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jueves, 11 de noviembre de 2010

Iglesia Mayor de Motril (IV)

El siglo XVII o el esplendor de la ciudad.

El siglo de las luces lo será igualmente para Motril, o al menos hasta 1670, y ello por una sucesión de logros, conquistas y progresos que determinan definitivamente la supremacía de esta población sobre las demás de la comarca, marcando más si cabe las diferencias.

En primer lugar, se había alcanzado la nada desdeñable cifra de 4.300 habitantes hacia 1600. Ello obliga a dividir la ciudad en ocho barrios, a ejecutar nuevos proyectos y servicios y a hacer obras que hoy día siguen siendo de un valor patrimonial indiscutible. Es el caso de la terminación del Convento de la Victoria, de la portada manierista del Templo referido, de la fundación de conventos para franciscanos y capuchinos, del asentamiento de una comunidad de monjas, la erección del Monasterio agustino de la Visitación, la nueva torre defensiva del Varadero, el refuerzo y ampliación de murallas...

La Curia distingue a la Villa haciéndola cabeza de partido eclesiástico en 1609; se levanta una Casa de Comedias (1613), el edificio del nuevo Ayuntamiento y de la Iglesia de la Virgen de la Cabeza, se restaura y remodela la ermita de San Roque, se funda la de San Antonio, se crean hermandades como la de la Vera Cruz (antes de 1625), Nazareno (1634) o Refugio (1644) y el rey Felipe IV, eleva a Motril al rango de ciudad, le da títulos y le concede un escudo de armas con el uso de la corona. Se ha caminado hacia el asentamiento definitivo de una población que mira a las vecinas, por encima del hombro.

En cuanto a nuestra Iglesia, este mismo crecimiento social repercute en su fábrica. Si el siglo XVI sirve de definitivo asentamiento formal de este edificio, consolidado como una pieza defensiva., sacra y de plenas formas cristianas, ahora se ve enriquecida no ya tan solo en dimensiones sino en calidades, proyectos y artistas involucrados en la misma. Con diferencia, será este primer periodo del siglo XVII el definitorio para la Iglesia Mayor.

Desde 1599 se venía solicitando a la Autoridad Metropolitana la ampliación de una Iglesia incapaz de acoger a tantos fieles merced al crecimiento poblacional de Motril. Al fin, será el Vicario el que arranque al Arzobispo Pedro de Castro, en 1602, dicha autorización. Así las cosas, al año siguiente, se procede a derribar las casas anexas al templo, con el fin de elevar hacia el testero del este, un crucero de sobredimensionadas proporciones que acoja a los nuevos fieles y dote de una distinción constructiva al conjunto. Será así como se expropie la casa de la familia Peralta y las adyacentes para este fin.

Con el espacio propicio, la obra es encargada por la Curia Metropolitana de Granada, nada menos que al maestro mayor de obras de la Catedral granadina, el prestigioso Ambrosio de Vico, que desde 1604 se dedica al propósito de elevar un crucero. Sufrirá Motril por espacio de 14 años el lento y preciso ritmo constructivo de este nuevo cuerpo adosado a la nave central. A lo largo de estos 14 años, se hubo de desembolsar la importante cifra de 99.831 reales, que venían a ser 3.394.254 maravedíes; si atendemos que por un maravedí podía comer una familia de la época durante una semana, el precio resulta elevado y fruto de los desembolsos constantes de la nobleza y oligarquía que empieza a ser habitual en el Motril del seiscientos. Un barco de amplio calado, costaba algo más de 1.800 ducados de plata. Pues con este costo, que equivale a 9.052 ducados de plata, pudiera haberse adquirido 5 barcos.

El Crucero es de una sola y amplia nave, sobresale ante la nave central, se cubre con bóveda de cañón que descarga en arcos fajones de medio punto y sostiene la capilla mayor mediante cuatro columnas en las que vienen a descargar el peso los arcos torales. Se trata de un modelo clasicista que evidencia ya el barroco, de dimensiones descomunales para la época, a tenor igualmente de las otras obras del momento (no ya en Motril, sino en todo el antiguo Reino de Granada). Dirigidas las obras por el citado Vico, en ellas intervinieron autores como Miguel Castillo, encargado de hacer los pilares torales. El conjunto fue sancionado positivamente y tasado, por el maestro mayor de las obras de la Alhambra, Francisco de Potes, en 1624.

Mientras duraron las obras, se levantó una pared que dividía la nave central del añadido, hoy su crucero y capilla mayor. Esta se derribó en 1611, lo que da idea de lo avanzado del proyecto a pesar de lo que restaba por concluir. Se pudo costear el conjunto con intervenciones tales como las ventas de capillas para enterramiento, que adquirieron, por ejemplo, el Vicario Bartolomé Valverde de Haro.

En la Iglesia, por espacio de varios años y hasta 1631, se venerará a la Virgen de la Cabeza, originando el famoso pleito que da lugar a su nombramiento como Protectora y Patrona de la Ciudad. En 1640, se sigue ampliando patrimonialmente el edificio, en esta ocasión con un nuevo órgano firmado por Gaspar Fernández de Prados.

Que Motril goza de una época dorada (o al menos más resplandeciente que en ninguna otra época anterior) sigue reafirmándolo algunos de sus vecinos. En esta Iglesia, se casan en 1646 Sebastiana y en 1648 Alonso de Mena y Medrano, hermanos del muy afamado escultor granadino Pedro de Mena. Aquí es enterrado en 1650 el siempre recordado e ilustre motrileño Tomás de Aquino y Mercado y se reciben las visitas de los Arzobispos Diego Escolano y Ledesma (que lo fue de 1668 a 1672) y Francisco de Rois y Mendoza (de 1673 a 1677).

Para 1674 se cerraba el coro mediante un cancel. Ese mismo año se estrenaba, por necesidades, el nuevo pavimento, en sustitución del anterior que andaba ya deteriorado. La Iglesia, sumaba a su estética de fortaleza mudéjar al exterior, y a la sobriedad de su gótico retardatario, un imponente crecimiento constructivo barroco, solvente, práctico y majestuoso. Antes de expirar el siglo XVII, el paisano Belluga, era ya influyente. Así las cosas, el siglo que sigue sería el definitivo para la consecución de uno de los conjuntos eclesiásticos más interesantes de la Archidiócesis.

1 comentario:

J. Carlos Medina dijo...

Es curioso y resulta interesantísimo toda la historia que guarda esta Iglesia.
Aquellos que la tenemos por vecina no caemos en la cuenta de la importancia que tiene y el pasado que encierra entre sus muros.

Gracias por el saber que nos regalas.