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lunes, 20 de diciembre de 2010

Inculto

Hace unos días hablábamos del Informe PISA que deja a España en una posición claramente inferior respecto a muchos países que tanto histórica como económicamente jamás debieron adelantarnos en el camino de la cultura. El análisis del estudio, por autonomías, hace que a los andaluces nos asalte de nuevo la duda sobre nuestros convecinos geográficos del sur, y muy especialmente sobre nuestros escolares, ejemplares sin discusión de la incultura.

Lo que quizás no sepan ustedes es la manera de puntuar estas pruebas, que desde luego, ahora que he tenido conocimiento, me deja estupefacto: se valoraba cada respuesta con un total de cuatro puntos, siendo la excelencia el 4. Pero si se dejaba en blanco, se puntuaba con un 1. Y si se contestaba mal, es decir, con el simple hecho de poner algo y rellenar el vacío en blanco, el alumno alcanzaba la nada desdeñable puntuación de un 2, o sea, que cualquiera con una cierta perspicacia, se dará cuenta que los datos obtenidos por Andalucía, tomando esta Comunidad como ejemplo, podrían haber hecho palidecer, con una fórmula simple y justa (en donde lo que está mal, se puntúa en relación a lo que esté bien o mal y lo que no se contesta es un cero como el coso de las Ventas de grande) las calificaciones, quien sabe si señalando a nuestros “educandos” como borricos sin pedigrí, asnos sin denominación de origen, o de la especie del NI-NI…

Al Informe no quiso presentarse ni Castilla la Mancha ni Extremadura. Sin tener dotes de adivino, auguro que España hubiera quedado peor aún, porque los escolares de estas dos comunidades a ciencia cierta, contribuirían a bajar la media. En Andalucía, reducto socialista donde Canal Sur prodiga excelencias imposibles, hay 163 barrios marginales. Casi el 30 % de los andaluces viven en el umbral de la pobreza y el abandono escolar es uno de los más altos de la Unión Europea, con un 37 %. A esto habría que añadir que según PISA, los nacidos en hogares con menos de 10 libros, obtienen 124 puntos menos en compresión lectora que uno con más de 100 libros.

La programación de Canal Sur es con diferencia, propia del bochorno y del complejo de votantes en potencia adocenados. Es una realidad. Telecinco hace lo propio, y alimenta con el estiércol de la telerrealidad, el cotilleo, las demandas entre famosas (que han alcanzado el Olimpo de la pequeña pantalla mediante su rapidez a la hora de abrirse de piernas) y lo escabroso. La televisión vende un modelo claro y definitivo: una joven de ciertos encantos, siliconado busto, provocativo vestir y poco cultivo intelectual que recibe pleitesía por haber practicado con un Guardia Civil expulsado seis veces el acto sexual o por seducir a un torero que tiene luces por su traje. En este pesebre cabe el que obtiene placer en el hecho de ingresar en un programa como Gran Hermano. Porque por cuanta dignidad nos venda su conductora, a fecha de hoy este espacio se define por meter a un grupo de heterogéneos jóvenes con muchas licencias sexuales y desde luego, ajenos a una formación cultural sólida.

Me pregunto si la sociedad española será capaz de caer aún más bajo, qué interés puede tener un Gobierno manteniendo este modelo educativo tan atroz y por qué con una pelota y un cotilleo callamos bocas y divertimos conciencias que de otro lado, están idiotizadas. El genial Groucho Marx tiene dos frases que sin duda vienen al caso: “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien la enciende, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”. A mi juicio, la que define a esta sociedad nuestra es la que sigue: “Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria”.

Lo peor es jactarse de ser inculto. Lo peor es que haya cundido esa defensa rastrera e indocumentada que de sí misma hace Belén Esteban, señalándose como chica de barrio. Y que algunos la llamen princesa del pueblo, porque en su descaro, su falta de cultura o sus expresiones malsonantes y chabacanas se identifiquen. Lo peor es con diferencia, que el objetivo de un escolar sea entrar en un programa de bazofia. ¿Qué referentes sociales habrá tenido? ¿Qué familia propicia que los valores de un joven sea la fama, la promiscuidad y el atontamiento?

El sistema educativo actual no premia la excelencia, sino la abundancia. Es mejor que todos terminen con un título de educación obligatoria que responde a unos niveles nada exigentes y a una laguna cultural en relación con planes de estudios anteriores más que claros. Lo interesante es que todos puedan escribir mal (porque la ortografía es un Leviatán pérfido que intranquiliza a nuestras generaciones más jóvenes) y no que uno de los que ha hecho ahora este informe, se nos revele en unos años como alguien de interesante participación social. Esta globalización de la cultura ha aportado una tontuna general y ha sesgado a los aptos. La televisión ha metido su manos ponzoñosa, porque importa que nadie piense, que sean adictos a un formato de programa donde el grito, la histeria y el chismorreo sea el entrante, plato y postre de la degustación. Y la clase política, una en concreto, la misma que al grito de “que vienen de nuevo”, o la que costea el chorizo del bocata del mitin pueblerino, se preocupa de maquillajes imposibles. Maquillan las cifras del paro y todo lo que pueda ser camuflado, como la inoperancia del sistema educativo, y que las comunidades autónomas en manos socialistas, son, es una realidad, donde afloran los peores estudiantes, los más absentistas y por ende, los que tragarán el pastoso bocado del bocata de chorizo, o se dejarán comprar por una pensión de por vida y los votarán, seguro que los votarán. Porque habiendo incultos, no hay de qué preocuparse…

Como la vulgar expresión y al hilo de una entrada que dejé hace unos días: ¡me cago en mis estudios!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y no dices nada que cada pueblo tenga su "Universidad"? Algunas, con profesionales, que ni para la ESO (por cómo se expresan y hasta con faltas ortográficas).

David R.Jiménez-Muriel dijo...

LA historia burocrática de los taifas se repite con esta descentralización absurda del Estado de las Autonomías y reivindicaciones históricas que a veces no se sostienen. De ahí que hasta Busquístar un día pueda tener su propia Universidad. En España hoy, conviene más tener mucho y malo que poco y bueno.