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sábado, 4 de diciembre de 2010

Andalucía


Tuve un tiempo donde de tanto leer al Padre Iniesta (e.p.d.) terminé por abrazar una suerte de andalucismo que el mismo que me había nutrido, terminó por destruir. Las obras del preclaro sacerdote escolapio me llevaron a Blas Infante, que tuve como padre de una patria que no era tal. No porque niegue su labor andalucista, o a Andalucía, sino porque en mi empeño por descubrir más cosas acerca del sentimiento andaluz y su historia, terminé por bucear en aspectos, datos y referencias que me abrieron los ojos. Y de repente, me di cuenta que yo no nací en Andalucía, sino en Granada, que de 1492 a 1833 fue el Reino de Granada, con absoluta independencia de Andalucía, y que antes de la fecha mítica de 1492, y ya dentro de la esfera de la cultura musulmana, también conservó notables diferencias con los territorios vecinos hoy todos metidos a empellones en esto que llamamos Andalucía.

Podríamos estar señalando datos e hitos que corroboran lo expresado, pero ni es el motivo de esta entrada ni quiero acabar con la paciencia del lector. Lo cierto es que el oriente andaluz ha sido durante mucho más tiempo otra cosa distinta a Andalucía. Y eso no se puede corregir; ni siquiera desmentir. Y además, hubo algo que me chocó en esos intereses míos por reseñar mi andalucismo; de un lado, la manera tan particular en la que despierta el andalucismo: con un himno católico y con su máximo representante, años después, abrazando el Islam y buscando la tumba de un rey de la taifa sevillana, al-Mutammid. Que conviene precisar, fue enemigo del sultán de Granada, por ejemplo.

Parece que la tierra de María Santísima, la de los grandes artistas (ninguno mejor que ellos, que ahí están Montañés, Velázquez o Cano como muestra) de la Contrarreforma o la que hoy sigue siendo la zona geográfica española más católica… Parece que la tierra de las Romerías más antiguas y más multitudinarias, la de las Hermandades… Parece que la tierra que por algunos lados lleva casi ochocientos años cristiana (más tiempo que fuera musulmana)… Parece, y me repito, que Andalucía debe ser una suerte de reserva islámica, y destruir un pasado que saca los colores de la envidia al resto de Europa, pues no en balde, en sus solares nació la primera cultura del continente, fue especialmente reseñable la época de Roma, andaluces eran dos emperadores y una de las más florecientes cunas culturales y míticas ciudades, se enraizaron por aquí. La Córdoba romana llegó al millón de almas, e Itálica sigue siendo la pequeña Roma pero en la Península Ibérica.

No, al andalucismo desplegado por Blas Infante, le interesó sólo el pasado musulmán. Y de un poema del cadí de Guadix nació nuestra bandera, (que el verde ya saben, es el de los seguidores del Profeta) y pareciera que entre el califato de Córdoba y el sultanato nazarí de Granada, quepa toda y nada más que toda la historia prestigiosa de Andalucía. Aquello, créanme, empezó a escamarme. Mi primera sorpresa fue conocer que a pesar de que en 1833 se podía dar por extinguido el Reino de Granada, este resurge en momentos muy propicios. Por ejemplo, un Real Decreto con fecha de 29 de septiembre de 1847, dividía el Reino de España en once gobiernos generales, distinguiendo entre Andalucía y Granada. Luego, la Constitución española de 1873 dividía España en 17 estados, diferenciando entre Andalucía alta y Andalucía Baja. ¡Atención… Una constitución, no precisamente papel mojado! Once años después, en 1884, el entonces ministro de la Gobernación divide España en quince regiones. Lo que hoy entendemos por Andalucía, se dividía entre la región de Sevilla, y la de Granada. Otra prueba más que Málaga, Almería, Jaén y Granada, ni siquiera entonces, eran parte de Andalucía. En 1891, era Ministro de Justicia Francisco Silvela que saca adelante una división territorial idéntica a la prevista en la Constitución de 1873, de manera que Andalucía estaba formada por Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva, y las otras cuatro provincias, integradas en el territorio administrativo de Granada. De los cuatro ejemplos que les pongo, por no distraer en demasía, pongo solo uno de esos cuatro mapas, el de 1884. Para colmo, hubo momentos de la historia que ni yo mismo podía asegurar, jurídicamente hablando, que había existido Andalucía. Y esto, terminó por esclarecerme. Lo tienen en la foto de arriba.

Cuando descubro que en 1924 Blas Infante felicita a las cabilas marroquíes por sus ficticios triunfos militares frente a España, en cuyas incursiones mueren miles de soldados españoles, la cosa pinta bastos. Lo peor estaba por llegar. En un filoislamismo sin paliativos, Blas dice que en Marruecos viven muchos andaluces en el exilio desde hace 400 años y tiene incómodas palabras para España. Todo esto y no otro será causa de su fusilamiento durante la Guerra Civil. Porque pesaba contra él, el delito de alta traición a España.

