Visitas

viernes, 19 de noviembre de 2010

El aplauso más largo de la historia


24 de febrero de 1968. El palacio de la Ópera Alemana, en Berlín, cerca del famoso muro que hasta 1989 separó una ciudad y un país, acoge la representación de una obra inspirada en la Italia del siglo XVIII. El moderno edificio de 1960, había sido estrenado apenas siete años antes.

En escena “El elixir de amor”. La historia del amor de Nemorino hacia Adina; la respuesta negativa de esta; la desesperación del muchacho. Estrenada en Milán en 1832, es obra de Gaetano Donizetti, que creó 75 óperas entre las que se encuentran “La favorita”, “Don Pascual” o la que se inspiró en los últimos momentos del reino de Granada: “Alahor en Granada” y que habla de la reconquista cristiana.

La voz del tenor sobrecoge. Un italiano con sobrepeso y diastema de 32 años encarna a Nemorino. El que triunfó como Tonio de “La hija del Regimiento”, también de Donizetti; el que fue capaz de romper la escala de adjetivos en el aria Nessun Dorma; el que me terminó enganchando a la ópera.

Pues ese, el inmortal y más grande, el que a mi parecer le ganó la partida a Enrico Caruso o Franco Borelli, y a Plácido Domingo y a quien no iguala Bocelli, ese día, ese 24 de febrero de 1968, en el corazón alemán, en la sede de la Orquesta y del Ballet nacional, Luciano Pavarotti vio como el telón se tuvo que alzar 165 veces porque los asistentes, estuvieron durante 67 minutos, durante una hora larga aplaudiendo sin parar al más grande de los tenores líricos que habrá dado hasta el momento el mundo… Al inmortal Pavarotti.

4 comentarios:

José Miguel Moreno Sabio dijo...

Hola David, te voy a contar algo sobre Pavarotti que seguramente no conocerás. En el mes de mayo de 1974 Pavarotti se presentó al público de Madrid cantando "Un Ballo in maschera" de Verdi. Todavía no era muy conocido en España y por diversos motivos el debut fue poco brillante. Especialmente fallida resultó la escena final, la del magnicidio, en la que apareció el Conde Riccardo en el baile de máscaras con un absurdo disfraz que le habían proporcionado en "atrezzo" consistente en una túnica destartalada de tipo saco sobre la que destacaba una banda de color fucsia y algún que otro curioso aditivo. Evidentemente la humanidad de Pavarotti, así revestida, resaltaba de tal manera sobre el conjunto que las risas del público destacaron sobremanera durante un buen rato por encima de la música. A esto se unía el hecho de que el tenor venía ya mosqueado desde los dos primeros actos con la soprano. Se trataba de Ángeles Gulín, una de las voces de soprano dramática más potentes de las que se tenga constancia histórica. En el dúo del "Acto II" ella se lo había merendado literalmente y al final de la ópera era evidente quien de los dos había ganado la batalla, pues en esa época las funciones de ópera era realmente batallas campales entre divos y divas. Al día siguiente salieron unas declaraciones de Pavarotti en ABC en las que afirmaba que jamás volvería a cantar una ópera en Madrid .... ¡y en efecto nunca más volvió! De lo narrado doy fe, pues con mis 17 años recién cumplidos tuve las suerte de asistir a tan curiosa representación.

J. Carlos Medina dijo...

Resulta curioso ver como este grandioso tenor no sabía leer las partituras. Más mérito tiene, si cabe, el que tuviese que aprenderse las obras de memoria y cantar con la maestría con lo que lo hacía. Por mi natural tendencia a la melancolía, suelo llevar a todas partes un soporte, cualquiera, de audio en el que nunca falta Nessun Dorma para esos días en los que uno se encuentra "felizmente triste". Me sigue sobrecogiendo la voz de este hombre. Un grande, quizá el que más.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

José Miguel, que sepa uno que una de estas entradas que la mayoría de las veces cuesta sudor literal parirlas, las lee alguien, gusta. Que las comenten, anima. Pero que para colmo queden enriquecidas con esa anécdota histórica e intrahistórica que nos traes, es una delicia. Muchas gracias, de verdad.

Y Carlos, ese aria es casi un sonido de cabecera. Cuando al final encontremos el hueco, te voy a llevar a un distinguido garito de Granada cuyo dueño tiene una voz portentosa; de tanto en vez, y dependiendo de la ingesta alcóholica, se arranca y te deja con la boca abierta. La última vez fue "Libiamo" de Don Giovanni. Y cuando conocí el lugar, estaba peleándose con el Nessun Dorma.

Otra excusa para venir.

Anónimo dijo...

Bien, pero resulta que no es verdad. El récord al aplauso más largo lo tiene Plácido Domingo en Viena, 80 minutos por Otelo. Lo cual no quita que Pavarotti fuera un gran tenor,aunque tuviese días malos.