Visitas

sábado, 18 de diciembre de 2010

Esperanza

Nunca he creído que sea condición indispensable formar parte de la nómina de los que oficialmente te “quieren” para quererte. Nunca me dijeron que una medalla al pecho marcaría los pulsos y desvelos con respecto al que no la tiene. Y aún más me cuesta entender si de veras la devoción se mide por años, por cargos o por compromisos. Jamás me permitiré el lujo de vindicarme como uno que te lleva a fuego en los tuétanos de su fe. Yo sólo miro las pasiones de Curro Gámez. Se me llena la boca parafraseando los términos de afecto que te dedica Luís Juncal, sé que cada dieciocho del mes del frío por Santa Ana existen momentos para la magia porque así me lo asegura Pepe Luís Illescas y me inundas la cabeza con instantes de una Plaza del Carmen donde empezaba y acababa todo si era la voz de Alfredo Nogales la que oía.

Yo sólo sé que le prestas tu nombre a las tuyas, las hijas de mis amigos. Sólo sé que he visto dormir niños en camas de verano de un Motril de tertulias bajo la foto primorosa del cabecero de la cama que colgó Emilio Martín. Y nada más que entiendo de expectaciones en el verbo caliente de Paco Estarli. Y me río con la risa de Pepe Juncal, y disfruto de la bonhomía de Santiago Delgado, y me encuentro con Migue Almagro si voy a tu búsqueda y te pongo mis inquietudes a la altura de la peana.

Sólo sé que tu nombre está cosido con prieta fuerza a mi vida. A los amores verdaderos que no acabaron en traición. A niñas que sin llevar tu nombre pasaron por tu manto, como Lola Peregrina. A la reflexión de un cariño que emana Rafael Alcalá y al dictamen de la amistad de Maricarmen y Miguel Ángel.

Y de lo que estoy seguro es que tenías algo más con lo que sorprenderme. Más de lo que hiciste aquel mayo de 2002 cuando ofrendaste tu segura intercesión, vestida de Reina, sobre la jaula de oro, plata y verdor que es tu palio saliendo extraordinariamente por Santa Ana. Porque más que aquellos compases que si no son milagros no me caben en la cabeza, más que todo eso, más que los nombres prestados, las amistades procuradas, la sana camaradería, la estética irreprochable de tu semblanza y la exquisitez de todo lo que en Ti se encierra, más que todo eso, Niña nuestra, me diste a mi propia niña, repetida, sí, un julio atroz de hace seis años, rubita y tuya (aunque prestada a tu hermana de Motril) y no había discusión alguna que esta niña mía y de los míos, repetida e irrepetibles, debía ser Esperanza.

Porque por mucho que algunos se empeñen, Tú no eres lo último que se pierde. Que Tú eres lo primero que gané, sin necesidad de medallas, ni de listas. Tú eres Granada y Granada es tuya.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

SIMPLEMENTE, ESPERANZA, LA VERDAD VERDADERA.
UN ABRAZO, HERMANO

PEPE JUNCAL

monaguillo dijo...

Que la Virgen te proteja y te acompañe, amigo.

J. Carlos Medina dijo...

Que bello resulta y es todo lo que sale del corazón.

Gerardo Martín R. dijo...

Gracias Hermano!!
Con tanto amor, es obvio que teníamos que hacerla hija tuya también aquella mañana de julio, a sus plantas.
Y como dices, da lo mismo aquí, allí, o donde sea. Esa es la grandeza de Ella, que está siempre con nosotros.
Un abrazo.