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viernes, 15 de octubre de 2010

El amor

Una tarde de hace doce años; reuniones donde fuimos ocupando casas de hermandad; camisetas para barras de ferias; cartas oficiales; viajes a Sevilla; coronaciones canónicas; chotos al estilo de un legionario; comidas en medio de la Vega; curvas a lomos de una vieja furgoneta; noches en vela soñando Aniversarios; atrevimientos de juventud con encajes y vírgenes por vestir; tertulias hasta el amanecer; ciriales de ida y de vuelta; bajadas por los cerros embarrados y farragosos de un Motril de cortijos; Nochebuena oriental y verdadera; veranos preñados de sueños y de horas interminables en las terrazas del fresco; ferias vendiendo entradas; copas apuradas hasta embarcar; cafés amargos en las cafeterías de una Facultad; risas incontroladas en el salón de una calleja con olor a galán de noche; nervios por mayo, insomnio en agosto, nanas en septiembre…

Bautizos con el cuello de la camisa sin terminar de abrocharse. Paseos con carros infantiles interminables; epístolas, radio, pregones, artículos, humor, abrazos, Tribunal y consecución.

Explota el amor por partida doble. La verdad encuentra su camino y a Dios, los juicios que le son propios, los divinos, le preocupan poco. Solera e historia en los nuevos domicilios. Adiós a unos pocos que tanto han sido. Concejales, secretarios municipales, políticos y escritores… Cuatrocientos motivos para estar feliz, la seguridad rotunda de una amistad sin fisuras y el orgullo enorme de ser testigo del triunfo de la razón, de la lógica.

Y después de doce años largos, con todo lo vivido, con todo lo pasado, con tanta ironía destilada en cada rato y tantos proyectos cumplidos y por ver, un sábado donde decir SÍ es decir todo. Como ayer, estaré, aunque a veces no se me vea. Aunque incumpla obligaciones y reste momentos. Aunque pasen mil ciclones, porque el que encuentra a unos hermanos, sabe que la sangre es un líquido viscoso y espeso que sirve para vivir, pero el alma es la firma humana en la que dejan huella y constancia de paso los que de verdad importan. Y la tarde estrenada de un sábado será cuando más orgulloso me sienta de haber estado aquel otro sábado de hace doce años largos en la Avenida de Sáez, donde entramos a la vez en una misma hermandad que ahora la componemos cinco. ¡Os quiero! Y cuando la medida del amor es amar sin media, todo lo demás, basta.

1 comentario:

Gerardo Martín R. dijo...

Gracias hermano. Gracias.