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viernes, 2 de julio de 2010

Holanda. 1er Día

Holanda es lo mismo que decir, Países Bajos. Y el nombre le viene pintado, que la casi totalidad de su superficie, o está al nivel del mar, o incluso por debajo de este, de modo que con una extensión doce veces menor que España y diecisiete millones de habitantes, aquello es una tierra ganada al mar, mediante siglos de labores de ingeniería en base a diques de contención y canales con los que contener agua, agua y más agua...

Romanizada por espacio de casi cinco siglos, luego en mano de bárbaros (frisios o francos) y al fin, como provincia del Imperio de Carlomagno, caen en manos de los vikingos durante 120 años (del 800 al 920) hasta que son anexionados por el Sacro Imperio Germánico, que procedía de la actual Alemania. Fue la Edad Media holandesa complicada, mitad de su territorio bajo control alemán y con otra mitad en una lucha capitaneada por la nobleza holandesa de la que es heredera la actual monarquía. Los que después sucedieron al desintegrado Sacro Imperio, los Habsburgo, controlarán el país que como tantas otras lotes territoriales, son heredadas por Carlos, el emperador Hispano. Es así como en el siglo XVI los Países Bajos son parte del Imperio Español, que a partir de 1568 empieza a notar las dificultades de control del territorio, especialmente por la siempre tenaz intención independentista del duque de Holanda, que terminará convirtiéndose en rey, siendo el primero Guillermo de Orange, fundador de la dinastía, así como por la controversia entre católicos y protestantes.

Durante 80 años, los españoles guerrearon por el control de esta zona, de Flandes (norte de la actual Bélgica) y centro Europa, perdiendo el control en 1648. Desde entonces, Holanda, conformada por 7 provincias, adquiere su independencia, que peligró por las campañas Napoleónicas. Fue el siglo XVII el de los holandeses, una época dorada donde consiguieron expandirse a costa de portugueses, por Brasil, Angola, Indonesia, Sri Lanka... Principalísimos comerciantes, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales fue uno de los instrumentos de navegación más sólido y rentable, con no pocas disputas y abordajes a las flotas comerciales de España.

Hoy día, Holanda es uno de los países más ricos y con mayor índice de bienestar del mundo. Allí nacieron Erasmo de Rótterdam, Rembrandt, Vermeer, Frans Hals, van Gogh, Piet Mondrian... Es el país de los quesos, la mantequilla, las flores (con el tulipán como emblema patrio) de la conciencia medioambiental por el uso de la bicicleta. Son popularísimos sus molinos de viento, su capital, Ámsterdam, es la cuna de la tolerancia social y se rige por una monarquía que gobierna un país donde la cultura es protegida hasta límites insospechados y cuyo sistema educativo es uno de los más eficaces.

Holanda, o Países Bajos, que tanto monta, en su norteña ubicación de la plataforma continental europea, es una nación que a pesar de todo, tiene una mayoría católica sobre la protestante, que sigue contando con fricción a sus niños que si no son buenos vendrá el Gran Duque de Alba a por ellos, y que ha tenido una de las mejores escuelas pictóricas de la historia del arte universal y una típica forma de construcción. Así que 370 años después, algo de España se cuela en lo que un día fue nuestro. Que Dios nos coja confesados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermano,

La Catolicidad de los Países Bajos, tras el Concilio Vaticano II y las libres interpretaciones del mismo en términos de ruptura con la Tradición y Magisterio, y no con la hermenéutica de la continuidad que acertadamente propone uno de los grandes teólogos del último siglo (nuestro actual Benedicto XVI), es muy relativa; muy bajo índice en la recepción de Sacramentos (Bautismo), bajísima praxis religiosa (asistencia misas dominicales)... fruto de grandes errores y desviaciones doctrinales, amparadas por "teólogos" "progresistas" (o contestatarios) que han visto sus sueños desaparecer, junto con la fe de su pueblo.
Están sustituyendo a los Arzobispos al frente de distintas diócesis de aquellas tierras, pero para intentar reconstruir lo perdido, que ya no es tarea fácil.

Un abrazo, Santi.