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viernes, 1 de octubre de 2010

Marichalar

Como yo, seguro que han escuchado que la única manera de estar informado con veracidad es mediante la lectura de varios diarios de contrastada ideología, para que, tras el repaso al tratamiento de una noticia desde uno u otro punto de vista, pueda uno sacar las conclusiones más imparciales posibles. Pues créanme que es una solemne mentira. No hay más que comprobarlo a tenor de lo que en la jornada de ayer jueves, pudimos observar yéndonos de uno a otro lado del espectro periodístico de esta nación, con el tema de la Huelga General como protagonista. Mientras Público venía a considerar la pantomima sindical como de éxito (o medio éxito), La Gaceta, que viene a ser a Público las antípodas del periodismo posicionado, decía lo contrario. Me he ido forjando la idea que a fin de cuentas, ningún medio será imparcial, veraz y justo; porque los matices coadyuvan a crear la noticia. Por eso no pierdo el tiempo viendo qué dicen los medios de comunicación que no responden a mi pensamiento, pues terminaré demonizando el contenido de sus informaciones.

Todo esto me sirve para el tema que les propongo. Es inaudito cómo la prensa, radio y televisión española, tienen la facilidad de hacer de la información un negocio y un interés. En 2008, la publicación Época, decía sin decir, pero con ánimo hiriente, que en la separación entonces en ciernes entre la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, los abogados de Su Alteza alegaban consumo de cocaína. El tamaño de las letras no deja duda alguna de la manera concienzuda con la que los de la revista querían “vender”. Un titular resaltado que fuera llamativo. No hay otra. Luego, en el ángulo superior derecho, en un tamaño ciertamente ridículo en comparación con la supuesta acusación, se explicaba todo. Una argucia ante posibles y futuras demandas, que desde luego no se hicieron esperar. Lo tienen en la ilustración de arriba.

Ahora, un juez pide una fianza al director Carlos Dávila (que dirige La Gaceta, del Grupo Intereconomía) y a su redactora jefe de Investigación Eugenia Viñes, más de un millón de euros. Ellos se exculpan, pero lo cierto es que una portada como esta, que tuvo más repercusión que desde luego, todos los números anteriores posibles de la revista, terminó por confeccionarle al vulgo una idea que muy difícilmente podrá restañar Jaime de Marichalar. ¿Quién no ha oído algún chiste sobre las supuestas aficiones nasales del ex duque? El que suscribe sigue con gran gusto la labor informativa del Grupo Intereconomía. Asímismo, lo que lo que le suceda a don Jaime, a un monárquico como yo, poco le importa a estas alturas donde no forma parte de la Casa Real y en tanto que la posibilidad de sucesión de su prole es más que complicada. O lo que es lo mismo, la supuesta influencia de su padre en los vástagos, por lo improbable de su llamada a ostentar la corona, es una cuestión familiar, sin trascendencia como cuestión de estado o como prurito de monárquico.

Si como dice el otrora director, ahora de La Gaceta, ellos se limitaron a contar lo que le revelaron y ni intervinieron en proceso alguno ni apostaron por ninguna versión, creo que lo más justo era poner en portada: “Separación conflictiva de los Duques de Lugo”. Y en el interior, justificar que sus fuentes han podido conocer que los abogados de doña Elena esgrimirían llegado el caso este supuesto consumo como argumento en la separación; que para colmo, nada se sabe, nada se dijo, nada se echó en cara. Claro, una señora… Pero si como nos maliciamos todos, lo que Época pretendía era incendiar un poco el asunto y aprovechar que el “Pisuerga pasa por Valladolid” para vender más, deberían haber sido más directos. Les hubiera yo aportado alguna idea para su portada, algo así como: “Jaime de Marichalar Duque de La Blanca, es como el sol: cada vez que sale se pone [hasta el culo]”.

Dicho esto, lo que me parece aberrante (y en esta ocasión no me duelen prendas en criticar a un medio conservador, por el que mete la pata, la mete con independencia de que su ideología comulgue o no con la mía) es que pueda permitirse a un medio de comunicación o a un colaborador de un programa, que excuse sus argumentos y quede impune de sus señales, anteponiendo a todo el ya manido: “supuesto o supuestamente”. Dañar la imagen, el honor de alguien, es facilísimo. Cuando uno asiste a un discurso contundente, en lo que menos es en el “supuesto”. Lo del millón de euros de fianza, me parece igualmente injusto. Pero en la figura de dos periodistas que en tantas otras ocasiones han demostrado su valía y profesionalidad, sí que haría yo un escarmiento para quienes osaran traspasar la línea entre la información y el “todo vale” para vender más. Emulando al juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, les aplicaría un castigo edificante: por ejemplo, asistir durante todo lo que queda de curso, una hora al día (lectivos, claro), a una clase de la Licenciatura de Periodismo en la Facultad más cercana a su residencia. Y al término, que entregaran un trabajo de quinientas páginas, a mano, sobre la ética periodística, con esquema, índice, bibliografía… Porque a Jaime de Marichalar, que insisto, ya no es nadie pero merece el respeto que ha de tenerse a cualquier persona, el millón de euros (de recibirlo él), no le servirá para que en los Carnavales de Cádiz, los chistes populares y en definitiva, en el rato ocioso de la mitad de los españoles, le reintegren su honor, que esta portada, “supuestamente” lesionó.

Lo cierto es que el periodismo español, cada vez da más asco. Por eso, lo único verdaderamente bueno es leer a Arturo Pérez Reverte o escuchar a Carlos Herrera.

2 comentarios:

Lemar dijo...

De acuerdo hermano, pero las penas con un millón de euros, son menos, seguramente, y bueno carnaval es carnaval, ay, ay, ay. Y nada más, un abrazo.

J. Carlos Medina dijo...

Por desgracia, podemos ver cada día como hay una raza de periodistas en peligro de extinción. Los llamados caballeros y señoras de esta noble profesión tienden a desaparecer por una cuestión tan banal y asqueante como es el dinero. Tenemos a una juventud cuya máxima aspiración es ganar dinero por la vía rápida contando sus intimidades más mundanas. Tenemos por otro lado a una juventud estudiando periodismo que igualmente sueñan con entrevistar a la otra parte anteriormente descrita. Y claro así nos va.

Hay una máxima que deambula entre los ideales de muchos periodistas que dice: Nunca dejes que la realidad te estropee un buen titular. Y esta norma cada vez se extiende más entre los futuros periodistas. No es cuestión de generalizar pero la realidad se impone y vemos cada día como hasta los periódicos más reputados son tentados al sensacionalismo con tal de arañar audiencia a la competencia.