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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Iglesia Mayor de Motril (III)

El siglo XVI: la consolidación formal de la Iglesia Mayor.

El Vicario don Gonzalo va a ser una de las personalidades más relevantes de este nuevo Motril, como pone de manifiesto las muchas actividades que encabeza y de las que es nombrado responsable, caso de la pretendida y siempre alargada erección de la muralla defensiva de la villa. Lástima que la nebulosa de la historia y la desidia local hayan terminado por dejar en el olvido al insigne presbítero.

Para las fechas de 1526, Pedro de Machuca de nuevo es solicitado por don Gonzalo Hernández de Herrera, para que en esta ocasión ejecute los frescos que debieran de decorar la capilla que, en el lado del Evangelio de la Iglesia, estaría destinada a su propio enterramiento. El espacio funerario queda concluido hacia 1530, al tiempo que el mencionado don Gonzalo no fallecería hasta siete años después. La trascendental importancia de estos frescos, a decir del prestigioso historiador José Pijoán Soteras (1880-1963), suponen toda una triste pérdida por cuanto la pintura admirable de Machuca situaría hoy día en la órbita de los estudios artísticos esta Iglesia Mayor nuestra.

Ese 1530 los réditos eclesiales en forma de marjales en la vega empiezan a dar su fruto. Buen año de progresos en Motril, en tanto que está en marcha la nueva muralla, se ha construido la Torre del Varadero, e igualmente, se eleva el nuevo campanario de la Iglesia, ya que hasta entonces la conocida Torre de la Vela había desempeñado estas funciones. La torre con su cuerpo de campanas, rectangular y alta, se ubica en la parte izquierda del testero oeste de la Iglesia. Así, con todos los elementos formales (arquitectónicos, estéticos y litúrgicos), la Encarnación es ya una referencia constructiva y devocional en la sociedad motrileña, la misma que a finales de marzo de 1537 asiste a la muerte del Vicario Herrera, que se despide del mundo de los vivos otorgando en su testamento la nada desdeñable cantidad de 922 marjales para el provecho de este templo. Algo así se repetirá en 1545, cuando el vecino Pedro Tamayo funde y costee una nueva capellanía que empieza a sugerirnos los suculentos empréstitos que lograba el casi reciente edificio eclesial.

Será este segundo tercio del siglo XVI poco interesante por cuanto los esfuerzos constructivos y las dotaciones patrimoniales ya estaban cumplidos. Sí es cierto que a pesar del buen órgano con el que contaba desde 1522 la Iglesia, en 1547 se encarga uno nuevo que hubo de ser francamente modesto, porque al poco ya estaba inservible. Eso sí, en las ceremonias cultuales se puso especial cuidado, ya que había partidas constantes para pagar a los organistas.Pronto, la población motrileña irá en aumento hasta el punto de necesitarse una nueva Iglesia o en su defecto, la ampliación de la existente. Así las cosas, los presbíteros y regidores motrileños, manifiestan este deseo ante el Arzobispo Pedro Guerrero (1546-1576), cargado de fama al haber sido ponente del Concilio de Trento. No debía ser mucha la inquietud de la Curia Metropolitana, porque nada más se sabe al respecto de la solicitada ampliación, aunque sigua dotándose a la Encarnación y por ende a la población, al inaugurarse en 1562 el primer reloj público del lugar, sobre la Torre de la Iglesia, aunque no nos quede definitivamente claro si en la de la Vela, o en el campanario del testero oeste.

Once fueron los años que hubo que esperar hasta que don Pedro Guerrero dio su consentimiento a las obras que vinieran a mejorar esta Iglesia. En concreto, en 1566, el Cabildo de la ciudad costea las obras de explanación del espacio que linda con la Plaza Mayor (la actual Plaza de España) con el fin de convertir aquello en un atrio decente y significado al que abrirse la portada del sacro edificio. Ese mismo año se proyecta una nueva pila bautismal acorde con los programas decorativos que imperan en la época. Hubo de ser grandiosa, por cuanto, hecha en jaspe, contó con la participación de un cantero (de ascendencia gala, Pierrres Macera) y no en balde, pasaron 11 años de nuevo hasta su conclusión y estreno en 1577. Ese mismo año, moría el Arzobispo.

