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martes, 10 de agosto de 2010

Procesiones Extraordinarias de Nuestra Señora de la Cabeza, muestras de la insondable devoción a través de los siglos.

Envuelta en ese halo místico que las leyendas (perfectamente demostrables, por lo que dejan de ser leyendas y pueden tildarse de tradiciones orales) le forjaron desde su arribo a Motril, la Virgen de la Cabeza se convirtió, y así sigue, en la Imagen más devocional de la zona casi desde sus inicios.

Sabemos que ya en 1542 el propio Ayuntamiento costeaba los gastos de su fiesta, siempre en torno a la festividad del 15 de agosto. Durante el siglo XVI, fueron cotidianos los toros de lidia en el día de la Asunción. Pero será a raíz de la epidemia de peste de 1583, cuando la ciudad empiece de manera rotunda y continuada en confiar en l intercesión de esta Imagen, sin paliativo alguno. Ese año, un 26 de julio se trasladará desde su primitiva ermita en el Cerro hasta la Mayor, para que desde el 26 de julio al 3 de agosto se celebre un novenario en el que se pide a Nuestra Señora de la Cabeza por el fin de la peste. Tras la salvífica intervención, se produce la primera rogativa pública (o salida extraordinaria) conocida ese mismo mes de agosto de 1583, días previos a su tradicional salida del día 15.

En 1630, la procesión con carácter extraordinario vendría a tener un doble sentido: tras el intento de los franciscanos por adueñarse de la Imagen, los motrileños inician un litigio que se saldará a su favor y mientras se produce el fallo, se conduce a la venerada Talla hasta la Iglesia Mayor, reivindicando así que no hay más dueño de la Sagrada Obra que el pueblo de Motril. Y el 29 de enero de 1631 regresará en olor de multitud a su entonces modesto templo significando esto, de un lado que el Ayuntamiento la ponga bajo su patronato, que esto pueda entenderse como su proclamación como Regidora a Perpetuidad de Motril (Alcaldesa Perpetua), que provoque su designación como Patrona y que se empiece a construir su actual Santuario.

Otra de esas procesiones extraordinarias de calado se producirá en el mes de abril de 1640. La ciudad de Granada se había caracterizado por su defensa ciega del Dogma de la Inmaculada, y por ende toda la Diócesis. En la Semana Santa de ese año, un libelo ofensivo a la creencia pública de que a la Virgen no tocó el pecado original desata una controvertida sucesión de procesiones y actos de desagravio, que en Motril se resuelven sacando en procesión como una adhesión a la causa inmaculista a Nuestra Señora de la Cabeza. Así las cosas, la Imagen, ya convertida en Patrona, irá recibiendo muestras de este tipo de una manera rotunda, unas veces con carácter laudatorio y otras, en clave de rogatoria.

A este último modo corresponde la de 1679, cuando una pandemia de peste negra terminará asolando la población, al punto de diezmarla con hasta 2.000 personas. La terrible epidemia empezó un 10 de abril. El trece de junio se apeló a la intervención de San Antonio de Padua; su virulencia fue tal que la población desesperada y hambrienta, recurre a Nuestra Señora de la Cabeza y la conduce hasta la Iglesia Mayor, al punto que terminado el novenario que se le consagra, el 26 de junio remite los efectos de la enfermedad. Otra nueva oportunidad de la Sagrada Imagen para demostrar su arraigada devoción sucede en 1708, en concreto un 24 de agosto de 1708, celebrándose rogativas extraordinarias a la Virgen de la Cabeza por el cese de una terrible plaga de langosta, para a continuación, llevar a cabo una Procesión de Acción de Gracias por su intercesión milagrosa.

Especial fue la que ocurriera el 25 de diciembre de 1804, cuando tiene lugar el Voto a Perpetuidad que Ayuntamiento, Iglesia y Motril le hace, tras el asolador terremoto que diezma la ciudad, ocasiona el derrumbamiento de conventos y torres eclesiales y deja sin vivienda a decenas de motrileños.

De cuantas manifestaciones de este tipo tienen lugar, que daría para colmar la paciencia del lector, habría que recordar la del 28 de septiembre de 1885 por el fin del Cólera que acabó con la vida de 459 motrileños, la del 17 de octubre de 1954, cuando participa en la Procesión Magna Mariana celebrada en Granada con motivo del I Centenario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada, o la del 17 de mayo de 1957, emotiva fecha por cuanto regresa tras 20 años de forzado exilio a su Santuario (destruido por la Izquierda), y es entronizada en su nuevo camarín ante el Arzobispo de Granada Rafael García y García de Castro, junto a los obispos de San Sebastián, Zamora y Oviedo.

Desde hace al menos cuatrocientos años, cualquier situación adversa u otra digna de celebrar en esta ciudad, se ha hecho con la presidencia en andas procesionales y atavíos de gala de la Patrona de los motrileños, la que hoy como ayer, sigue teniendo la mayor de las devociones de entre los católicos de esta tierra.

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