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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Gioconda

La Giconda pasa por ser uno de los más famosos cuadros de la historia del arte universal, una pintura del controvertido Leonardo en la que invierte 4 años de trabajo y que se atestigua, es un retrato de Lisa Gherardini, esposa del comerciante acaudalado Francesco del Gocondo, que sin duda es el motivo del título de la obra. Lo cierto es que se trata de una pieza menuda de 77 x 53 cm. Ni siquiera el soporte fue cuidado (para un encargo que se trataba), compuesto por dos tablas de madera verticales pegadas, como si se tratara de un aprovechamiento en tiempos de carestía del autor. Se ha escrito y especulado mucho acerca de por qué nunca quedó en manos de la rica familia, como ahora veremos. Lo cierto es que fue adquirido en 1517 por el rey Francisco I de Francia, en cuya Corte pasó Leonardo los tres últimos años de su vida. El monarca (enemigo de España y cuya vida fue perdonada dos veces por El Gran Capitán) pagó por él la respetable suma de 492 onzas de oro y lo utilizó para decorar su cuarto de baño de Fontainebleu. En 1800, Bonaparte la llevó a París y en 1804 lo instala en el Louvre.

Mona Lisa significa señora Lisa, al ser mona, un diminutivo de Madonna, mi Señora . Y existió. Lisa Gherardini era una florentina que nació en 1479 y murió en 1542, casada con un comerciante florentino y que al quedar viuda, ingresa en un Convento de Florencia. Las curiosidades que despierta el cuadro son enormes: ha sido estudiado por todo tipo de investigadores y científicos de cualquier nacionalidad, hasta el punto de reconstruir cuál sería su voz. Inaudito.

La teoría con más fuerza es que no se trata de encargo alguno, sino que es un autorretrato de Leonardo, que quiso pintarse como mujer. La enigmática sonrisa y la enorme ambientación que produce la técnica del sfumato leonardesco hacen el resto. Que fuera un capricho de un rey y de un emperador, lo aumentan. A eso, sumen que el Louvre conserva la obra tras un cristal blindado que aseguran desde la dirección del museo, soportaría hasta un ataque con misiles. Lo cierto es que distorsiona la obra.

El 21 de agosto de 1911, Vicenzo Peruggia, un ultranacionalista italiano, decidió que La Gioconda de Leonardo Da Vinci debía retornar a su país de origen. Para ello, la robó del Louvre de París, escondiendo el cuadro debajo de sus amplias ropas. Su paradero fue desconocido, hasta que dos años después un anticuario florentino recibiera una carta ofreciéndole el cuadro. El ultranacionalista fue arrestado y La Gioconda retornó a Louvre, tras haber pasado dos años debajo de la cama de Peruggia en una fonda de París. Sin duda, una de las joyas del arte universal y de todos los tiempos.

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