Visitas

viernes, 22 de octubre de 2010

Prohibido fumar

Soy respetuoso por naturaleza, (amén de conservar valores en desuso como la fidelidad o lealtad) y fumador. Pertenezco a esa generación informada que empezó a los catorce años a fumar por cuestión “viril” y que ha intentado en unas pocas ocasiones dejarlo. Mi récord está en un mes, uno de los mayores calvarios que recuerdo y desde luego, no volveré a procurar a excepción de hacerlo voluntariamente. Me lo pida el Santo Padre en persona.

Cuando entro en un espacio cerrado y público (véase taberna o derivado) y no observo ceniceros, siempre pregunto si se puede fumar. De recibir una negativa por respuesta, no oso repetir en el establecimiento. Cada uno es libre de escoger dónde desea invertir el dinero que sacrificadamente gana. No fumo ante menores y si estoy con no fumadores, me aguanto las ganas aunque en el local en cuestión permita exhalar humo. Y en mi casa, habitada por dos personas, dos fumadores, se realiza tan detestado acto en la terraza.

Por eso repudio las hipocresías, las dobles morales, la mentira recaudatoria del Estado. En democracia, el vicio no se condena, se grava. Así de sencillo y doloso. El Gobierno destina 5.000 millones de euros mensuales a tratar enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Ingresa por la venta de tabaco en sus muy diversas formas, 10.000 millones. El descaro es inmenso y la falta de ética raya en lo desordenado. Si realmente desean prohibir el tabaco, lo fácil es dejar de venderlo. Pero se acaba un chollo económico, un negocio que por legal, no deja de ser fraudulento. Una hipocresía enmascarada de salubridad que muchos practican con actitud reprobatoria.

No se podrá fumar desde el 2 de enero en ningún espacio público cerrado; ni en la puerta de un hospital o en parques y espacios destinados a los más pequeños. Curioso. Pero el Gobierno no nos dice que la mayor parte de las afecciones relacionadas con los problemas respiratorios, son producto de la contaminación ambiental. Harvard ha demostrado que el cuarenta por ciento de enfermedades bronquiales, asmáticas, enfisemas pulmonares, cardiopatías isquémicas, trombosis venenosas… La OMS ha declarado que se producen al año 15 millones de muertes en el mundo por la contaminación. Los más afectados, a juicio de la Organización, los niños hasta la edad de 5 años. En junio de 2009 (tiren de hemerotecas) la entonces titular de Medio Ambiente, Cristina Narbona, hablaba de 16.000 muertes en España relacionadas con la contaminación generada por las emisiones de CO2. Y que yo sepa, eso no es culpa del tabaco.

Las últimas estadísticas mezclan enfermedades y costes de tratamiento del tabaquismo y contaminación. El maquillaje de cifras es el mejor invento de nuestro Gobierno, como en el caso del paro. Y conste que no lavo mi conciencia, pero no oigo a ningún político siendo tan contumaz y tan inflexivo con el tabaco como con la contaminación del tráfico rodado. Si además el primero genera tan interesantes dividendos, sigo sin comprender cómo alguien es capaz de protagonizar un ejercicio de doble moral tan flagrante.

Que no se fume en la puerta de un Hospital no lo va a librar que cada vez que se abran sus puertas, una nube invisible y cancerígena (lo dice un estudio de la Universidad de Valencia) atraviese las mismas. Comprendo que la prohibición en un parque infantil sea más una cuestión educacional que una protección a la salud del menor, que como hemos visto, queda expuesto a mayores riesgos. Según OMS, 38 millones de españoles estamos sometidos a un aire nocivo; tantos como los que vivimos en ciudades, ya sean pequeñas o del tamaño de Madrid, la más poblada.

El presupuesto para 2010 con el que contaba el Ministerio de Sanidad era de 7.769 millones de euros. Con las transferencias a las comunidades autónomas, menos de 5.000 millones de euros. ¿Cómo destina entonces el Gobierno el mismo presupuesto que el de toda España, con las 17 CC.AA. incluidas, a tratar enfermedades relacionadas con el tabaquismo? ¿Por qué engaña? Y aún así, creyéndonos esta cifra, si el tabaco le hace ganar el doble, ¿por qué estoy costeando yo (y el resto de fumadores) la sanidad a españoles, inmigrantes, turistas europeos con convenio y al Susum Corde que venga a mi terruño?

¿Lo ven? Se trata de la más vergonzante actitud, la más hipócrita y falaz que recuerdo en tiempo. Por parte del Gobierno y de todos los que no fumáis y no nos toleráis a los fumadores. Debían prohibirlo sí. A ver qué subida de impuestos nos correspondía. A ver cómo se pagaban 10.000 millones de euros entre 47 millones de españoles. A mí las cuentas me salen a 212,77 euros al año por español. El que tenga alguien a su cargo, que haga multiplicaciones. Dejamos de fumar, para descanso de los no fumadores, pero el marido que me lea, con un niño y una mujer que no trabaje, por ejemplo, que prepare 638 euros al año; algo más de 53 euros mensuales. ¿No está mal verdad? ¿Pagan los jubilados? ¿Se les retrae de las ayudas sociales a los parados? Si el inmigrante tiene salud gratuita, también costeará solidariamente (porque la solidaridad es un bien de todos, ojo) esta cuantía, digo yo.

Yo el dos de enero, sintiéndolo en el alma por cuantos amigos hosteleros tengo, dejaré de entrar en cafeterías, bares y demás locales de ocio. Cuando no me quede otro remedio, me veréis en uno. Como yo sí respeto al no fumador y hago ímprobos esfuerzos por no invadir el espacio sin humos que me pide, solicito el mío. Y si el mío es en casa de mis amigos fumadores y la mía misma, así será. Porque puede verse resentido el consumo en este tipo de negocios con actitudes que les auguro, no serán aisladas. Que se lo digan a cafeterías como la de Filosofía y Letras, me dijeron ayer mismo ex trabajadores del lugar.

Y si tan malos somos, al menos con nuestro dinero costeamos los tratamientos. He ahí las cifras. El día que también sean restrictivos con el humo del transporte, los centros industriales y cualquier otra actividad contaminante, me avisan. El día que no prohíban por un lado y se lucren al tiempo, me avisan. Y el día que el cinismo no sea la moneda de cambio de este Gobierno, de no fumadores y de ex fumadores (los más temibles), me avisan. Yo, a mi no salud, me enciendo un cigarro. ¡Hipócritas!

No hay comentarios: