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miércoles, 1 de diciembre de 2010

También en el infierno hay esperanza


Aseverar que el Gobierno actual de España es el peor de cuantos han existido en muchos tiempo, más allá incluso de nuestra democracia, no es algo que se pueda cuestionar. Basta apelar a las cifras continuamente negativas que estamos viviendo desde antes de las últimas elecciones generales, cuando aún el horizonte de la crisis no se atisbaba. Es más, si alguien con poca vergüenza y muchas dosis de clientelismo político se atreve a defender la actuación de Rodríguez Zapatero y los suyos amparándose en la debacle económica mundial, además de mentiroso, además de cínico, además de súbdito vil y barato, habrá que preguntarle por qué países con varapalos como el que ha recibido el nuestro ya sí que están en disposición de ver los brotes verdes mientras nosotros nos ahogamos en tonos terrosos.

Si la culpa es de José María Aznar por su cultura del ladrillo, como se empeñan en esgrimir los ciegos que se negarán a perpetuidad a reconocer que durante el gobierno de Aznar ellos, y el resto de los españoles, gozaron un nivel de vida tan alto que para conocer una cifra parecida habría que retrotraerse a la España del dominio imperial (y aún así, qué quieren que les diga), impasibles ante la que está cayendo no me parece apropiado que se quede nuestro Ejecutivo, hazmerreír internacional, tutelado por Europa y por América, y contra las cuerdas frente a las dictaduras de izquierdas hispanas o la totalitarista islámica de Marruecos.

Lo bueno de la historia es que una vez escrita es difícil enmendarla. Y esta nos dice que los peores números de España, en número de desempleados, nivel de vida, déficit o endeudamiento público y privado, se cosecha siempre con un gobierno socialista mandando en nuestra Nación. Rodríguez Zapatero es un presidente incapaz y populista, que con leyes inocuas al bienestar común y sus afamados dispendios en forma de cheques y todo tipo de ayudas, ha hecho que España sea hoy el punto de mira de los países ricos a los que no ha mucho mirábamos casi de tú a tú y hoy somos nosotros los observados como los primos pobres a los que hay que socorrer por su mala cabeza.

Pero el problema básico es la desconfianza generalizada en cualquier sector social, y en cualquier capa de la sociedad, valga la cuasi reiteración. Hoy, con millones de parados de larga duración y cientos de miles de licenciados sin posibilidad alguna de pisar el mercado laboral, los españoles son presa de la abulia; estamos sumidos en un desencanto continuo y en una falta de esperanza peligrosamente insalvable. Por eso, para aquellos que crean que esta entrada aprovecha tan crítico momento patrio para descargar en contra de la política socialista, se equivoca. No hace falta (porque a la vista está) que diga que soy un contumaz anti izquierdista, y que me ampara la verdad a la hora de decir que cuando peor lo pasa este país es con el socialismo a su frente; pero hasta alguien como yo tiene que sacar más de un dedo de su frente y tener en cuenta que aunque nos haga falta un cambio de Gobierno cuanto antes, porque este, hace años que gastó toda su capacidad de respuesta y generación de oportunidades para sus ciudadanos, de no producirse, o todos empezamos a remar o la cosa arde.

Soy votante del PP que no quiere decir que comulgue con el partido de Rajoy; estoy más cercano a su tendencia ideológica que no quiere decir que mañana, unas siglas distintas más en comunión con mi pensamiento fuesen objeto de mi voto. Sé que la realidad es que los españoles ejercemos un voto útil, pero me sigue resultando falaz y mentiroso. Así que yo no me subo a ese carro. A diferencia de todos los que os acabo de señalar (desde algunos de mis amigos socialistas, pocos, la verdad, que aseguran que no van a votar al PSOE más y no se lo creen ni ellos, como a los que votan PP y lo harán pase lo que pase) a mí, tomando prestada de Unamuno la frase, me duele España.

