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martes, 19 de octubre de 2010

¿Monarquía o República?

Los argumentos que generalmente se esgrimen para desestimar la opción monárquica suelen refrendarse en cuestiones amparadas por una justicia social que no dejan de encerrar una rebelión de clases. Para muchos, la monarquía es algo trasnochado porque permite que una persona gobierne por derechos hereditarios. Este primer argumento es perfectamente contestable: alguien que nace preparado para gobernar, que ha visto en los ejemplos paternos (y sus padres en los suyos, y estos en los anteriores, y así hasta la noche de los tiempos) y ha tenido desde la cuna que formarse para ser rey, gozará de una indiscutible ética que un político nunca tenga. El rey tiene responsabilidades inherentes y una educación que unas elecciones no otorga. A estas alturas, un monarca jamás puede ser comparado con un presidente de república, simplemente porque desde el mismo instante de su nacimiento, ha sido preparado para ostentar el poder. El político, no.

Bajo el amparo de esa revolución de las clases considero que a veces se desarrolla la crítica monárquica. Dicen algunos que nacer en una familia determinada, con un apellido concreto, no debería significar nunca una serie de privilegios. El sentido del deber de un púber (y ahí quedan los ejemplos del Príncipe Felipe, que desde los siete años ha sido personaje público y educado como heredero) que está llamado a reinar, jamás debería ser criticado. Un político se inicia mucho después; un monarca, desde la cuna, está llamado a responder en cada instante de sus actuaciones y a desempeñar actividades que le son inherentes pero seguro, precoces para su edad. La sangre real no es un sorteo ni un premio de fortuna, sino un deber que siempre ha sido respondido.

Sin duda, el argumento de mayor calado es que en el siglo XXI todos los ciudadanos deberíamos ser iguales tanto en derechos como en deberes… Y según esto, ¿por qué entonces un presidente del Gobierno vive en un Palacio? ¿Por qué los abultados sueldos de diputados, senadores o ministros? ¿Por qué el uso de aviones de las Fuerzas Armadas? Esa falacia retórica no tiene ningún sentido. Un rey tiene mayores privilegios, e inmensas responsabilidades que se escapan al común de los ciudadanos. Seguro que nadie quisiera vivir permanentemente rodeado de guardaespaldas, siendo claro objetivo terrorista y con la presión pública y de prensa que tiene un jefe de Estado.

Así llegamos al último de los argumentos medianamente coherentes, el de la elección del Jefe de Estado y no el cargo que viene impuesto en toda monarquía. Bien, a tenor de ello, habría que decir que una república conlleva dobles elecciones con el gasto que ello procura. Y puede ocurrir que Jefatura del Estado y Gobierno, queden en manos de ideologías encontradas, algo que en Francia o en Estados Unidos hemos visto varias veces (con Chirac, en el primero de los casos, o ahora en Estados Unidos, con Obama y un Congreso dominado por el partido republicano) con resultados nada halagüeños.

Pero profundicemos en algo que a muchos se les escapa: la Jefatura de Estado siempre tiene un papel representativo, se trata de un órgano aglutinador con más carácter de “representación” que ejecutivo; es decir, que la figura del rey tiene las mismas responsabilidades que la figura de un presidente de república. O dicho en román paladino: un rey hace lo mismo que un presidente de república. Luego, para que el cargo nos cueste lo mismo y sirva y haga lo mismo, ¿es necesario plantearse un cambio?

Mucha gente desconoce que cuando se elaboraba nuestra Constitución, para el título referente a la jefatura de estado, en manos (aquí en España) del Rey, se basaron en la República Francesa y se dejaron imbuir del modelo nórdico republicano e incluso, mantuvieron influencias de la república portuguesa. Es decir, lo que casi todos los críticos sin argumento alguno critican, no es otra cosa que el papel que hace un jefe de estado en una República, pero en nuestro caso, con la imagen de un Rey. Ahí están los modelos estadounidense o australiano: en el primero, todos creen que se elige a una misma persona para desempeñar el mismo puesto. Sí, pero se realiza una segunda votación, unos comicios electorales (y todo lo que ello significa) que por otro lado, elige a la Cámara Alta, que allí es el Senado, donde realmente estará el poder ejecutivo norteamericano. En Australia, aceptan la figura simbólica y de árbitro político de la Reina Isabel. O sea, como aquí, mantienen una jefatura de Estado con el desempeño de la misma función. En cuanto a Estados Unidos, la labor del presidente a veces es institucional, y puede no refrendarse sus decisiones como Presidente del Gobierno si el Congreso es de otro color distinto al del partido que este representa.

El carácter neutral de nuestra Jefatura de Estado, y el papel representativo del rey español es tomado como modelo por muchas naciones. Es garante de las relaciones internacionales y precisamente, al no ser un jefe de estado transitorio, su imagen se relaciona con la de la fortaleza de una persona que acumula experiencia diplomática y que estrecha lazos fuertes con otros jefes de estado permanentes o renovables. O lo que es lo mismo: un presidente que dura 4, quizás 8 años nunca puede desempeñar la misma labor de otro que desde la cuna sabe cuál será su función y que la desempeña con las “tablas” y experiencia de los años.

Pero digamos más: las principales economías y potencias mundiales, están bajo soberanía monárquica. Los países con los indicadores más altos de nivel de vida, son, sin duda, los que siguen: Japón, Canadá, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Nueva Zelanda, Bélgica, Luxemburgo, Reino Unido, Australia… Habría mucho que justificar, como que nuestra Monarquía ha desempeñado el papel de salvaguarda de la cultura e historia de nuestro pueblo, ha sido la garantía de su estabilidad política y continuidad. El Rey es el Jefe de Estado y el representante de la nación, la síntesis viva de su Historia, su patrimonio y su embajador de más prestigio. Además, las principales civilizaciones tienen su punto de partida en un gobierno monárquico, caso de Macedonia, Egipto, Babilonia, Asiria, Grecia o Roma. En España, la monarquía crea el sentido de nación durante el reinado de los visigodos. Con los Reyes Católicos, España se convierte en el primer Estado Moderno. Con nuestro Rey, se aseguró la democracia y se burló un golpe de Estado.