No sé si a estas alturas, alguien sigue interesado en el tema histórico. Podría dar datos de catedráticos de derecho sevillanos del momento, o de grandilocuentes figuras como Ángel Ganivet que jamás entendieron la existencia de Andalucía tal y como desde 1981 la entendemos por narices. Prometo otra entrada donde terminar de contar todo esto. Eso sí, que hoy 4 de diciembre yo hable del asunto andaluz, no tiene otro sentido que recordarles a los que sí se sienten andaluces, más aún, andalucistas subrayados, que hoy es el verdadero día de su Tierra, y no el 28 de febrero. Hoy, hace 32 años, los andaluces se echaron a la calle e hicieron posible con las multitudinarias manifestaciones en todas las ciudades andaluzas, que existiera un Parlamento, y una bandera, y un reconocimiento de Andalucía como comunidad autónoma competente. Hace hoy 32 años que murió Caparrós. Y aquel (especialmente el de Andalucía Oriental) que persista en el engaño andaluz, debería hoy sacar la verde y blanca y reconocer el día de su andalucismo. Y no el instituido 28 de febrero. A los que siguen en su empeño (que no comparto pero respeto) felicidades. A los que nos molesta la falta de criterio y abogamos por el oriente andaluz, les recomiendo indagar en la historia, y les insto a que tomemos la calle como hicieron los andaluces, del Oriente y del Occidente, tal día como hoy, de hace 32 años.

7 comentarios:

EL ESPERANZO dijo...

Pues que quieres que te diga, David, yo, a estas alturas, ya no sé ni de dónde soy.... En realidad, da igual de dónde seamos porque "ser de", muchas veces, significa "enfrentarse con".... yo creo que soy de lugar donde respiren mis hijos y se oigan sus risas, y de donde suenen los flecos del palio de la Esperanza, y de la tierra donde queden impresas las huellas de mi mujer, que es morena andaluza pero con ojos de mora y carácter castellano y curvas italianas.... y quiero ser de donde sea Dani Benítez, cuando galopa por la banda izquierda y quiero ser de allí donde suene Virgen del Valle y de allí donde esté Rafa Alcalá y me cuente un chiste....
Francamente, me importan cuatro cojones (con perdón) Silvela y Blas Infante y Franco y Zapatero y Torrebruno, porque yo ya no sé ni de donde soy....y ni siquiera sé si quiero tener bandera ni ser de algún sitio que no sea uno donde haga un fresquito así como el de mi Plaza Nueva.... O a lo mejor no.

Jose dijo...

Hola, estoy muy interesado en conocer la fuente donde has visto que Blas Infante felicitó a los marroquíes por sus victorias frente a los españoles.

J. Carlos Medina dijo...

Prueba de lo que somos y de como nos ven a los andaluces es esta entrada que plasmas en la alacena. Así como nos han vapuleado durante siglos nos han seguido vapuleando con nuestra historia haciéndonos creer aquello que no es cierto.

Autodeterminación, que no es lo mismo que independentismo, significa dejar claro de una vez qué somos de donde venimos y hacia donde queremos ir. Cuando no tenemos claro ni estos conceptos difícilmente podemos progresar y vendernos una milonga como la que nos han venido "regalando" hasta ahora los políticos implica que seguiremos debatiendo si es galgo o podenco. Mal por los andaluces por no hacer lo que tu haces que no es otra cosa que buscar nuestras verdaderas señas de identidad. Cuando esto ocurra, si es que ocurre algún día, entonces sabremos que es lo que queremos realmente y tendremos una oportunidad para progresar. Mientras tanto, seguiremos mangoneados tanto en historia como en economía como en otras tantas cosas. Así nos va y lo peor de todo así nos seguirá yendo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Manuel, yo no tengo la suerte de ser un ciudadano del mundo, pero sí de haberme sentido extraordinariamente en muchas ciudades, algunas sensiblemente equidistantes de la mía, como Viena. Tengo la suerte de admirar las excelencias de cualquier pueblo y mis muchos o pocos viajes (comparado según con quién) me han forjado un concepto nada pequeño, un complejo de grupúsculo, un sentimiento de gueto cultural. Yo estoy feliz, como tú, en muchos sitios. Pero tengo la suerte o la desgracia, que juzgue el que quiera, de haber nacido en Granada, y resulta que Granada no es lo mismo que Andalucía. Es, si me apuran, muy parecido, pero no es lo mismo. He conectado a veces mejor con un bilbaino que con un malagueño. Y me he reído a mandíbula batiente con un viguense más que con un cordobés. Luego sé de dónde soy. Y abrazo por igual los aciertos y fallos de los míos, los granadinos, porque juntos hacemos mi Patria. Así que nadie me indique cuál debe ser mi sentimiento ni me meta a empellones una bandera, ni me falte a la memoria sagrada de la Historia (Estimado amigo Jose, en El Diario el Sol entrevista que concede en 1924, donde reconoce apoyar la causa de las cabilas y estar de parte de estos, "hijos de los que sufrieron la tiranía eclesiástica que destruyó la cultura de Andalucía") porque para mí, mi mejor bandera es esa blanca de la silueta del Veleta que veo todos los días, al despertar, desde mi ventana. Y mi escudo es un hito, un "anti aparca coches" de una acera cualquiera... ¡Una granada! Y mi blasón es el "aeh", y "lavin" y "nipollas", que son las filacterias más hermosas que oigo a diario.

