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domingo, 8 de agosto de 2010

El Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. Proceso constructivo del actual edificio.

El 3 de febrero de 1631, toda vez que se habían marchado su nuevo emplazamiento los franciscanos y dado el ruinoso estado de conservación de la ermita primitiva que les hubo de servir a estos para sus actos religiosos y conventuales, se acuerda construir un nuevo Templo para la Virgen de la Cabeza, mediante donativos del pueblo y aportaciones del mismo Cabildo Municipal. De tal manera, el 12 de febrero de 1631 se procede al derribo del Convento y Ermita y hubo de poner empeños redoblados, instituciones y población por cuanto el 13 de marzo de 1631 se había procedido ya a la cimentación de la nueva Iglesia y el 25 de marzo de 1631 se efectuaba la colocación de la primera piedra de la nueva Iglesia.

El proyecto original se debió al arquitecto Isidro Lachica al que le correspondió dar las trazas del edificio (y al que igualmente debemos la dirección de obras del ayuntamiento) en tanto que en 1633 las obras de albañilería andaban avanzadas y en 1635 el Cabildo Municipal de Motril hace efectiva su toma de posesión y patronato sobre la Imagen de Nuestra Señora de la Cabeza y su Santuario consagrándose definitivamente en 1641.

Se trata de una iglesia de planta de cruz latina y una sola nave que se divide en tramos regulares y se cubre mediante cúpula de media naranja con lunetos apoyados sobre arcos fajones. La planta no presenta una perfecta regularidad, ensanchándose en el lado de la epístola con respecto al trazado de la nave, ocupando actualmente el espacio, el Altar consagrado a Nuestra Señora de los Dolores, una talla de formato académico que data del primer tercio del silo XVIII, y cuya pieza retablística ha sido enriquecida usando uno de los pasos de metal plateado de la Imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, el conocido como “de la Barquita”.

De igual forma, se acusa la irregularidad de la traza con una sala añadida en el lado del Evangelio junto a la Capilla Mayor, transformada en 1993 en dependencias museísticas y que comunica con las estancias habitables con las que contó el Santuario (espacio de descanso del Arzobispado en épocas estivales) hoy empleadas para necesidades parroquiales. En esta tónica habríamos de incluir la sacristía, que se abre en el compás del Presbiterio, hacia el lado de la Epístola.

El crucero se cubre con un cúpula semiesférica que descansa sobre pechinas dando paso al presbiterio mediante pronunciado arco toral, al tiempo que en los pies, luce un coro alto apoyado sobre arco escarzado moldurado y decorado con un emblema heráldico con las armas de la ciudad.

Al exterior, estamos ante un construcción arquitectónica sobria llevada a cabo mediante cintas y rafas de ladrillo que se irán alternando con cajones de mampostería; como parte de una tradición mudéjar heredada, nos quedará el enmascaramiento de las cubiertas y de la cúpula del Presbiterio. Al interior, el gusto por la sobriedad decorativa sólo queda trastocado por las molduraciones de entablamentos y cornisas sobre las pilastras del crucero o las de reposo de las cubiertas, al igual que en el arco escarzano que sostiene el coro.

Tiene doble portada, siendo la latericia o frontera a la población, la más ornamentada, al lucir las armas de la Corona de España sobre l clave del arco de ingreso de la puerta. Dicha portada se organiza mediante arco de medio punto con ménsula en relieve en su clave, sostenido este por dos pilastras toscazas y entablamento clásico de donde nace el frontón partido que se rompe para acoger un tablero donde lucen las reales armas de la época del primero de los Borbones, recordando así que el edificio fue acogido al patronazgo regio, una de las mercedes que recibe Motril (esta en 1711) al haberse mostrado fiel a la causa borbónica durante la Guerra de Secesión. La segunda de estas es la que está los pies del Templo, siguiendo el mismo esquema compositivo pero sin remate heráldico. Habría que señalar una tercera, que da acceso al campanario y que ofrece un puerta rectangular enmarcada por pilastras que sostienen un entablamento sin decorar sobre el que campa el escudo real y remata en frontón partido y deprimido con un repisón en su centro en ademán de sostén de la ventana que sobre el conjunto se alza.

En 1696, el sacristán del Santuario demanda al Cabildo Municipal ayudas para la ampliación y mejoras del edificio. No es de extrañar que a partir de esta época, reciba el Santuario una dotación patrimonial y constructiva que lo remoce. Hay que inclinarse a pensar que a comienzos del siglo XVIII se ampliara tras el Altar Mayor con el habitáculo del Camarín, conformado por cuatro arcos de medio punto que articulan el espacio y cubierto cúpula semiesférica que descansa en pechinas. En el testero sur, se abre una ventana para la contemplación, desde las dependencias hoy parroquiales, de la Imagen.

Al fin, en el lado del Evangelio y a la cabeza de la Iglesia, se levanta el airoso campanario de cinco cuerpos de alzado e idéntica construcción que el resto de conjunto, decorándose mediante el enfoscado del ladrillo y los cajones de mampostería su aspecto. La irregularidad de los vanos que se abren en sus caras externas nos revelan en su penúltimo cuerpo un frontín partido. El último, aloja el cuerpo de campanas. En 1957 y siguientes se le añade un remate de dos cuerpos que acentúa su verticalidad y contrarresta su macizo aspecto. El chapitel octogonal del que arranca este añadido, luce un reloj. El siguiente, sigue las formas octogonales truncando las aristas del primero y en forma de lápiz, se corona con cruz de forja.

El 25 de julio de 1936, el Santuario fue incendiado reduciéndose a cenizas el patrimonio mueble y resultando afectadas cubiertas y sistemas de estructuración. El vandalismo republicano no pudo cobrarse su más preciado interés, acabar con Nuestra Señora, gracias a la diligente, salvífica y muy valiente actitud de don Enrique Olmedo, con quien Motril, los amantes del arte y por supuesto, los católicos, están en deuda con él. Lástima de pueblo olvidadizo.

Durante veinte años se llevó a cabo la restauración e integración litúrgica del Santuario, consagrado de nuevo el 17 de mayo de 1957 por el Arzobispo de Granada Rafael García y García de Castro, junto a los obispos de San Sebastián, Zamora y Oviedo; A primeros de marzo de ese año, regresó, tras 20 años de forzado exilio en la Parroquial de la Encarnación, la Virgen de la Cabeza.

En 1995, el arquitecto loca Ángel Gijón, interviene el conjunto, aquejado de humedades, filtraciones y otras secuencias del paso del tiempo, remozando el exterior y procurando un mayor decoro y resalte de los elementos (cornisones, entablamentos y otros) interiores, mediante un juego de tonalidades en blanco y albero.

1 comentario:

tonyor1912 dijo...

Interesantísimo relato del proceso cultural y religioso de este magnifico y emblemático templo del que Motril debe sentirse orgulloso. Si bien la descripción técnica del edificio usa un lenguaje ajustado a la terminología científica, no por eso deja de ser muy claro en términos generales. Felicito al autor del blog por mantener viva la memoria del pueblo sobre los orígenes y desarrollo de su cultura. Un visitante argentino que ama la cultura hispánica.