Algo está claro… Si tener un presidente de república significa que va a hacer el mismo trabajo que un rey; si juntar ambos poderes (Estado y Gobierno) en una figura no es sinónimo de integridad social (el modelo estadounidense); si la formación recibida por un heredero, basada en la vocación por España, y en el servicio a los españoles y en el sentido del desempeño de una labor tan grandilocuente es manifiesta; y sin encima, resulta que nos cuenta a los españoles 0,17 euros al año, cuando los sindicatos nos cuestan 1,68 euros anuales… La cosa se decanta a favor de una monarquía.

Seamos sensatos. Hoy día la derecha más postulada hacia la derecha, la extrema derecha y la izquierda extrema, son los únicos que defienden la república. Santiago Carrillo no ha cejado de alabar al rey. De Felipe González se sabe su republicanismo radical que se tornó en respeto de súbdito hacia el monarca. Muchos se preguntan por qué la derecha es más propicia a la república. Quizás por la herencia franquista. De hecho, el conservador seducido por el falangismo o el directorio militar es el que acomete todos los ataques verbales a la corona.

En España ha habido monarquía desde el año 410. La I y II República y el Régimen Franquista suponen un total de 45 años; así, nos dejan 1.655 años de tradición monárquica. Si tenemos en cuenta la unificación bajo un mismo estado, corona, leyes y fisco de toda España, esto se produce en 1512. Es decir, la monarquía ha existido (descontando los 45 años anteriores) durante 453 años. Cargarse cientos y cientos de años de historia en nuestra nación para que un Presidente de República haga lo mismo que nuestro Rey, cobrando posiblemente más (recuerden que todo regalo al rey y todo de lo que dispone no es suyo, sino del Estado, y que al contrario que los diputados, ministros o presidentes, si fuera derrocado, no tendría paga vitalicia como sí tendría un presidente republicano) y sin la preparación moral que tiene todo heredero, me parece realmente de locos. O de trasnochados. O de extremistas de izquierdas y de derechas. O simplemente, de personas realmente torpes que desconocen lo más básico de la cultura constitucional y por eso se permiten hablar. Porque puestos a ahorrar, si es lo que les preocupa, ¿para cuándo la desaparición de las diputaciones? ¿Para cuándo la desaparición de las autonomías? ¿Y por qué eso no se trata? Cuando se abolan las 19 autonomías (que en ellas incluyo Ceuta y Melilla) y las 50 diputaciones, que se abola la corona… Seguro que ya se ha zanjado el debate.

4 comentarios:

José Miguel Moreno Sabio dijo...

David, he leído muy pocas entradas de blog con las que pueda estar tan de acuerdo como con ésta tuya. Enhorabuena por tan brillante y sincera exposición.
Un saludo desde la ciudad de Cuenca.

José Miguel Moreno Sabio

David R.Jiménez-Muriel dijo...

José Miguel, un verdadero placer que bucees por esta Alacena. Y espero todo marche extraordinariamente por tu segunda patria chica.

Un enorme abrazo.

J. Carlos Medina dijo...

Para todos aquellos eruditos republicanos que con gran maestría piden la defunción de la monarquía podrán encontrar en esta alacena argumentos de peso que no siempre están presentes en nuestro argumentario, bien sea por desconocimiento o por costumbrismo.

Aunque la comparativa sea muy burda, perdóneme majestad y tú también David, todo esto es como el extintor que llevo viendo más de 12 años en mi oficina. Jamás se ha utilizado gracias a Dios; entonces ¿cabría preguntarse si es necesario que esté ahí? Pues el rey, nuestro rey, mi rey, amén de los cometidos y quehaceres diarios es, como tu bien dices, el garante de nuestra constitución, esperando igualmente que nunca haga falta echar mano de él pero a buen seguro que si hiciese falta confío y no dudo que sería el primero en encabezar la defensa de nuestra actual democracia como bien hizo ya el famoso 23-F

Muy acertada la entrada y habrá que imprimírsela y llevarla guardada siempre en el bolsillo para cuando me tope con algún republicano irredento. Eso sí, de boquilla republicanos hay muchos pero les entraría el tembleque si de verdad se viese amenazada de extinción la Casa Real.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Cabrían muchas más argumentaciones. Me quedo con que muchas de estas propuestas de extinción, nacen de pensamientos de luchas de clases, trasnochados que no se dan cuenta que siempre habrá quienes deban contar con mayores privilegios, no por ellos mismos, sino por el lugar en el que están. El presidente del gobierno se dice a sí mismo socialista y obrero. Y vive en un palacio, con un sueldo superior al que cobren tres o cuatro obreros hoy día, y con prebendas tales como que si su mujer quiere cantar, se pone a su disposición un avión de las Fuerzas Armadas.

El día que la gente sea consecuente e impere la sensatez, acabaremos con tan estéril discusión. ¿Cuánto nos cuestan las autonomías? ¿Y las diputaciones? ¿Es lógico pagar a otro que va a hacer la misma función que el que hay ahora, pero con mayores problemas?

Sí, yo soy monárquico. España es juancarlista. Pero es que con la razón en la mano, la república constituiría el retraso de nuestra sociedad.

Así que ¡Viva el Rey!