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lunes, 5 de julio de 2010

Ámsterdam (4º día)

Dicen que es una de las diez ciudades más ricas del mundo, y en Europa, destaca sobremanera. Está plagada de flores, de referencias a su ilustre pasado marinero: el Museo Marítimo, la Casa del Mar (sede de las compañías navieras del siglo de oro holandés) o las estatuas a sus ilustres hijos y vecinos (Rembrandt, Descartes, Ana Frank...)

El distrito de Wallen (Barrio Rojo) está absolutamente idealizado. Claro que pulula la prostitución, pero es un barrio antiguo, añejo, con señoras mayores sacando a sus perros y con niños jugando en alguna de sus calles. Es un barrio dedicado a lo que todos saben, pero donde da la impresión que el comercio es la moneda de cambio. Lleno de restaurantes, cafés, locales de ocio, o el “Rincón español”. Que no seré yo el que me tome una tortilla de patatas cuando vengo de donde la creamos; género tonto, me parece, comer lo propio en lugar extraño.

La cosa está clara: parques, jardines, canales, el río Amstel, exposiciones contemporáneas callejeras, muy buenos museos, grandes construcciones barrocas muy peculiares... Y referencias a la resistencia holandesa ante los españoles, un periodo histórico al que no tienen gran apego y del que no guardan buen recuerdo... Y digo yo: que hubieran escogido muerte en vez de susto. Lástima de prestigio histórico tirado a la borda.

1 comentario:

J. Carlos Medina dijo...

Pepeeee vente pa España. Que muchos canales pero seguro que no ponen en los bares las tapas que nos ponen en la cofradiera.

Un abrazo para ti y para tu señora madre esperando que el viaje esté mereciendo la pena pero veniros pronto que como Graná no hay ná.