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domingo, 1 de agosto de 2010

Nuestra Señora de la Cabeza Coronada, Patrona de Motril

Si hay una Imagen difícil de relacionar estilística e históricamente hablando es la Patrona de Motril, con una valía artística que desde luego no vamos a poner en entredicho, en tanto se alza sobre las del resto de la provincia, manteniendo en esta apreciación la máxima de las cautelas, aunque tal vez pequemos de modestia, dada su magnífica plasticidad, acabado polícromo, curioso estofado y réditos fisonómicos que la han convertido, qué duda cabe, en una de los principales pilares devocionales de Motril y su área de influencia.

El dato más antiguo para fechar la llegada de la Imagen a Motril, es el de 1500, como así lo refleja Tomás de Aquino y Mercado en su “Historia de las antigüedades y excelencias de la Villa de Motril”. A raíz de este primer texto haciendo referencia a la presencia de la Sagrada Talla en la ciudad, será el reconocido cronista oficial Manuel Rodríguez Martín (que escribiera bajo el pseudónimo de Juan Ortiz del Barco) el que retrasa a 1510 dicha aparición.

La leyenda de la Virgen de la Cabeza nos habla que unos marineros portugueses que se habían hecho con una Imagen de María Santísima aprovechando sus viajes con intenciones comerciales a los archipiélagos griegos, fueron sorprendidos a su paso por la zona marítima de Motril por una fuerte tormenta y una tempestad inusitada, cuando regresaban a su patria lusa. Como quiera que no amainaba el temporal, los marineros imploraron a esta Talla por su salvación, prometiendo que allí donde se apaciguaran las aguas, fondearían y dejarían la Imagen (entendiendo esto como señal de la intercesión de la Obra) en donde le procurarían una edificación decente.

Si esta es la parte de la leyenda, que en sí, no es tan increíble, pues no hay fuerzas ni hechos sobrenaturales de difícil explicación, vayamos ahora al examen de la pieza sacra, para entresacar sus posibles dataciones y filiaciones artísticas:

Se trata de una obra de talla completa que representa el modelo iconográfico tradicional de la Virgen-Trono, o Majestad. De tamaño menor al natural, su altura es menor a un metro. De pie, en su posición esboza una delicada curvatura que contrarresta la figura del Niño Dios que sostiene en sus brazos.

Viste túnica en tono claro profusamente estofada con motivos vegetales menudos. El manto, que no nace desde la altura de los hombros, envuelve a la Imagen, siendo este de tonos dorados que se oscurecen en los pliegues. De su cabeza, pende en crenchas una pequeña melena parcialmente ocultada por un escueto velo que responde a las mismas tonalidades que hemos visto en el manto. La mano izquierda se repliega siguiendo la línea del cuerpo y ofrece la palma de esta hacia arriba, de suerte que simule sostener la imagen del Niño, que forma parte del mismo embón. La derecha, de absoluta gracilidad en el dibujo correcto de los dedos, está pensada para el sostenimiento de un cetro que revele iconológicamente la realeza de la Virgen.

En todo caso, se trata de una obra fechable entre el último cuarto del siglo XV y el primer cuarto del siglo XVI. No corresponde a los talleres activos en esta zona peninsular de la citada horquilla temporal. Nada queda de goticista en su traza y concepción, pues no se observan ni el gusto por la minuciosidad en el tratamiento de los pliegues, cierta acusación de hieratismo, o la propia conjunción del óvalo facial. Su procedencia revela que el autor estaba relacionado con la estatutaria renacentista italiana, aunque con revisiones claras de la misma, en especial del tratamiento de la policromía y el uso sin pudor de las tonalidades doradas, que casan a la perfección con el extendido icono de la zona griega y oriental en definitiva, lo que revalidaría la suposición de que proceda de Corinto, como así asevera la tradición.

Por su tamaño y la aceptación de su venida a Motril, caben pocas dudas en establecer una hipótesis sobre su origen. Caben dos vías para entender esta obra: que se trate de una Imagen de “batallas”, que por su tamaño sea idónea para su transporte como ajuar sacro de los campos militares que se instalaban a lo largo de las campañas bélicas de la tópicamente conocida como “Reconquista” cristiana del antiguo Reino de Granada, o bien que fuera una Imagen de culto privado a bordo de una embarcación, que tras una transacción comercial quedara en el navío de la leyenda y este la desembarcara en Motril. Nos inclinamos por esta segunda posibilidad, en tanto la situación social del Motril de los primeros años de la conquista por los Reyes Católicos, no era el más oportuno para haber dejado una Imagen mariana en la entonces villa, algo que veremos más adelante.

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