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jueves, 18 de noviembre de 2010

El Juicio Final


Que fue el más grande de cuantos artistas diera (y barrunto que dará) el mundo, no cabe duda. Le ganó el pulso a su coetáneo y afamado Leonardo, que asistió desgarrado a dos triunfos de Miguel Ángel: por un lado, del mismo bloque de mármol que estaba arrumbado en la casa Medici y que Leonardo aseguró no servía para hacer una escultura, saca (con muchos menos años de edad) nuestro hombre, el inmortal David. Cuando a ambos les encargan las pinturas murales con las batallas famosas ganadas por los florentinos, en el Palacio de la Señoría, Leonardo haría la “Batalla de Anguiari” y Miguel Ángel la de “Cascina”. Pero a Leonardo, el fresco le jugó una mala pasada y se acabó por perder.

Arquitecto, escultor, pintor, poeta… Si Leonardo era un científico desmedido, Miguel Ángel el más grande de los artistas. El de Vinci fracasó con los Sforza, puso en un brete a Florencia con la desviación del río Arno y sus innovaciones en el mundo del fresco hacían que se desmoronaran las obras, como la famosa Última Cena milanesa del convento dominico. Además, fue acusado de pederasta en su juventud, mientras era discípulo del Verrochio y como vegetariano, respondía con enorme lesividad verbal a los que comían carne.

Y el florentino era dueño de uno de los caracteres más iracundos. En una pelea con Torrigiano, este le rompe la nariz. Pero el poder y los contactos de Miguel Ángel son tales, que Torrigiano primero y Jacopo Torni después, tienen que abandonar Italia y refugiarse en las obras de la Granada y la Sevilla del momento si quieren trabajar. El más grande de los escultores, el genio de la pintura, el autor de 300 sonetos de cuidada estructura, era conocido como “Il Divo”, el Divino. Lo último que hace para la Capilla Sixtina es el fresco del testero central, bajo el motivo de El Juicio Final. Hoy, hace 449 años que lo terminó.

Tardó cinco años en realizarlo, y al igual que en la rica bóveda, prohíbe a todos, el Papa incluido, que vean el proceso creativo hasta no estar terminado. Cuenta la leyenda que el mismo Paulo III sorprendió a Miguel Ángel en este sacro lugar en actitud libertina con su amante Tomasso Cavalieri, y que era tal la audacia y el respeto que sentían por el maestro florentino, que ni el Sumo Pontífice se atrevió a tomar represalia alguna contra el artista.

Miguel Ángel se retrató como San Bartolomé. El santo aparece representado en el momento de su martirio, cuando le fue arrancada su piel. El genio había superado los 60 años y no siempre recibió el trato debido. El santo dirige hacia Cristo una mirada llena de reproches que hacen de este autorretrato un análisis del estado de ánimo del maestro conforme envejece. Y es que Miguel Ángel se sentía explotado y financieramente estafado por Julio II. Además, en la zona inferior, donde el concelebrante tiene forzosamente que dirigir su mirada durante la misa, compuso parte de su particular infierno, el lugar donde caen las almas que Dios no salva en su Juicio. En este espacio está retratado nada menos que el maestro de ceremonias pontificio, Biagio de Cesana. Fue especialmente crítico con la obra, compuesta por cuatrocientos desnudos que causaron todo un impacto por presidir un espacio tan sacro. Miguel Ángel se vengará del poderoso clérigo retratándolo a las puertas del infierno con cuernos y orejas de burro. Biagio reclamó al Papa tamaño insulto y este, ardoroso seguidor de Miguel Ángel, le vino a decir:

"Querido hijo mío, si el pintor te hubiese puesto en el purgatorio, podría sacarte, pues hasta allí llega mi poder; pero estás en el infierno y me es imposible. Nulla est redemptio." (Tu salvación es imposible).

El Juicio Final se divide en dos partes: arriba, los santos y ángeles en torno al trono de Cristo. Un Cristo que en sí, es el mismo Hércules mitológico. María Santísima a su vera. Su discípulo Daniel Volterra fue el encargado, a la muerte del Papa Paulo III de pintar los paños que cubrieran la desnudez de las Sagradas Imágenes. Por esta acción, fue apodado el braghettone, el “pintacalzones” y desató la ira del genio. Cuando muere el inmortal Buonarroti, el Greco se ofrece para repintar todo de acuerdo a los gustos de la Reforma Católica (corría 1570, y acababa de concluir el Concilio de Trento). Afortunadamente, esto no ocurrió.

La zona inferior es un torbellino, una composición helicoidal, un infierno que se basa en la Divina Comedia de Dante. Pero lo que más destaca es el color, ácido, indómito, que abotarga. El maravilloso estudio anatómico y la fuerza de su conocida “terribilitá” hacen el resto. Una obra adelantada a su tiempo, cargada de enseñanzas teológicas y de maestría artística. Uno de los conjuntos más conocidos y que mayor interés despierta. La genialidad de un genio nacido bajo el signo de Marte que hoy cumple 449 años.

Murió a un mes de cumplir los 89 años en 1564. Su obra es el punto culminante del arte del Renacimiento. Para muchos, este estilo muere con él, pues a partir de su producción, los autores crean “a la manera” de los genios, especialmente del florentino. Así, nacería el estilo precursor del barroco: el “manierismo”. Profundamente religioso, tenido como un mito viviente, fue capaz de superar con su David la mismísima escultura griega y romana. Convencido de que la belleza del cuerpo encierra la gloria de Dios, la perfección está alcanzada en sus desnudos. Al fin, descansa eternamente en la Santa Cruz de Florencia en el sepulcro de la imagen de arriba.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífico post.
Respecto al contenido teológico vale más contemplar esta obra que la pseudocatequésis que se da a muchos críos; destacaría el gesto de reprobación de Cristo a los condenados y las imágenes del Infierno, verdadera traducción plástica del "pro multis" que se lee por el sacerdote en la consagración ("por muchos" no "por todos" los hombres, lo que parece que está en vías de solución).

Saludos.

J. Carlos Medina dijo...

Si Miguel Angel levantase la cabeza y viese las tropelias que se comenten en nombre del arte moderno le daría un jamacuco.

Ciertamente el mas grande de la historia.