Y que ningún granadino ose meterse con esa otra tierra que tanto admiro y en la que tan a gusto he vivido que se llama Sevilla. Pero la mía es mía, peor quizás, pero mía.

Y esa es la única verdad, Manuel, de los Doradores de toda la vida.

Y por eso, Carlos, hermano, qué sé que eres sensible a esto de lo andaluz, te digo que en una sociedad como la nuestra, no vaya a ocurrirnos a algunos como a los del Valle de Arán en Cataluña, que conviven con los más independentistas de toda España, y los más intolerantes. Pues eso, gloria a Andalucía, a Blas Infante, a la cultura de al-Andalus y al que festeje el 4 de diciembre, el 28 de febrero o el día en que se hizo el ridículo de los ridículos en la Asamblea de Córdoba que fue como el acta fundacional del andalucismo pero sin todos los andaluces... (OJO AL DATO), pero que nos dejen a los que no queremos comulgar con ruedas de molino, que celebremos el día de Granada.

¿Saben cuál es? Todos... Los 365... Cuando te fríe de calor seis meses o te derrite las neuronas de frío otros seis. Cuando te baña en sus ridículos ríos de nieve. Cuando te emborracha desde la Placeta de los Negros. Cuando te estalla delante en el Mirador de san Cristóbal (el otro está a reventar). Cuando te regurcita desde el torreón de su Catedral. Cuando te transporta en la Calle Oficios o cuando te ronea por Solares, Señor o el Lavadero del Sol.

Y tras mi Granada, que es como una madre, me rendiré a mis otras ciudades preferidas, a pesar de conocer las capitales más ilustres del patrimonio europeo: Cádiz y Sevilla, que son las mías. A partes iguales, justo debajo de mi tierra, de mi casa. Pero únicas. Si esto no es ser andaluz, venga la mismísima Madre de Dios (Que venga Palma o Reyes, o que venga la Niña de San Gil o que venga la mía Angustias) y me lo diga.

Filoandaluz sí. Andaluz porque quiera sí. Por cojones no.

Marce dijo...

Oye interesantísima la entrada y mas aún los comentarios. enhorabuena.
Yo seré escueto: Al decir de donde eres estás explicando "de donde NO eres" yo no tengo tan claro ésto último y por eso no voy tan rápido con mi rotundo SOY (en cuanto a lugares como en cuanto a lo demás)

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Marce, bienvenido a esta Alacena tan tuya como de todos...

Tú visión me ha gustado mucho y por el contrario, tal vez peque de poco reflexivo, pero creo estar seguro de saber que soy de donde quiero, pero que no puedo resistirme a ser de un sitio concreto. O dicho de un modo menos metafórico:

Que soy más gaditano que una mojarrita en la Taza de Plata y se me escapa el "miarma" cada vez que recuerdo la Puerta de Carmona y paso por San Esteban, que disfruté tanto en el Ring vienés y en la Plaza de María Teresa y me bañé de Praga y de otras ciudades europeas, me bauticé en la pila de Pessoa ante un tranvía lisboeta, que sin embargo, de donde cada vez tengo más claro que me siento es de Granada.

Y si se fijan los que me conocen, todo ello, sin mencionar el orgasmo real que me produce andar de noche por la Calle San Francisco y el Hoyo del Cenaor del Motril de mis entretelas.

Pero me gusta tu reflexión, Marce. Gracias de veras.

Jose dijo...

Hola, hasta el otro día no me había dado cuenta de que me habías contestado sobre la felicitación de Blas Infante a los marroquíes por la victoria frente a los españoles. El caso es que he intentado encontrar la publicación original en el diario El Sol de 1924, pero no la he conseguido. ¿Sabes la fecha exacta en que salió publicada esa entrevista? ¿Tienes en tu poder la entrevista entera? Lo digo porque he intentado buscar la frase que me destacabas y no la he encontrado: "hijos de los que sufrieron la tiranía eclesiástica que destruyó la cultura de Andalucía". Un saludo.