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domingo, 25 de julio de 2010

Santiago

Las grandes gestas tienen su momento oportuno; las que además se hacen desde el amor y son fruto de la reflexión, de la verdad, más si cabe. Treinta y cuatro años separan a uno y a otro, y desde hace dos meses, un mismo camino que recorrer, idénticos escenarios, probablemente, unos pasos tras otros (o así lo espero).

65 centímetros y un apellido al que hacer honor. Tal vez no siempre a gusto de todos, pero sí al de los que lo conocen. Al que se lleva 34 años con el primero, le esperan universos químicos y otros muchos teológicos, artísticos y cofrades. Lucirá túnicas de color blanco y sabrá poner a Vergeles en el mapa. Aunque en las coordenadas de su vida, la geografía le diga que fue fruto de Tierra Santa, ahí es nada.

Por donde quieran los tiempos llevarlo importará menos que saber que el suyo, será un hogar recto, comprometido y amigable. De ello se encargará el que le lleva 34 años. O su padrino; y seguro que descontará horas mientras las ocupa en juegos con Martín, aguardando la tarde de un Domingo de Vida y de Triunfo. Si la genética hace sus deberes, no sabrá jamás qué es un palio, pero a cambio recordará todo un repertorio clásico con sabor a Arahal del que podrá darle buena cuenta el que le lleva 34 años.

Y así las cosas, con un apellido al que hacer honor todos y cada uno de los días de su vida, con un nombre que es en sí, resumen prosaico de la España que ama y juiciosamente defiende el que le presta nombre y apellido y sabiendo de tierras manchegas pero con los pellizcos candentes de una Granada suya, seguirá la herencia bendita y sobria de los suyos.

Hoy vivirá el día de su primera celebración, casi a renglón de otra que hace dos meses, de nuevo él que como protagonista, hizo a muchos, más felices.

Felicidades, de veras, a los “Bueno”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias David, por la entrada y por los elogios, inmerecidos para el mayor y que para el pequeño todos son poco (¡qué va a decir el padre!).

De casta le viene al galgo, y algo también haría la madre que, aunque menos cofrade, no es ajena pues su familia (que viene de tierras hispalenses) tiene genealogía cofrade. De pequeño espero que vaya en el corralito y, sobre todo, ayude en Misa como monaguillo, y antes de Arahal, fajas y costales, aprenda lo que es el hábito y el silencio anónimo del hermano, única pieza indispensable en la Cofradía.
En el mapa sabrá delimitar, perfectamente, Lanzada en Martes Santo. Miércoles Santo compartido con su familia sevillana. Viernes Santo, cuando acompañe al Caído por tres veces al Calvario de Piedra de la Glorieta, en el Padul, donde su bisabuelo estuvo, mientras vivió y donde su padre, de pequeño, dió los primeros pasos como cofrade. Y, como no, Domingo de Resurrección y Triunfo en el Zaidín. Porque si subdividimos el barrio, parecemos nuestra "triste" (por lo político) España. Y lo identificará bien, pues sus padres se casaron allí y el fue acogido en la Iglesia en la misma Parroquia un día del Corpus (¿habrá algo más granaino?). Tras su bautizo fue consagrado a Santa María del Triunfo, suspendido en los brazos del Rvdo. P. D. Javier Sabio (casi ná, hermano) y esperemos, que a los pies de ese Altar siga creciendo, con salud, en la fe y que consigamos su madre y yo que sea un hombre bueno, como diría Machado.
Seguro que Pepe de Antonia lo vuelve a coger en brazos y, con Martín (y Diego), se nos escapa para jugar en los bajos de la Parroquia. Con Arancha, primera de misterio para cuando entre la mujer, aprenderá a no tenerle miedo a los romanos. hará caso a Paniza cuando ponga orden y escuchará las historias de tantos que por allí estamos de cómo eran las cosas en el pasado; de su padrino Salva, tuyas, de Mori, de Chico, de Javi (el monaguillo)... incluso algún infiltrado del Realejo que esperemos que esté al frente del martillo muchos años (¿para igualar bien está visto que no se puede ser guapo?)

Como malicia final, y confidencia, lo duermo en los brazos dándole golpecitos imitando el tambor de El Silencio y no te creas que, cuando se puede (y su madre me deja), se duerme a los sones de Virgen del Valle... porque uno debajo de un paso debe ir donde mande la estatura, pero ¿cómo puede alguien querer a la Madre y despreciar al Hijo? Más cuando Ella dijo eso de haced lo que Él os diga...

Una reflexión final: un profesor de Teología me dijo que una analogía del amor de Dios al hombre era la experiencia de paternidad, y que ésta segunda quedaba corta. Te digo que si fuera la mitad de lo que se siente, ya hay suficiente para confiar en Él.

Un abrazo, gracias por felicitarnos y ya sabes, estaremos la primera quincena, D.m., en Velilla, para hablar de cofradías, de la vida y de lo que se tercie.