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lunes, 15 de noviembre de 2010

Iglesia Mayor de Motril (VI)

Auge y declive (1743-1800)

En el año de 1743, moría a los 80 años de edad don Luís Antonio de Belluga y Moncada, el Cardenal que consigue para la Iglesia Mayor los mayores empréstitos tanto de fábrica como de mercedes. Como una premonición, la muerte de uno de los más preclaros motrileños de la historia, marca el final de una etapa gloriosa y en auge vivida por la construcción eclesial que nos ocupa.

La pérdida de uno de los protectores y mecenas del Templo no iba a ser sino una de tantas vicisitudes nada favorables con las que ha de lidiar la Parroquial en el periodo señalado en el título de este artículo. Un año después de la luctuosa noticia, es nombrado gobernador político y militar el que pasará por ser el peor recordado de cuantos ostenten el cargo, José de Trell; sufre Motril un periodo de profunda decadencia del cultivo del azúcar y a la pérdida hegemónica española y la Guerra de la Sucesión al trono, le sigue una época donde el Estado en sí, es la sombra de lo que un día llegó a ser. Todo ello, con razón influirá no ya en el desarrollo, sino en el mantenimiento de lo logrado por la Iglesia de la Encarnación.

No debía estar atravesando un buen momento la economía eclesial, por cuanto en 1745 se solicita un préstamo a la Curia Metropolitana que esta deniega; en concreto preocupaba el mal estado del órgano, que se hace inservible en 1746, dejándose de incluir en las solemnes ceremonias litúrgicas de la Encarnación dicha pieza y obviamente, perdiéndose los contratos que organistas y capillas de música tenían con la Parroquia, aunque vino a ser un bálsamo entre tan malas noticias la sanción favorable de Fernando VI, con fecha del 11 de diciembre de 1747, aviniendo a declarar Colegiata a la edificación.

Repuesta la flamante Colegiata, ve una nueva ampliación en 1749, año en el que se funda y comienza a construir la Capilla del Sagrado Corazón costeada por la Congregación del Espíritu Santo, terminándose las obras en 1750. Esta construcción añadida en el lado del Evangelio del crucero, nos ha llegado intacta a nuestros días, tratándose de una capilla cubierta por bóveda de cañón que disponía de una sacristía propia (esta sí desaparecida) para el uso privado de la Congregación que la impulsa.

La curiosidad documental viene de la mano de la declaración como Colegiata: si la Parroquia se consagró, costumbre en la Archidiócesis, a al Encarnación de la Virgen, con la otorgación del grado colegial, pasa a denominarse de la Anunciación, como consta en documentos de 1756. Algo antes, se había conseguido arreglar el órgano, de barroca maquinaria, tras siete años de un silencio impuesto. Todo nos hace pensar que las dotaciones de la Iglesia volvían a ser factibles y que esta retomaba su curso habitual.

Pero será a raíz de la visita del Arzobispo de Granada, Pedro Antonio de Berroeta (que lo fue de 1757-1775) cuando la Encarnación sufra una de las modificaciones estéticas que van a conferirle el carácter actual y el patrimonio mueble a la altura de su dignidad, el mismo que la ideología de izquierdas acabó por destruir. El Arzobispo, aconseja pasar el Coro a los pies de la nave, hacer una nueva sillería en este espacio, construir nuevo órgano y dotar de elementos litúrgicos apropiados la Colegiata, que se había visto enriquecida por las generosas donaciones del Cardenal Belluga.

Y en efecto, un 8 de agosto de 1760 se solicita la construcción de un nuevo órgano para, tan solo un año después, el 17 de junio de 1761 aprobar el proyecto de Mateo de Zea para el nuevo coro, que se termina en diciembre de 1761, pasando a los pies de la nave principal, sobre el testero oeste de la misma, en el espacio que actualmente ha venido a ser reconvertido en Baptisterio. El órgano se estrena en 1763 dando a cuenta el anterior, que tenía 123 años. Una impecable pieza tardobarroca que ardió en 1936. Acaba de empezar un pródigo proceso de enriquecimiento de la Colegiata, una etapa paradójica a caballo entre auges y declives. Qué mejor exponente que la Capilla que los cofrades de Jesús Nazareno, a imagen y semejanza de la de los Dolores, levantan en el lado del Evangelio del crucero. En 1765 comienzan las obras que finalizarán en 1767. Un año antes, en 1766 se inaugurar el nuevo reloj en sustitución del que había dejado de funcionar años atrás y al in, en 1770 se soterra y ciega la escalinata primitiva de acceso a la Iglesia Mayor en donde se había instalado el coro.

La década posterior ofrece nuevas empresas artísticas. Así, en 1780 se concluye el Retablo de la Capilla de Santa Teresa, obra del tallista granadino Antonio Cabello y se instaura la Capilla del Cristo de Pataura, la segunda del lado el Evangelio del Presbiterio. Se trajo la Imagen desde Pataura y se construyo el Retablo y el Camarín. Más hubo de empezar un periodo traumático; en 1783 se sufre una inundación a causa de continuas lluvias que afectan las cubiertas de la nave central y del crucero, a la que sigue el terrible año de 1785, escenario de problemas económicos para la Iglesia Mayor, que se ve obligada a reducir canonjías y paralizar las obras de restauración de las cubiertas.

Para colmo, en 1789 muere el último de los grandes monarcas hispanos: Carlos III

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