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viernes, 17 de diciembre de 2010

Mi generación

Somos una generación que cuando íbamos aún de noche camino de nuestro colegio, nuestros sueños eran bastante distintos a los que han confirmado los años, con ambiciones notables e intereses en las Antípodas de los actuales. Cuando descartábamos asignaturas de bachillerato, o abrazábamos con fervor (todo el fervor de estudiante de la época) otras, nos vimos en ocupaciones profesionales rotundamente diferentes; algunos, se vieron en ocupaciones profesionales, y eso, ya es distinto a lo que tienen.

Somos una generación que tenía que estudiar. Una generación preparada con un sistema educativo que superó el de nuestros mayores porque nunca confundió autoridad con sinrazón e hijo de la democracia, fue estricto y exigente. Somos herederos de un método donde el suspenso era encarado con la misma jeta rota que al ocio que nos llevó a él, y repetir no era un estigma sino la solución a un problema que habíamos creado nosotros mismos. Y es que somos de una generación donde los padres no eran amigos, que eran mucho más. Donde la amistad no se vendía por dos duros gastados y la calle era la videoconsola perfecta. Pero requería de otros muchos para funcionar. Y yo soy ejemplo de que funcionaba.

Somos una generación que pisó las aulas universitarias con un compromiso: no conformarnos con lo aprendido, trabajar en investigaciones concretas, buscar cursos de formación, marcharnos a otras ciudades para ir aglutinando títulos, estudiantes que chapurreando inglés se fueron a Finlandia o a cualquier lugar donde Séneca tuviera sentido. Somos una generación movible y movida, que no tuvo que reclamar tanta independencia como la de nuestros padres pero tampoco necesitó de la libertad sin condiciones, casi libertina (y sin el casi) de aquellos que ya no nacieron entre 1970 y 1980 (si queréis lo estiro un poco más, pero no mucho).

Somos una generación que de querer colgar los esqueletos académicos, a manera de medallas vanidosas de nuestra formación, llenaríamos el estante de un museo. Que reconocemos la informática, nos defendemos más mal que bien en los idiomas y que decir “soy licenciado” (de los de verdad, de cinco años, no estos experimentos nuevos) es algo cotidiano, porque el que más o el que menos, no baja de las dos carreras.

Somos una generación que arrastramos el título de la mejor preparada de todos los tiempos de esta España regurcitante. La que se comparó a aquel vehículo urbano que era “joven pero sobradamente preparado”. La generación de los buenos dibujos animados y los tebeos de Ibáñez. La generación que deja a un amigo con dos carreras, veinte títulos “experto”, un máster e idiomas, reponiendo latas de atún de las baldas de un supermercado de barrio. Y no me vengan que con mucha honra. No veo nada de pernicioso en ello, pero no hay honra en siete años de estudios y dos licenciaturas, en una brutal ampliación de conocimientos académicos y en años donde nuestro camino fue la cultura, porque somos producto de los sueños de las generaciones anteriores, somos el capricho de los que nos hicieron, dejados en el suelo pringoso de un súper de extrarradio.

Los sueños de mis amigos acabaron el mismo día que nos la ingeniábamos para poder tomarnos la tercera cerveza, porque la media jornada a 450 euros que más de uno nos hemos chupado o nos han intentado endilgar y tantos otros trabajos no pagados, no estiraban más. En ese momento, uno de los nuestros contaba como había hecho ya tres becas de formación, con paletos que se creían mejores que uno. Que de esto había rascado para tres noches mal contadas. Otro, exhibía en blanco la parte profesional en un currículo que se extendía folio a folio hasta aburrir. Un tercero narraba cosas por el estilo. Y al fin, dije lo que sostengo: si un día tengo hijos, no estudian una carrera ni benditos.

Somos la generación más culta. La misma que Rubalcaba y Blanco le intenta colar con justificaciones de párvulos la prolongación del estado de. Somos hijos de las hipotecas a 50 años, los créditos rápidos, la devaluación del poder adquisitivo de la clase media y el entierro de los códigos morales habituales en los últimos cincuenta años. Somos la respuesta a los planes truncados de los mayores, los herederos de la ruina socialista, los que hemos de responder de esta para que la generación inapta que nos sigue no se caiga y nos precipite con ellos. Y estamos hasta los mismísimos cojones de llegarle a un perfecto don nadie, con currículo para aburrir, y escuchar que: “lo que más me molesta es hablar de dinero”. Para tener que callarte la respuesta: “a mí no tenerlo”.

