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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Israel (III)

A raíz del nombramiento de Gran Bretaña en 1920 como administrador del territorio palestino para que en él se asentaran los judíos provenientes de Europa, a lo largo de toda esta década, penetran en territorio ajeno a ellos (llevaban entonces 1785 años fuera de la que un día fue su tierra) 106.000 judíos. Los británicos habían prometido a los musulmanes, de un lado, a través de Thomas Edward Lawrence (inmortalizado por el cine como Lawrence de Arabia) la creación de un Estado Árabe Unido en Palestina.

Eso en 1917; ese mismo año, y haciendo uso de un cinismo sin precedentes, mediante la Declaración de Balfour, prometen la creación de un “Hogar Nacional Judío. El texto decía así:

“El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar para los judíos, y utilizará sus mejores medios para facilitar la consecución de esta causa. Sin embargo, debe quedar claro que no debe hacerse nada que perjudique los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”... O lo que en el más castizo de los términos españoles vino a significar, que se desvistió un Santo para vestir a otro.

Lo cierto es que entre 1920 y 1931, Palestina observa como se asienta en su territorio 106.000 judíos, entregándosele la tierra con la condición de que sólo pudiera ser trabajada por judíos y de que ningún no judío pudiera arrendarla. En 1929 nacía la Agencia Judía, que terminó convirtiéndose en el Gobierno de Israel en 1948 y que adquiere las zonas de cultivo y despide a los musulmanes palestinos, reemplazados por los judíos de los kibbutz. La tradición árabe, marca que el agricultor no posee sus propias tierras, pero sí los cultivos y los árboles que crecen en dichas tierras. Los hebreos flagran la tradición del pueblo en el que han ido a asentarse y empobrece y desfavorece al pueblo palestino con estas medidas.

En el año 1931, viven en el territorio Palestino-Israelí un millón de personas. El 74 % es musulmán. Sólo el 17 % es judío. Según las decisiones de Sociedad de Naciones (actual ONU), el 68 % del territorio quedaría en manos palestinas y un 32 % para los judíos. El incumplimiento de lo acordado y el deseo expreso de que existan dos naciones en convivencia, queda como papel mojado en 1939. Desde 1936 a 1939, se suceden los atentados terroristas y las luchas entre judíos y palestinos. Como hoy, que al pueblo hebreo le concedemos el derecho a defenderse, los palestinos de hace 70 años hicieron lo propio, ante los abusos a los que asiste impasible el Gobierno Británico encargado de velar por la seguridad y el pacífico entendimiento de ambos pueblos. Hasta el punto que en 1939, se ve incapaz de proseguir y abandona su ruinosa tutela.

En 1947, la ONU decide crear dos estados dentro del mismo territorio, naciendo Israel y Palestina. Los judíos pasan a tener su ansiada Patria, que es invadida por una liga árabe que no acepta el acuerdo. Iniciada la “Guerra árabe-israelí, esta se salda con una contradictoria fortuna: de los 28.365 kilómetros cuadrados, el 78,7 % del territorio es israelí (22.145 kilómetros cuadrados) y el mundo palestino, heredero musulmán que llevaba 1.066 años allí, está confinado en el 21, 3% del territorio (6.220 kilómetros cuadrados). Curiosa manera de entender la justa repartición del terreno, que para colmo, era íntegramente palestino.

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