Esta crisis nos deja alguna que otra lectura: que no sé cómo se la apaña el partido de Ferraz para estar siempre en medio cuando la situación económica es la más lamentable, que el Partido Popular, pese a quien pese, es el que mejores réditos para la ciudadanía ha cosechado en los últimos 40 años, y que la Iglesia Católica sigue siendo un instrumento útil y plausible que va a estar siempre que lo demande un necesitado. Y yo apostillaría, que sin un cambio de mentalidad, sin un empeño a la manera alemana o japonesa por virar todo esto, sin un coraje patrio y envidiable como del que hacen gala los estadounidenses, esto va a hacer todavía más aguas…

7 comentarios:

Francis dijo...

David, si algo han dejado claro las elecciones catalanas, es que los votos y votantes incondicionales, por uno y otro partido, están en extinción, y creo que eso es bueno para España.
Por cierto a mi hija Carmen le ha dado ahora por decir "este país" en vez de España. Cosas de la madre.

monaguillo dijo...

También a mi me duele España, amigo. Y no lo dudes... hay Esperanza incluso para los que no la merecen. Un abrazo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Yo no lo veo así, Francis... Si algo ha demostrado es que se abstienen más los descontentos por la actuación de un partido o de su partido, y por ende, hace que la consecución de escaños (en el Congreso) o parlamentarios autonómicos) sea mayor.

En Cataluña el voto de la izquierda ha seguido en la izquierda. El voto que ha lastrado el soberanismo, sigue siendo aún más soberanista.

Ah, y la madre mu bonica, mu apañá... ¡Pero vaya tela!

Un abrazo.

J. Carlos Medina dijo...

Mi querido David:
Heme aquí delante de esta entrada que leo y releo una y otra vez como cuando nos deleitas con la descripción de uno de los países que visitas o como cuando describes un monumento o cualesquiera de las obras artísticas que alguna vez has traído a esta alacena. Y como cualquier obra artística que describes, la situación gubernamental y de España a la que haces mención no está exenta de interpretaciones tanto subjetivas como objetivas. Que España está hecho un desastre es obvio pero también resulta imposible señalar quien ostenta el dudoso honor de tenerla así ya que esto son palabras mayores. Echarle la culpa a ZP que hace 5 años un niñato sin más oficio ni beneficio que haber terminado la educación obligatoria y lanzarse al mercado laboral patrocinado por el ladrillo, comprarse un BMW y un piso de 60 metros cuadrados por 250.000 € y pagar una hipoteca de 1.500 euros no es culpa de nuestro presidente, del presidente de esta España. Si dos y dos son cuatro podríamos decir también que la culpa de todo la tiene el F.C. BARCELONA ya que tanto en la época del Dream Team como en la actual es un equipo de mucho éxito pero también coincidente con la anterior crisis económica como en la actual, con el curioso detalle que ahora está ganando muchos más títulos y la crisis es mucho más fuerte que en el periodo 1992-1993. Pero todos sabemos que no es su culpa. O si, yo que sé.

J. Carlos Medina dijo...

Decir que toda la culpa es de Zapatero es un análisis demasiado simplista si bien es cierto que tenía que haber dimitido ya para dar paso a los Rajoy y compañía. Te recuerdo que mi teoría sobre quien da el voto y el poder en este país sigue mas viva que nunca ya que se prevé una debacle socialista auspiciada precisamente por aquellos votantes de izquierdas que somos conscientes de cuando y como hay que votar a un partido o a otro. Dudo yo mucho que un pepero de pata negra vaya a votar alguna vez a algún partido de izquierdas. Votaré, yo que soy de izquierdas, a uno de los partidos de corte derechista aunque dudo cual escoger. Pero ahora que lo pienso ¿Hay donde escoger? Mal lo llevamos si para sustituir a Zapatero tengo que votar a Rajoy porque la cuestión sería votar al mejor y no al menos malo. Así nos va en este país llamado España.
Un abrazo.
P.D.: Si fueses de izquierdas igual no te apreciaría tanto.

J. Carlos Medina dijo...

Te he enviado el comentario en 2 partes por error. La intención es que fuese todo en uno.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Te estás haciendo mayor... Antes hubieras sido más combativo. Será el frío motrileño que te está acogotando, hermano Carlos...