Somos la generación que a veces, hemos topado con hijas de fregantina que nos han dicho que cuando el hambre entraba por la puerta el amor salía por la ventana. De chiste. Lo del amor, claro. Y somos los que ya no aguantamos más. Así que si está leyendo esto y tiene un hijo en edad de merecer… Que no estudie. Si acaso un nieto… Que no estudie. Si tú mismo andas camino de las puertas de la Universidad… No estudies. Vive de los engaños y la sopa boba progresista, dilapida los ahorros de papá, no cotices y espera tu oportunidad, cuando por repellar una pared o actuar de ferrallista en el escenario de la vida, te reporte tres veces el sueldo de un licenciado, que quizás no está en el alambre como tú, pero que le cogería el orto a quien firmó sus títulos (muchos, con más letras de las que has leído en tu puta vida) y lo llenaría de papelorios y sellos y documentos expedidos que como ves, sólo sirven para mostrar lo mucho que sabemos, mientras nos rascamos el bolsillo por si entre todos, nos podemos tomar la tercera cerveza.

7 comentarios:

monaguillo dijo...

Pues sólo decirte que me ha encantado.

¿Para qué van a estudiar ahora, hombre?. Siempre pueden sacarse el carnet del partido de turno y llegar a Ministros, o cogerle la chorra a un torero y colocarse en la tele. Hay millones de salidas sin necesidad de tener que estudiar. A la vista están.

Pa ti y pa mí: que se mueran los feos. Pobres pero con dignidad.

Anónimo dijo...

Te sigo desde hace mucho tiempo, siempre desde un segundo plano. Pero es que hoy me has tocado la fibra.

¿Tantos años de estudio para qué? .....

Me cago en to mis estudios y en los sivergüenzas (digase de los nuevos ricos los que más), que para trabajar de lo que has estudiado, te hacen trabajar 14-15 horas diarias por una miseria.

Su respuesta es que estamos en crisis y hay que apretarse.

Pues quédate con tu trabajo y tu miseria de dinero mamón.

Un saludo y perdón por la subida de tono.

Fran Pérez

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Fran, encantado y estás en tu casa, de veras. Pero, ¿qué perdonarte? un currículo abultado que no sirve de nada? ¿Que hayas echado como tantos, un puñado de ilusiones al primer contenedor laboral que te encontraste? ¿Que seamos la generación de "nopuedoabandonadrmicasanialos40años?Fácil no lo tuvieron nuestros abuelos, y fácil no lo tenemos nosotros.

Cada uno somos hijos de nuestro tiempo, y las circunstancias que nos han empujado a nosotros serán distintas de las que soporten aquellos a los que les llevamos 10 años, cuanto más a nuestros hijos.

Pero las nuestras... Las nuestras son para esta subida de tono y un poco más.

Un abrazo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Álvaro, mientras lleguen días como el 18 de diciembre, quedará lugar para reivindicar con su nombre lo nuestro.

Un abrazo hermano.

José Miguel Moreno Sabio dijo...

David, te quiero hacer una pregunta y espero una respuesta sincera. Si hoy acabaras el bachillerato y supieras cómo iba a ser ese futuro que tan bien describes en esta entrada, ¿renunciarías de verdad a ir mañana a la Universidad? Si fuera así, estarías dando gratuitamente armas y balones de oxígeno a esos contra lo que quieres, o mejor dicho, queremos luchar. No hay individuo más manipulable que el ignorante, eso lo saben perfectamente los malvados y por eso intentan cultivar la ignorancia a toda costa. ¡Hazme caso, que tú eres muy inteligente, porque tengo 54 años y te aseguro que la vida me ha enseñado cosas que tú por tu edad aún desconoces!
Un abrazo desde la ciudad de Cuenca.

Alejandro dijo...

Amen a todo lo q has dicho.Tambien incluyo a los q estamos preparando oposiciones porque no nos queda otra,por lo menos en mi caso.Licenciado y harto de trabajillos de mierda donde el jefe de turno te trata como si fueras inutil diciendote:mucha carrera pero no tienes experiencia

Un saludo

David R.Jiménez-Muriel dijo...

José Miguel, yo volvería a pasar por varias facultades, y a encontrar un reto en un trabajo de clase mientras me pierdo por los estantes de mi biblioteca. Volvería a apuntarme a decenas de cursos de formación (dicen que continua) y asistiría a Congresos, y aceptaría conferencias y visitaría museos, o me perdería por lugares expositivos y volvería a dejar que los libros se cargaran dos librerías (verídico) e intentaría que en todas y cada una de las habitaciones de mi casa hubiera un referente cultural (igualmente verídico) y no haría más que repetir lo que hasta el momento sostengo.

Pero José Miguel... Nada cambiaría, mientras un ceporro del quince que presume de no haber abierto nunca un libro se seguiría jactando de doblar mi sueldo, mientras el carnicero descarado del súper de la esquina se independizaría siete, ocho, tal vez 10 años antes que yo... Y así hasta que de nuevo llegaría el momento en que me preguntaría, no sé si en una Alacena o en un foro distinto: ¿malgastar la juventud y la madurez para ser consciente de que a los no cultivados los manipula el Gobierno y a los doctos la economía? Algo hemos hecho mal.

De modo que a pesar de compartir tus preceptos, reniego de lo que veo y llamo a la rebeldía. Porque algo de intolerable hay en todo esto.

Desde Granada te devuelvo el abrazo y el deseo de vernos esta Navidad por tierras subtropicales.