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miércoles, 11 de agosto de 2010

Leyendas Históricas en torno a Nuestra Señora de la Cabeza

La primera de las leyendas acerca de la procedencia de Nuestra Señora de la Cabeza se encarga de narrar la llegada de la Imagen a Motril a manos de unos marinos portugueses, que tras haberse hecho con una Talla de María en Corinto, fueron sorprendidos por un vendaval que durante seis días estuvo a punto de hacerlos naufragar, poniendo en riesgo sus vidas y cuanto llevaban en sus bodegas dada su condición de comerciantes.

Prometieron los marineros lusos que allí donde se calmara el mar, dejarían a la Imagen e intentarían depositarla con el decoro que mereciera, haciéndolo la Virgen de la Cabeza ante las playas de Motril. Lo cierto es que a la primera de las ocasiones, los marineros no repararon en su promesa, y haciéndose de nuevo a la mar, fueron sorprendidos de nuevo por la tempestad. Repetirían su promesa y las aguas le condujeron, calmas, hacia las playas motrileñas. Hasta en tres ocasiones se produjo tal condicionante, hasta que quedaron perfectamente convencidos del deseo de la Sagrada Talla de quedarse en esta tierra.

Como hemos visto en otras entregas de este especial, existió una ruta comercial portuguesa que cruzaba ante Motril. Además, sabemos que a comienzos del siglo XVI, un temporal y las mayores inclemencias meteorológicas nunca vistas hasta entonces, a juicio de los cronistas de la época, se produjeron en la España del momento. Todo parece coincidir y aseverar que esta leyenda no lo es tanto, y sí un hecho constatable.

La segunda e interesante leyenda, tiene mucho de contaminación oral, de influencias de otros lares. Al parecer, la Imagen se depositó en el único templo que por entonces contaba la ciudad, el de Santiago, pero desaparecía de él y al poco, era descubierta sobre la cima del promontorio o Cerro que hoy lleva su nombre y donde se levanta su Santuario. Pusieron los cristianos vigilancia en Santiago, pues señalaban a los habitantes moriscos como los responsables de la desaparición, creyendo, procurarían acabar con la Sagrada Talla. Mas se quedaron esa noche dormidos los soldados y al cabo de unos días, en el Cerro, un joven pastor que buscaba alimento para su escueto rebaño encontró entre la maleza la Talla, asegurando que desprendía un resplandor que asustó a sus animales.

Así, entienden los motrileños que es deseo de la Talla residir en ese lugar, lanzándose a la erección de una modesta ermita para Nuestra Señora de la Cabeza. Ahora bien, también existe una explicación lógica. Motril era mayoritariamente morisco y los cristianos viejos que repoblaron desde su conquista y durante estos primeros años la villa, minoría. No es de extrañar que estos cristianos viejos fueran los propios responsables de esconder la Sagrada Obra preservándola de probables revueltas y actitudes díscolas y levantiscas de la población musulmana, al tiempo que de esta manera y por hechos misteriosos envueltos en halos mágicos, mostrarle a los creyentes en el Islam, la cierta supremacía de la fe católica y que en efecto, los condicionantes sacros que ellos consideraban en esta Pieza artística, eran ciertos.

Lo cierto es que en las leyendas relacionadas con la Virgen de la Cabeza encontramos perfectas demostraciones y respaldos históricos que le confieren con plenitud su antigüedad y su peso devocional. Como es el caso de la cubrición de la Playa donde desembarca, de azucenas, el símbolo de la pureza. Esta flor, abre sus pétalos a una hora concreta. Si los marineros tocaron tierra cuando la flor estaba cerrada, sería imposible que vieran en efecto que la Playa, en aquel momento virgen, estaba cubierta por esta especie, que además, necesita de una importante salinidad para subsistir, completando y explicando lo misterioso, y reforzando por tanto, cuanto a través de los siglos, se ha dicho de esta Patrona.

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