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lunes, 9 de agosto de 2010

Historia de los Retablos del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza

El primitivo Retablo Mayor fue una fábrica barroca de la centuria del seiscientos que sabemos, se estaba dorando en el año de 1660, gracias al poema laudatorio que dedica a la Virgen Francisco de Trillo y Figueroa en 1663, donde en clave de verso da cuenta de esta noticia. Mas nos es imposible descubrir nada del mismo, más allá de especular que se debería a las fábricas propias del barroco del seiscientos, bien con cierta modestia, por cuanto medio siglo después se labraba el que persistió por más tiempo en la historia, concienzudamente ejecutado con vocación para la Sagrada Imagen.

A este primero le continuó el que desapareciera en las destrucciones republicanas de 1936, una pieza de la retablística española del siglo XVIII, dividido en tres cuerpos que partían de un ampuloso arranque con espacio para dos puertas de muy decorados tableros, que servirían para acceso a sacristía y/o camarín.

Continuaba el conjunto con el espacio central, dominado por la apertura hacia el interior del Camarín donde presidía la Imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, quedando Ella flanqueada por las Imágenes de San Joaquín, el padre de la Virgen, en el lado de la epístola y San José con el Niño, en el del Evangelio. Ambas obras, se cobijaban en veneras, abriéndose hacia las calles laterales, división conseguida por el efecto de los enormes estípites muy airosos, de oren colosal, que recorrían todo el conjunto.

Al fin, el Ático, rematado en arco de medio punto descansando sobre entablamento de entrantes y salientes y que mediante la decoración de tableros ajustados al intradós, reservaba espacio para una venera central, presidida por un extraordinario crucificado en actitud expirante, en relación con el taller de Alonso de Mena, lo que nos indica que fue rescatado del Retablo Primitivo.

Aprovechando su construcción, se ampliaría el Templo con el habitáculo del Camarín, hacia donde se deprimía el arco central que en su intradós, ha dejado su impronta en el actual Retablo puesto que del dieciochesco se conserva la profusa decoración de este espacio mediante altorrelieves de figuras celestes.

La armonización de entrantes y salientes y la persistencia del horror vacui casan la pieza como heredera de los conjuntos inspirados en la labor de los entalladores castellanos de la familia Churriguera, y en especial José Benito (1665-1725), a raíz del ejecutado para el salmantino Convento de San Esteban (1692). El Retablo Motrileño, puede ser fechado como obra (que fue, desgraciadamente) del primer tercio del siglo XVIII.

El actual, fue ejecutado por Manuel González Ligero que es escogido a resultas de un Concurso impulsado por el propio Ayuntamiento de la ciudad, no por ser el favorito de los que se encargaron de la elección, que lo fue el boceto presentado por Domingo Cecilio Sánchez Mesa, sino porque se adaptaba a las exangües cuentas que se disponían para la ejecución de la nueva pieza retablística y el Camarín. Así las cosas, tras aquel concurso convocado en 1955 y la elección del citado artesano encomendándole tan atrevido proyecto, el autor ocupó los años que van de 1956 a 1958 en el adecentamiento y decoro del Santuario y ejecución de un Retablo Provisional, entre otras, porque tras 20 de ausencia de la Imagen de su Santuario, un 17 de mayo de 1957 regresaba al mismo y era entronizada en el nuevo espacio, bendecido por el Arzobispo de Granada Rafael García y García de Castro, junto a los obispos de San Sebastián, Zamora y Oviedo.

Del 4 de septiembre de 1961 al 12 de octubre de 1968 se ejecutó el nuevo Retablo Mayor del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, una obra que indudablemente hay que señalar por su estética rupturista, al no acomodarse al lenguaje propio de estas piezas, dividiéndose en cuerpos y calles. Se trata de un conjunto armónico que arranca en un sotabanco y se enmarca en un arco triunfal sostenido por pilastras de orden gigante. El espacio propio de este Retablo acude a una decoración original, por cuanto su autor se basa en las leyendas propias que se relacionan con Nuestra Señora de la Cabeza y apela a elementos de significado motrileñismo.

El espacio central se reserva para María Santísima. Parte de una decoración que alude a la llegada de la Virgen en la Playa de las Azucenas. Todo un universo celeste campa por esta primera fragmentación retablística, que a ambos lados de la venera central adonde se abre el camarín, luce los frutos propios de la vega motrileña.

El arco triunfal que se reserva centralmente para la Imagen y en su interior, el Camarín de Ella, simula un “Triunfo” tan propios de la representación pictórica de los asuntos sacros de la pintura barroca hispana, llenando el espacio de nubes por donde asoman los ángeles y querubines en altorrelieve.

Sobre el elegante entablamento curvo, dos imágenes exentas recrean el Reino de los Cielos, al representarse según los Evangelios, el Trono de Dios Padre, y a su derecha, el de Cristo. Sobre Ellos, la figura del Espíritu Santo en su iconografía propia, orlada por rayos en forma de bisel. Tras la figura de Cristo, sedente y con la cruz de la Victoria, la fachada de la Basílica Mayor de San Pedro Vaticano. El proyecto original fue concebido para que en vez de tan simbólica construcción, fuese la Catedral de Granada la que se observara, pero mediante consejo del Arzobispo Rafael García y García de Castro, se apeló a la portada del Templo Madre de la Cristiandad.

A su vez, Manuel González Ligero ejecutó el suntuoso camarín, que sigue el gusto por las decoraciones del barroco en este tipo de espacios. Cuatro paneles profundamente decorados mediante trasuntos heráldicos y formas vegetales sostienen la elegante y vaporosa cúpula semiesférica que cierra el conjunto. Desde 2002 se ha venido manteniendo ímprobos esfuerzos por aumentar el decoro de esta pieza, revistiéndose de zócalos de mármol bitonales el antecamarín y realizándose con idénticos presupuestos estéticos, una poderosa peana de mármol, todo ello bajo los criterios artísticos del diseñador y hermano Francisco Posadas Chinchilla.

Es sobre esta pieza donde luce la peana de plata que realizó en 1929 Indalecio Ventura y que da paso a la Imagen de Nuestra Señora, convirtiendo en el más logrado conjunto sacro de Motril, el Retablo Mayor y Camarín para honra de Nuestra Señora de la Cabeza Coronada.

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