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sábado, 14 de agosto de 2010

El Manto Regio de Nuestra Señora de la Cabeza

Mucho se ha hablado del manto más costeado y conocido que tiene Nuestra Señora de la Cabeza, usado en las más extraordinarias ceremonias que Ella ha protagonizado, caso de su Coronación Canónica hace ahora 10 años. De este se ha especulado hasta la saciedad, pasando de ser un regalo de Isabel II, nunca documentado, a terminar considerándolo un regalo de una reina española de ascendencia portuguesa.

Esto sirve para desgranar las reinas hispanas nacidas en el país luso, además de las que han llevado por nombre Isabel, hasta el punto de quedarnos con una ficha de consortes que inaugura Isabel de Avis y Trastámara, esposa de Carlos I y por ende, emperatriz de 1526 a 1539. Esta fecha la descarta de inmediato, habida cuenta que el manto del que hablamos, tanto por su diseño, ejecución y técnicas, ha de fecharse de finales del siglo XVIII y con toda probabilidad, hasta la primera mitad del siglo XIX, centuria esta en la que la Sagrada Imagen se hace con la colección de mantos que hoy día exhibe, idea que nos hace pensar que hasta entonces, o bien no fueron habituales en el uso cultual, o estos no merecieron la pena conservarlos y que nos llegara a nuestros días. Con todo, y teniendo en cuenta casos análogos, sería hacia el segundo tercio del S.XVIII cuando las modas del barroco más exuberante revistieran a la Talla y ofrecieran el más cotidiano de los aspectos que hoy forma parte del colectivo devocional de la Patrona motrileña.

Lo cierto es que descartando esta monarca, la siguiente en la lista es Bárbara de Braganza, reina consorte por su matrimonio con el rey Fernando VI, de 1729 a 1758. Con todo, bien es cierto que la datación del manto casa con dificultad con el periodo reinante de la hija de Juan V de Portugal y esposa del tercero de los Borbones españoles, pues su hechura convendría retrasarla al periodo romántico, sino a un revival historicista decimonónico.

Cuesta inclinarse hacia la siguiente candidata de nuestra lista, siempre fieles a la oída tradición de la procedencia portuguesa de esta reina donante. Se trata de María Isabel de Braganza, reina que fue tras su matrimonio con Fernando VII, entre 1816 y 1817. Primero por lo escueto de su reinado; además, por su condición de reina que no dio heredero. Aún así, oímos lo que la tradición oral sostiene: el regalo se produce porque una motrileña que trabaja en la corte, intercede a su Patrona por la reina, y concedido el favor, esta dona la pieza de la que además sale la saya compañera y la túnica del Niño Dios.

Y ello nos lleva nuestra más firme candidata que es María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, reina consorte de 1788 a 1808, que si bien ni es portuguesa ni se llamó Isabel, tuvo una dama de compañía motrileña: María de la Cabeza Fonseca y Castro, que muere en diciembre de 1831 y que su nombre y su condición de dama de corte, hace buena la tradición oral, casa con este periodo la datación del manto (a caballo entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX) e incluso la justificación de por qué un reina se decide a donar un manto en señal de gratitud a la Virgen motrileña: pues al parecer, ante un riesgo de aborto, su dama motrileña pide por el feliz alumbramiento a su Patrona y tras resolverse todo, la Reina conmovida por su salvífica intervención, realiza el conocido regalo.

Porque si ha habido una reina con más embarazos y abortos en España, esa es María Luisa de Parma. Tuvo, entre 1771 y 1794, 24 embarazos de los que tristemente, 10, se resolvieron en abortos espontáneos. Era notorio el ostensible deterioro físico que sufrió a consecuencia de los múltiples partos; como quiera que el primer varón nacido, Carlos Clemente (1771-1774), muere pronto, habría que descartarlo como protagonista de la donación, al punto que parece lógico señalar a los hijos que logran sobrevivir y que saber, son:

La reina de Etruria, María Luisa de Borbón, (1782-1824).

El Rey de España, Fernando VII (1784-1833) [considero muy notorio el milagro tratándose del luego Rey, como para que no hubiere trascendido].

El luego pretendiente carlista, Carlos María (1788-1855).

La Reina de las Dos Sicilias, María Isabel de Borbón (1789-1848).

Y al fin, el duque de Cádiz, Francisco Antonio de Borbón (1794-1865).

Mas conociendo la perseguida idea de perpetuación de la dinastía que siempre han tenido los monarcas, el hijo por el que suspiraría la Reina (ambiciosa, todo ha de decirse) hubo de nacer antes de Fernando VII, en torno a 1780, cuando perfectamente, podríamos datar el soberbio manto de la Reina de Motril. ¿Quizás hablemos del agradecimiento por el buen parto de Carlota Joaquina de Borbón (1775-1830) reina de Portugal y emperatriz honoraria de Brasil, y esa filiación lusa ha dado lugar a la confusión?

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