lo malo será cuando tengas que contarme un par de cosas cara a cara.

Venga, sigamos: es la Cuaresma del destripe; de “la gran mentira”. ¡Más quisieran muchos! Esa gran mentira que cacarean, será en definitiva una vez más, la medalla de oro del buen gusto una vez más, y van... Ni me acuerdo.

Cuaresma donde la bravuconería, amenaza y el porte delictivo vale. Es muy ruin que un hermano, un cofrade, un costalero, vaya persiguiendo hermanos cofrades costaleros como si fuera un sicario colombiano. No sé a donde vamos a llegar.

Será la Cuaresma de la repetición de pregones; de carteles que acuden al montaje fotográfico y a los programas informáticos para enmascararlo todo. Nada ni nadie podrá nunca quitar el sabor absolutamente cofrade a carteles como el del Bar León o Granada entre Varales, los únicos carteles cofrades de esta Cuaresma.

Sí, hay cosas buenas... Las cuatro exposiciones (San Bartolomé y Santiago, Caja Rural, El Corte Inglés y Ayuntamiento) que han convivido a la vez durante algún tiempo. De órdago a la mayor. O el manto de las Maravillas, al fin gloria absoluta. O cómo hemos ido sustrayendo fotos a quienes tenían instantáneas del palio del Rosario, de agarrarse los machos. O de esos soberbios, únicos, espectaculares respiraderos de Remedios. Y no me olvido del descubrimiento pregonero que ha sido Antonio Valentín García Morón (calidad demostrada en un mar de mediocres voceros), del disco de Exfiliana, de la marcha de la Banda de Ogíjares...

Para el olvido, bien lo sabes, la hipocresía, la falsedad, las lágrimas de cocodrilo, que tal vez de remordimiento. Recuerdo cuantas veces oí de una costalera cómo, refiriéndose a su Hermandad, cambiaba la letra de la famosa sevillana (¡qué poderío, qué poderío, qué poderío...!) y resulta que estaba siendo profética, estaba siendo autocrítica, JA. O del que te llama hermano y se restriega la lealtad y la verdad por la entrepierna.

Pero para mí, quedará en mi cabeza, el lunes 15 de marzo de 2010. Ese día, me apadrinaron Rafael Alcalá Valdivieso y Antonio Valentín García Morón. Y esas cosas, no se olvidan, pero es que además, contrarrestan tantas cosas raras de esta enrarecida Cuaresma.

Ah, por cierto, para mearse. Cogemos un micro y además de una cadena seria, y después de 31 años que tiene el Pregón del Costalero de Granada, nos atrevemos a preguntar, quién lo organiza. JODER, esos son nuestros medios cofrades granadinos.

viernes, 19 de marzo de 2010

Juntas de Gobierno

Directamente proporcional a la ilusión con la que empieza un cofrade en una Junta de Gobierno son las ganas con las que aguarda el momento de que termine el mandato del Hermano Mayor que lo ha nombrado para el cargo concreto que desempeñe.

A lo largo de los cuatro años, el hermano oficial, habrá escrito en torno a seis, tal vez siete cartas de dimisión. La primera, con la opinión contraria de su pareja o mujer (entiéndase también marido, ¿eh?) La segunda, “el que calla otorga”; y la pareja, otorga, pero no dice nada. La tercera carta la redacta directamente ella, sin más, a bocajarro. A la cuarta le dice que no tiene lo que hay que tener para irse de la Junta.

En cuatro años, los amigos de siempre que forman parte de la Junta de Gobierno, se convierten en “los artistas”... Los que ni siquiera conocía, desde aquel Cabildo en donde lo apoyaron en la discusión (bouquets de rosas blancas o piñas de dendrobium) son inseparables, grandes, “hermanicos de toa la vía”.

El Hermano Mayor, para el que se hizo campaña, al que se le consiguieron los diez votos indispensables para que resultara elegido, es medio lerdo. Simplemente, ha defraudado. Claro, que el Hermano Mayor se maldice del día en que le comentó la posibilidad de que entrara a formar parte de la Junta (“no ha pasado ni un acta decentemente el gachó”)... Amores y odios al unísono, conviven sentimientos enfrentados, amistades que relevan a otros, pactos y estrategias a lo “Gran Hermano” pero con costal y con capa de lana merina.

Y cuando al final expiran esos cuatro años, cuando se borran del ordenador las diecisiete carpetas que decían: “Carta de Dimisión” y cuando mira uno la vista atrás, seguro que después de algunos logros, mayor número de hermanos y un anecdotario completo en la memoria, el recién salido Hermano Oficial, dice esa misma noche, petulante, jactanciero y sobrado: “Ni con paga me ven a mí más en una Junta”.

Y dicho y hecho, al año siguiente, medalla al pecho, cariacontecido, mientras soporta los bisbiseos de su mujer (“cucha, cucha, mira quién es ahora el secretario. Pero si ese no sabe ni escribir”), ve pasar su Cofradía, desde la acera, voto a Dios. Y así, enfermo de una pandemia mortal que se llama “juntitis”, hemos perdido a un hermano en Cultos, en Cabildos, en participación, a un hermano de filas más, que pasa a engrosar la generosa ya cuantía de los ACEREROS.