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viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Es sin duda la noche más hermosa de cada año, la más trascendental, la más arquetípica, nuestra y saboreada. Da igual que no naciera en el diciembre palestino y tal vez ocurriese en las calendas de aquella provincia de Roma. Incluso si no son 2010 los años y sólo 2004. Hoy nace en el punto exacto de las doce de un nuevo día, la persona más influyente y seguida, la más admirada y única de la historia de la humanidad.

Los cristianos, la religión mayoritaria con más de dos mil millones de almas, lo vamos a llamar el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios y Dios mismo. Para muchos, es simplemente una figura, pero qué figura. Nadie puede negar su existencia que por fortuna estaba Roma allí de veedor, de fiscal de la historia, y nadie puede quedar indiferente a su palabra, aunque la que recogimos de Él nos hayamos esforzado en empañarla.

Que Cristo es la personalidad más relevante de todos los tiempos y la más segura y cierta influencia cultural y social del más recóndito vericueto de este Planeta, no puede negarlo ni el ateo. Podrá despojarle de su condición divina, negar su labor salvífica y retirar los honores que el Hijo del Hombre conservará esta noche en todos y cada uno de los hogares cristianos que no cejarán de alegrarse en la Tierra recordando que nació entre nosotros.

Pero no podrán negar que su palabra, adelantada siglos y siglos a su tiempo, ha sido la más humana, la más correcta y la más digna de imitar, de cuantas se hayan erguido en este mundo; ni podrán dejar de reconocer que seguir sus consideraciones haría de todos, seres mejores. Y no podrán tampoco engañarse no teniendo en cuenta que Él, cambió el discurrir de los tiempos y de la historia.

Nadie podrá eludir que el Mundo piensa, late, escribe, siente y se expresa según el patrón de Occidente. Y por ello, nadie diga jamás que Occidente no es cultural y socialmente hablando, una mezcla de la cultura de la Antigüedad Clásica y del Cristianismo. Una suerte de neoplatonismo. Un modo de ser y hacer que debe mucho a quien nos viene hoy a nacer.

Hoy te recibimos en cualquier parte de esta tierra tuya y nuestra. Incluso los que brinden por la fiesta del solsticio de invierno habrán de entender tu irremediable condición y saben que en el fondo, nadie ha sido tan influyente y mejor que Tú, niño palestino de Dios y de María. Los que sí depositamos en Ti nuestra fe, te recibiremos con las galas de la camaradería, la familiaridad y la ilusión puesta en todo tu ser y tu palabra. Y en nuestro brindis, si buscas casa, te sugeriremos que aceptes el portal y el pesebre que es la nuestra.

5 comentarios:

labatterie dijo...

Los que sí depositamos en Ti nuestra fe, te recibiremos con las galas de la camaradería?

Anónimo dijo...

David,

Como habrás comprobado, en cierto modo, he plagiado tu felicitación navideña, porque si una persona lo hace bien, ¡para qué inventar! (lo pongo aquí, para pública constancia del que tuvo la idea).

Sólo hace falta que en la celebración de la Santa Misa entonemos lo que aquella noche se cantó, el "Gloria in Excelsis", a ser posible en la lengua oficial de la Iglesia y sin guitarreos de por medio... pero amigo, esa ya es otra historia.

Un abrazo y una Feliz Navidad.

Santi.

PS: Lo de "niño palestino" ya lo hablamos en persona, que tiempo tendremos de vernos.

Anónimo dijo...

QUERIDO DAVID,TU FELICIDAD Y TUS COMENTARIOS LOS HAGO MIOS

FELIZ NAVIDAD
RAFALCALA

monaguillo dijo...

Feliz Nochebuena, David. Ya lo tenemos aqui de nuevo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Santi, cuando nace Jesús, aquella tierra ya se llama Palestina. Así que naciño un Palestino. ¿Yo qué hago hermano?

Por cierto que si Labatterie se ha extrañado de la expresión, considere la licencia poética. Que no es más que decir que al Niño Dios lo recibimos entre "amigos, familia y la ilusión..." A ello me refería.

A todos los demás, muchos abrazos y Feliz, muy Feliz Navidad.