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domingo, 4 de julio de 2010

Ámsterdam (3er día)

La Casa de Ana Frank, el Palacio Real, la animación que tiene el Río Amstel, el distrito de Wallen, conocido como el barrio rojo o chino... Es fácil moverse por esta ciudad, porque su casco histórico es relativamente pequeño y los trasportes rápidos y eficaces. Tal vez, sortear bicicletas es más complicado, pero como hasta se mueven mediante hidropedales por los canales, nada parece estar saturado.

El Rijksmuseum es sencillamente el mejor escaparate de pintura holandesa de los siglos XVI al XVIII del mundo, con 19 obras maestras del genial Rembrandt. Le hace la competencia nada menos que una sede del Hermitage de San Petesburgo. O el museo van Gogh, con “Los girasoles” y “La casa amarilla”, además de otras 200 pinturas de este genio y toda su correspondencia.

Se cuentan por decenas las iglesias renacentistas o neorrenacentistas, vacías, simples, protestantes y casi sin actividad religiosa, pero sí toda una compleja programación de conciertos en su interior. Holanda es bastante laica en este aspecto.

El Herengracht es un canal de dos kilómetros y medio. Allí están las fotos típicas. Y tanto. A lado y lado, 400 casas del siglo XVII que resumen a la perfección la arquitectura barroca holandesa. Porque aquí caro es hasta respirar. Y no se confundan; las advertencias acerca de las drogas es abismal. Nada de consumo en la calle. De la liberalidad a la permisividad hay un abismo. Eso sí, estamos en una ciudad de flores, culta y marina, muy marina.

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