Pronto, surgen nuevas Iglesias y espacios sacros en Motril. En 1580 el Convento de la Victoria y su templo, y en 1583 la ermita de San Roque (hoy Iglesia del Carmen), en recuerdo de la epidemia sobre la que salvíficamente actúo el santo citado y que sirvió para nombrarlo protector de Motril. Así también, la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza (el Real Santuario de la Patrona) sigue atendida y todo ello hace que se disipe las necesidades de enriquecimiento y ampliación de la Encarnación.

Que no quiere decir que la Iglesia no sea convenientemente remozada, con elementos que le configuran un aspecto más propio, pues no debemos perder de vista que estamos ante una masa edificatoria con la función, también, de fortaleza para los vecinos ante los continuos ataques piratas y las levantiscas de los moriscos. Y por ello en 1588, el Coro en alto donde se situaba el órgano, ve como la viga de madera que lo sostiene se sustituye por otra en jaspe, a juego con la ya mencionada pila bautismal. Y de nuevo otra coincidencia, porque en ese año de 1588, moría el Arzobispo granadino Juan Méndez de Salvatierra, que lo fuera de 1577 hasta esa fecha. Si se dan cuenta, cada vez que entraba jaspe en la Encarnación, salía difunto el sucesor de San Cecilio en Granada.

Las casas se amontonan alrededor de edificio. Sus imponentes medidas y lo estudiado de sus materiales, sirven de defensa y cobijo. Sustituye además la traza de muralla que hubiera de existir pero cuyas obras anda en continúas parálisis. Algo de orgullo debía ya despertar la obra, para que el regidor Alonso de Cárdenas se planteara la expropiación y demolición de los edificios que la encorsetaban, con el fin de aislar la Iglesia, procurarle una mayor protección y que sirviera para ese doble uso religioso y defensivo. Costaban las obras, como así presupuestaron, la muy respetable cantidad de 3.200 ducados. Y nunca será fácil de afrontar.

El grandioso Pedro de Castro Cabeza de Vaca y Quiñones, Arzobispo de 1589 a 1610 y uno de los más influyentes prelados españoles, se digna a visitar la Villa y la Iglesia en febrero de 1591. Será entonces cuando oiga de primera mano las peticiones de ampliación, al tiempo que aprovecha para conocer la realidad eclesial de Motril. Que en parte, tuvo que estar al servicio más que espiritual, porque solo 3 años después de esta visita, en 1594, para refrendar su carácter de fortaleza, la Iglesia se abre para refugiar a los habitantes, se cierran sus puertas, se montan las piezas de artillería en la Torre de la Vela y se espera lo peor. El Capitán General de Orán (en manos españolas entonces), ha advertido por misiva que Motril sufriría un ataque berberisco. He aquí otra de las importancias históricas añadidas a la Iglesia que nos ocupa.

Y cuando va a expirar el siglo XVI, al fin, las peticiones de los motrileños trasladadas por su vicario, son oídas en Palacio Arzobispal. Y el Arzobispo don Pedro de Castro, que vive la convulsión inmaculista en Granada, autoriza las obras pertinentes con destino a la ampliación de esta Iglesia, que irá progresivamente alcanzando las dimensiones y estéticas definitorias de su imponente estructura constructiva. Y en el siguiente de los números, en los que nos estamos empeñando en celebrar estos 500 años de vida del primer monumento y edificio de Motril, contaremos esta nueva imagen que cobra “la Mayor”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado leer estas lineas donde se puede conocer la historia de nuestros monumentos..monumentos que quizas no gozan del reconocimiento que merecen..Gracias

Anónimo dijo...

Estimado David:

Si me lee y puede ayudarme, por razones históricas, me interesaría mucho saber quién era el vicario de la Iglesia Mayor de Motril en los meses de febrero o marzo del año 1584.

Muchas gracias por adelantado y disculpe las molestias:

Antonio
xpell@yahoo.com