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martes, 14 de diciembre de 2010

Enrique Morente

Te empeñaste en darle las navidades a los tuyos, hace casi 68 años, y ahora a los tuyos, que somos los granadinos, los amantes del flamenco, nos la has vuelto a dar. ¿Cómo se te ocurre irte tan pronto? ¿Por qué no discutiste con tu Amargura, que ya nos tiene acostumbrados a su paciente candidez? ¿Para qué Enrique, tanta bulla?

Te has propuesto tenernos unos días en vilo, como hace unos años, cuando nos echamos encima de la tienda de discos de toda la vida, la de la Gran Vía, para comprar “Morente sueña la Alhambra”, que es como el acta fundacional de la Cofradía de los amoríos flamencos granadinos.

El que quiera saber de ti que busque donde Dios le dé a entender. Yo no voy ahora a desgranar tus excelencias. Niño seise del Albaicín, enamorado de lo que oliera a Lorca, a Picasso, a poema y a cante. Revolucionario de estas artes. Veintidós discos. Catorce reconocimientos. Primer cantaor en recibir la Medalla Nacional. Mejor disco el que antes he nombrado según los Ministerios. Y nuestro. De aquí; cercano y nuestro.

Te recuerdo en una cueva del Sacromonte. Y los Viernes Santo en el Campo del Príncipe. Y en la Calle Santiago, sobre sus piedras o encaramado a sus balcones, Lunes Santo de bríos y voz. Te recuerdo en aquella entrevista callejera que te saqué a hurtadillas. En aquella conversación larga, amable, gustosa. Era la suerte de artista que al volver a casa, regresa con la maleta cargada de humildad, de sencillez, de cercanía.

Te recuerdo Enrique y se me contraen las cuerdas porque estaba a punto de echarme a hacer los soniquetes antiguos de tu voz. Y me entristece haberme tirado varios días pendiente de lo que decían de ti porque tenías bulla, no porque se te hubiera ocurrido otro feliz parto, porque descubrieras nuevos caminos, porque siguieras teniendo a tu Granada, presente, siempre presente, en tu trabajo. Y es que al parecer hay una juerga en el cielo, un tablao en la gloria con Montoya, Chacón, la Mercé, con Camarón y Caracol, con la Paquera y el Niño Gloria. Una fiesta por la declaración de patrimonio inmaterial del flamenco. Una fiesta de cante y brindis. Y Enrique, maestro Enrique, amigo Enrique, te ha podido más el Cielo que tu celestial Granada. Pero tú tranquilo, Enrique, que por aquí no te va a olvidar nadie, MAESTRO.

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